Vargas deja otro verano caótico en El Prat

El presidente de Aena, José Manuel Vargas. EFE/Archivo

Vargas deja otro verano caótico en El Prat

El aumento de pasajeros del aeropuerto de Barcelona no llega acompañado de los recursos necesarios

En anteriores veranos logró escurrir el bulto y desviar la atención, casi siempre hacia un mismo objetivo: Vueling. Los problemas operativos de la aerolínea sirvieron a Aena para disimular sus carencias, especialmente en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat. En 2017, el dedo acusador ha virado hacia el gestor aeroportuario, que acumula huelgas y conflictos con las subcontratas.

La temporada alta barcelonesa suma colas en el control de pasaportes, el control de seguridad y distintas protestas entre los portadores de carritos y el servicio de restauración. Un clima que se extiende por otros aeródromos de la red española pero que tiene su máximo exponente en las pistas catalanas.

Por ello, varias voces ya señalan a José Manuel Vargas, presidente de la cotizada, como responsable del caos actual. El PSOE ataca directamente al ejecutivo, al que acusa de “pensar en intereses distintos a los que deberían ser la prioridad en la presidencia de una compañía pública”. "Vamos a exigir al gobierno que deje de intentar ganar competitividad y beneficio a costa de una mayor esfuerzo y peores condiciones laborales", añade.

Y es que si el volumen de pasajeros de Aena crece un 9% en 2017 hasta máximos históricos (113,3 millones de personas hasta junio), la plantilla camina en dirección contraria. De las 11.440 personas de 2013 se ha pasado a los 7.297. No sólo eso: la compañía también se enfrentó a las aerolíneas con tal de atornillarlas y no rebajar los impuestos percibidos.

Aprobado en enero, el Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA) fija una rebaja de tasas aeroportuarias progresiva del 11% hasta 2021. La cifra llega tras un duro enfrentamiento con la patronal de aerolíneas y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), pues el plan inicial del Ministerio de Fomento era congelará el impuesto aplicado a las operadoras durante el próximo lustro.

Y es que como ya explico Cerodosbé, la prioridad de José Manuel Vargas dista de ser los pasajeros. Si bien Aena es, todavía, una empresa pública, el directivo tiene claro a quien se debe: a sus accionistas, que celebran una revalorización del precio de la acción del 186% en dos años y unos dividendos de 1.000 millones de euros.

Los fondos de inversión que componen el accionariado del gestor aeroportuario han encontrado en la alta dirección un aliado inesperado para la privatización total de la empresa. TCI Fund (15,7%), HSBC (5,2%), Deutsche Bank (4,3%), Talos Capital (3%) y BlackRock (2,9%) abogan por la desaparición del capital público para lanzarse a la internacionalización de la compañía. “Con la intervención del Estado, es muy difícil que otro país ceda una instalación estratégica como es un aeropuerto a Aena”, explican fuentes del sector.

Mientras, Vargas y los ejecutivos de nivel vislumbran en la privatización la posibilidad de olvidarse de los salarios públicos que perciben y equipararse con los sueldos de las grandes firmas del Ibex 35. Mientras piensan en sus accionistas y en ellos mismos, han olvidado a los pasajeros, la misión principal de un monopolio (todavía) público.