Así es el lujo en los hoteles iglú de los Alpes suizos

La nieve y el hielo funcionan como aislantes contra el frío; la temperatura no baja de 0º en los iglús. Foto Iglu-Dorf.

Así es el lujo en los hoteles iglú de los Alpes suizos

Sin ventanas, sin calefacción y sin baño, y todo por un precio de hotel de cinco estrellas, superando los 450 euros la noche. Y aun así causan furor

Mar Nuevo

Madrid

22/01/2019 - 13:49h

A 2.000 metros de altura, bajo picos nevados y con vistas a algunas de las estaciones de esquí más deseadas de los Alpes, los hoteles iglú emergen como opción premium de alojamiento, con precios que igualan a los establecimientos más exclusivos. Sin ventanas, calefacción o baño, ¿por qué pagar 450 euros por alojarse en una habitación de hielo?

Que estén fabricados con bloques de hielo y nieve no les resta ni un ápice de exclusividad: saunas, jacuzzis privados, una exquisita gastronomía, arte y una ubicación idílica son algunos de sus atractivos.

Igloo Village es uno de los mayores exponentes de esta tendencia, que arrastra cada año a miles de personas a sus cinco complejos de iglús ubicados en algunas de las estaciones más exclusivas de los Alpes como Zermatt o Davos

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Lujo efímero

Igloo Village Iglu-Dorf es uno de los mayores exponentes de esta tendencia, que arrastra cada año por unos pocos meses a miles de personas a Suiza, Alemania o Austria en sus cinco complejos de iglús ubicados en algunas de las estaciones más exclusivas como Zermatt o Davos.

 

De hecho, la proximidad a los mejores resorts de esquí del continente es una de sus ventajas frente a otros hoteles de hielo que se construyen, por ejemplo, en Escandinavia.

Su caducidad es otro de los reclamos. Cada año, durante el otoño, se apilan grandes cantidades de nieve sobre globos para crear la estructura básica de los iglús. Después los globos se desinflan y los trabajadores acceden con palas, motosierras y herramientas para dar forma a las habitaciones y tallar los muebles, como camas y bancos.

Iglús en los Alpes

Cada año se invierten 3.000 horas de trabajo solo en la construcción. Los iglús se conectan por un sistema de túneles para evitar –en lo posible- salir al exterior. En el interior se logra una temperatura constante de entre 0 y -2º gracias al aislamiento que ofrece la nieve.

Cada año se invierten 3.000 horas de trabajo solo en la construcción de los iglús de Igloo Village

Después llega el turno de los artistas, que esculpen esculturas de hielo que decoran las estancias; en el caso de Igloo Village, cada uno de los hoteles está tematizado de forma diferente, desde la antigua Roma hasta James Bond, pasando por la mitología nórdica o las criaturas marinas.

Jacuzzi privado en uno de los iglús de Igloo Village.
Jacuzzi privado en uno de los iglús de Igloo Village. Foto Iglu-Dorf.

Por ejemplo, en el hotel Gstaad, se ofrece un total de 11 iglús con capacidad para hasta 40 huéspedes, tres de ellos con baños privados y su propio jacuzzi, donde tomar un baño burbujeante bajo el cielo estrellado.

En las habitaciones, iluminadas con luces LED para suplir la falta de ventanas, nos esperan camas talladas en hielo y rematadas con pieles, fundas acolchadas y sacos de dormir adaptados a temperaturas extremas, además de confortables almohadas.

El termómetro, a una temperatura constante de 0º, aunque fuera descienda a más de 20 bajo cero.

El restaurante sirve diariamente la cena donde destaca como especialidad la fondue de queso, mientras que en el bar se puede degustar un cóctel en un vaso tallado en hielo

Una noche bajo cero

El restaurante sirve diariamente la cena donde destaca como especialidad la fondue de queso, mientras que en el bar se puede degustar un cóctel en un vaso tallado en hielo. El desayuno, después de una noche bajo la nieve y el hielo, se sirve (y se agradece) en un restaurante de montaña a unos cientos de metros de distancia.

Iglu dorf suite
El arte, en forma de esculturas en hielo y nieve, está presente en todos los complejos. Foto Iglu-Dorf.

Aunque no escasean las comodidades, lo cierto es que la mayor parte de los clientes pasa una noche en el iglú y luego se decanta por el calor de las chimeneas y la suavidad de los edredones de plumas de los establecimientos del fondo del valle.

Y es que, a menos que se opte por la suite con baño, una visita nocturna al lavabo implica salir del saco de dormir, enfundarse en el traje de nieve, calzarse las botas y desplazarse por un pasillo de hielo, lo que no es precisamente la experiencia más confortable.

Además del de Gstaad, Iglu-Dorf cuenta con aldeas de iglús en Davos y Zermatt (Suiza), en Küthai (Austria) y en Zugspitze (Alemania).