¿Cómo se enfrenta Madrid al fenómeno Airbnb?

Un grupo de turistas en la Puerta del Sol. | EFE

¿Cómo se enfrenta Madrid al fenómeno Airbnb?

La Comunidad plantea la creación de la figura del anfitrión no profesional, ya en vigor en ciudades como Londres y Ámsterdam

Carles Huguet

BARCELONA

08/02/2017 - 06:00h

Madrid es, por el momento, un territorio sin ley para los pisos turísticos. Desde que en mayo el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) anuló el apartado del decreto 79/2014 que regulaba el sector, la Comunidad y compañías como Airbnb conversan para encauzar los alojamientos dentro de un paraguas normativo. “Todavía estamos en una fase inicial”, apuntan oficialmente desde la administración.

Sin embargo, voces implicadas directamente en la negociación explican que las reuniones caminan hacia la creación de la figura del anfitrión no profesional que ya reconocen ciudades como Ámsterdam, Londres y varios territorios de Italia. “Es pronto para desvelar cuáles van a ser los requisitos para considerarse amateur o profesional”, reconocen.

Al estar todavía en pañales, los portavoces autonómicos no ponen plazos para la obtención de un acuerdo que concedería a la empresa estadounidense una de sus grandes demandas: la diferenciación entre los dos tipos de anfitriones que se anuncian en la plataforma.

La comunidad presidida por Cristina Cifuentes (PP) seguiría así la estela de los territorios europeos que ya han firmado acuerdos con Airbnb. En la ciudad holandesa, el alquiler entre particulares está limitado a 60 días al año. En la capital británica, por el contrario, a 90 jornadas cada 12 meses. En Italia, el criterio de distinción obedece al número de propiedades que posee cada persona.

El diálogo se produce mientras el Ayuntamiento de Madrid ha elevado el tono contra la compañía de alquileres. En agosto, el consistorio abrió expediente a 153 alojamientos y en enero, el concejal del distrito Centro, Jorge García Castaño, advirtió de que estudiaba multar las viviendas de uso residencial que funcionarán como pisos turísticos.

“Estamos muy preocupados por el fenómeno de las viviendas vacacionales”, explicaba a Efe. “Debemos señalar un criterio que establezca cuando un piso es residencial y cuándo se convierte en una plaza hotelera”, añadía. Su propuesta también seguía las directrices de las grandes capitales europeas: “hay que regular un máximo de días al año en los cuales se pueda alquilar una casa”.

De este modo, la región volverá a ampararse bajo un reglamento nueve meses después. El año pasado, la Asociación Madrid Aloja recurrió el anterior texto debido a que obligaba a los pisos turísticos a una estancia mínima de cinco noches. Una medida que ya habita tomado la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) al considerar que creaba “un obstáculo a la competencia efectiva en los mercados”. El TSJM atendió las quejas y suspendió el decreto.

Dar cabida a un fenómeno como Airbnb no es una preocupación exclusiva de Madrid. En Cataluña, la posición de la Generalitat no contempla la figura del alquiler no profesional. Según explicaba hace una semana el director general de Turismo, Octavi Bono, la única petición formulada a la plataforma era la de anunciar únicamente pisos con licencia.

“Si dicen que la norma es para profesionales no lo acabo de entender, obtener un permiso –salvo en Barcelona, donde el grifo está prácticamente cerrado— ​es más fácil que cambiar un dato del recibo de la luz”, comparaba en una entrevista a Cerodosbé.