Valencia se juega su futuro al apostar por el turismo 'low cost'

Valencia se juega su futuro al apostar por el turismo 'low cost'

Pese al aumento de las visitas y las pernoctaciones, los profesionales creen que este verano ha sido peor que 2012

Javier Cavanilles

Valencia

16/09/2013 - 20:51h

Dos turistas en la plaza de la Vírgen, en Valencia.
Por paradójico que pueda parecer, si el turismo sigue aumentando en la provincia de Valencia podría acabar por hundir uno de los pulmones económicos de su economía. Según el presidente de la Unión Hotelera de la Provincia de Valencia, Luís Martí, el modelo es propio de un “país emergente”: apostar por el número de visitantes a base de promociones low cost y olvidar a los sectores de mayor poder adquisitivo que optan por la calidad.

Los datos de la campaña 2013 son, como mínimo, llamativos. En julio, las pernoctaciones de extranjeros fueron de 2,17 millones, lo que supone un 8,41 % más que el año anterior. Este aumento ha compensado, incluso, la caída de visitantes nacionales (- 2,77%, menos que la media nacional de – 2,82%).

Hay más datos positivos: el gasto total de los turistas extranjeros aumentó el 1,4%, la ocupación hotelera en Valencia un 3%... Pero según Manuel Espinar, presidente de la Federación de Hostelería de la Provincia de Valencia (FEHV), los datos no cuadran.

Mucho peor que en 2012

Aunque las cifras no parecen malas, la situación del sector es crítica. Así lo demuestra una encuesta de la Federación de Hosteleros de la Provincia de Valencia, que señala que el 56% de los profesionales creía que julio de 2013 fue “peor” o “mucho peor” que hace un año. El 46% consideraba lo mismo respecto al mes de agosto.

El motivo es sencillo de entender: la actividad económica de la hostelería ha caído un 2,88% y un 2,42% con respecto a julio y agosto del año anterior. El crecimiento del 1,4% del gasto del turista extranjero se queda en nada comparado con Andalucía (8,9%), o Cataluña (8,5%).

A precios de 2006

Según explicó Martí, “la rentabilidad empresarial se está viendo muy repercutida por la contención de precios”. Es estos momentos, alquilar una habitación en un hotel valenciano cuesta de media 60 euros la noche, lo mismo que en 2006.

El problema, y en eso coinciden Luis Martí y Manuel Espinar, es que la provincia de Valencia ha apostado por mantener la calidad y rebajar los precios: se está dando más por menos y el gasto lo está asumiendo el empresario. “Así no se puede seguir”, señala Espinar.

Llegan más turistas pero gastan menos y eso que los visitantes que más aumentan son los de Rusia o Japón, del alto poder adquisitivo. El 60% del mercado son clientes extranjeros, pero no gastan lo suficiente.

Gasto medio

El ticket medio en julio fue de 21,8 euros en julio para el turista nacional y 24,2 para el extranjero; en agosto, las cifras fueron de 21,3 y 23 euros respectivamente. Todos estos indicadores han bajado en un año.

Según Espinar, “se observa una tendencia a favor del menú cerrado frente a la carta”. En otras palabras, un turista de bajo nivel adquisitivo que obliga reducir al máximo los márgenes comerciales y que desaparecerá en cuanto se intente corregir esta anomalía. Y lo peor, es un tipo de cliente que no genera empleo.

Agencias de viaje

De la debacle no se salvan ni las agencias de viajes. Según Teresa Altarejos, presidenta de la Unión de Agencias la Comunidad Valenciana (UACV), las ‘emisoras’ “han visto un repunte en el número de pasajeros, pero una disminución en cuanto al precio y la rentabilidad”. Las ‘receptivas’, en cambio, sí se han beneficiado del crecimiento que ha supuesto la llegada de más turistas extranjeros.

Para los representantes del turismo en Valencia, el problema es fácil de identificar: Valencia intenta mantenerse en el mercado a base de precios bajos y calidad alta, una apuesta que es imposible de mantener a largo plazo.

“El futuro pasa por rentabilizar el sector a través de una apuesta clara por la calidad: la cultura, la gastronomía…”, explica Espinar, como han hecho en otras autonomías. “El número de turistas es un dato muy engañoso y basarse en la cantidad es hacer una política de país emergente”, concluye.