Barcelona lidera la resistencia contra Airbnb, Uber y Glovo

Campaña del Ayuntamiento de Barcelona contra los alquileres ilegales que se promociona por plataformas de economía colaborativa.

Barcelona lidera la resistencia contra Airbnb, Uber y Glovo

En la cumbre Sharing Cities 42 metrópolis exigen que las plataformas respeten las leyes locales y sean más transparentes en su fiscalidad

Los representantes de 42 grandes ciudades del mundo firmaron la declaración de la cumbre Sharing Cities 2018, una jornada de debate sobre los alcances de la economía colaborativa. En este documento exigieron que las plataformas digitales respeten las leyes locales, que tengan más transparencia en el manejo de datos personales y que garanticen los derechos laborales de sus trabajadores.

Barcelona pretende erigirse como la avanzada de la resistencia ante las plataformas como Airbnb, Uber, Glovo, Cabify y Deliveroo. El Ayuntamiento y la Universitat Oberta de Catalunya organizaron este encuentro al que también asistieron autoridades de Nueva York, París, Milán, Ámsterdam, Seúl, Madrid y Sao Paulo, entre otras metrópolis.

Herramienta de presión de las ciudades

La capital catalana acogerá una oficina de esta alianza de ciudades para diseñar estrategias y mantener en contacto a las administraciones locales. El objetivo, además de tener un marco común para regular la actividad de las plataformas, es servir como herramienta de presión ante los gobiernos estatales o frente a organizaciones como la Comisión Europea.

Uno de los reclamos más habituales de las ciudades con un alto movimiento turístico es que plataformas como Airbnb alteran, indirectamente, el mercado inmobiliario por la expansión de los pisos turísticos, lo que promueve la gentrificación de algunos barrios y la imposibilidad de muchos vecinos de asumir los aumentos en los alquileres de las propiedades.

Según Pisarello la alianza de ciudades es un “sindicalismo municipalista” ante el alcance de las grandes plataformas

Como definió el teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, la idea es promover “un sindicalismo municipalista en defensa de la economía colaborativa”.

Plataformas buenas y de las otras

La declaración diferencia –sin dar nombres- entre las plataformas que promueven una economía de intercambio de bienes y servicios más participativa de aquellas que, aunque hayan nacido con esta intención, se convirtieron en gigantes tecnológicos que terminan gravitando en la oferta y demanda del alojamiento, la movilidad o el reparto de comida.

El frente de las ciudades reclaman que las plataformas cumplan con el marco legal y con las normativas fiscales, un punto en el que tecnológicas como Airbnb y Homeaway han chocado en numerosas oportunidades con la Agencia Tributaria.

Las ciudades exigen que las grandes plataformas respeten los derechos laborales de los trabajadores

También exigen que las plataformas tengan un modelo laboral de contratación y retribución “que sean justos” y eviten las situaciones de explotación laboral, un tiro por elevación ante las precarias condiciones laborales de los choferes de Uber y Cabify o los ciclistas que trabajan para Deliveroo, Uber Eats o Glovo.

El delicado equilibrio de las regulaciones

La necesidad de regular la actividad de estas plataformas puede ser un arma de doble filo, como describió el primer teniente de alcalde de Ámsterdam, Udo Kock.

El político holandés dijo que las plataformas serán bienvenidas si su actividad beneficia a los ciudadanos, pero que su gestión necesita un balance: “si regulas mucho no hay innovación, pero si no regulas puede ser muy perjudicial”.