Todo lo que sabemos del hotel de chocolate de los hermanos Roca

Cacao Hotel está coronado por una terraza con vistas sobre Girona. Imagen Render4TomorrowStudio

Todo lo que sabemos del hotel de chocolate de los hermanos Roca

El Celler de Can Roca se expande con un coqueto hotel boutique en Girona que homenajea al cacao

Mar Nuevo

Madrid

18/02/2020 - 11:54h

A veces, los sueños se cumplen. El proyecto largamente acariciado por Jordi Roca, el menor de los hermanos tras el triestrellado Celler de Can Roca y considerado uno de los mejores maestros pasteleros del mundo, es ya una realidad: su propia fábrica de chocolate.

Todo un edificio en el número 23 de la Plaza Cataluña en Girona dedicado al cacao y que incluye el obrador de Jordi Roca, una tienda, una chocolatería y un hotel boutique en las plantas superiores. Un establecimiento exquisito, en el sentido literal de la palabra.

Todo el edificio, de cinco plantas y propiedad de los hermanos Roca desde 2016, se dedicará al proyecto, que incluye obrador, chocolatería y hotel

[Para leer más: Este es el nuevo pecado dulce que va a arrasar en Madrid]

Casa Cacao

A falta de los últimos detalles para celebrar su inauguración completa, la fábrica de chocolate se adelantó para abrir sus puertas el pasado fin de semana. Visible desde la calle, el obrador ofrece la posibilidad de seguir el todo el proceso que va desde el grano de cacao al chocolate.

El edificio, en el centro de Girona, fue sede de una fábrica de papel.

El edificio, en el centro de Girona, fue sede de una fábrica de papel. Imagen: Casa Cacao.

Para desarrollar este proyecto, su sueño, Jordi Roca estudió junto al maestro Damian Allsop las diferentes variedades de chocolate y sus fermentaciones y trabajó con el equipo de investigación del Celler para probar fórmulas empleadas con los mejores cacaos.

También viajó alrededor del mundo visitando comunidades en Perú, Venezuela, Colombia o Ecuador, conocer de primera mano sus plantaciones, procesos de fermentación y secado de las habas de cacao y encontrarse con indígenas como los aguaruna o los awajún, que le transmitieron sus métodos ancestrales.

El obrador queda a la vista desde la calle gracias a unas amplias cristaleras, que permiten vislumbrar el proceso de transformación del chocolate

Los mejores cacaos

Fruto de esa relación, el compromiso de Casa Cacao: comprar directamente a los productores -siguiendo la estela del movimiento ‘Bean to bar’- y así asegurar, según explica el menor de los Roca, “un precio justo por la mejor calidad”.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Los sentidos de quienes nos visiten se verán sorprendidos y descubrirán cosas nuevas sobe esta maravillosa materia prima que puede transformar, ya sea vigorizando o relajando, el estado de ánimo de quien la toma”, subraya.

El hotel que huele a cacao

Además de comprobar cómo se elabora, en la tienda se pueden adquirir todas sus exquisiteces (que se sirven empaquetadas con materiales procedentes del reciclado de las fibras del cacao), o bien degustarlas in situ en la chocolatería, que cuenta con detalles como los grifos que expenden el chocolate creados ex profeso por Andreu Carulla, el diseñador industrial que lleva una década trabajando con Jordi Roca.

Para redondear una experiencia con el chocolate con el hilo conductor, lo mejor es alojarse en una de las 15 habitaciones del hotel, en el mismo edificio, de 5 plantas, que se asoma al río Onyar y en cuya fachada se conserva el cartel de La Gerundense, la fábrica de papel que lo ocupó.

Con un interiorismo a cargo de Sandra Tarruella Interioristas, como el resto del conjunto, y dirigido por Anna Payet, vinculada a El Celler de Can Roca desde sus inicios, el hotel se entiende como “una prolongación de la hospitalidad y el modo de servir del propio El Celler de Can Roca, con lo que cerraremos un círculo”, señala Payet.

Casa Cacao

La chocolatería tiene entrada independiente al hotel boutique. Imagen: Casa Cacao.

“No pretendemos otra cosa que nuestros huéspedes, sean o no clientes del restaurante, se sientan como en casa”. Para ello ofrecen habitaciones cálidas, amplias y confortables, con textiles y mobiliario diseñados a medida y de manera artesanal, cuidando hasta el último detalle.

Corona el edificio una terraza que será de uso exclusivo para los clientes alojados y donde se podrá disfrutar del desayuno y de todos los caprichos dulces del obrador.

Pedagogía chocolatera

Según Roca, el objetivo del proyecto (además de hacernos morir de placer, entendemos) es hacer pedagogía: “no sólo de la belleza de este producto y sus transformaciones, sino también sobre la amplia gama de sabores de los granos de cacao que hemos conocido”.

Y es que, además de dulce o amargo, el chocolate puede ser ácido o afrutado y tener otros mil acentos “con los que jugaremos”. Así, añade, “puede incluso tener un color claro como el del chocolate con leche, aún en su formato con un 80% de cacao, si utilizamos una variedad de cacao blanco”.

Jordi Roca en la presentación de la impresora 3D de chocolate. Foto EFE.

Jordi Roca en la presentación de la impresora 3D de chocolate. Foto: David Borrat | EFE.

Con esta novedad, Cataluña se convierte con esta inauguración en un referente mundial en el ámbito del chocolate con la presencia a pocos kilómetros de Casa Cacao de la Academia de la firma Barry Callebaut, que forma en este sector a profesionales de la gastronomía.

Imprimir chocolate en 3D

El mismo Jordi Roca ha sido además el diseñador creativo escogido por esta compañía suiza para sacar al mercado la primera impresora en tres dimensiones capaz de trabajar con chocolate de modo industrial.

‘Flor de cacao’, un postre de autor en el que un grano de cacao confeccionado con chocolate se abre como una flor al contacto con el calor fue la carta de presentación de este proyecto, que se presentó en el restaurante Mas Marroch, también de los hermanos Roca.

Con esta impresora se prestarán servicios a los cocineros de toda Europa, que pueden enviar sus diseños y ver cómo se transforman en realidad.

Creación de Jordi Roca con impresora 3D. Foto David Borrat EFE

Creación de Jordi Roca con impresora 3D. Foto: David Borrat | EFE.

Según el director ejecutivo de Innovación, Sostenibilidad y Calidad de Barry Callebaut, Pablo Perversi, “nadie hasta ahora había conseguido que experiencias tan personalizadas se pudieran producir de manera industrial”. Y es que los artesanos podían hacer sus propias figuras, pero nunca a gran escala.

La chispa del proyecto, señalan, fue un estudio de investigación independiente que confirmaba que los jóvenes buscan experiencias novedosas cuando prueban el chocolate y que más de la mitad las comparten en redes sociales, con lo que la estética de los alimentos se convierte en clave y horizonte de la alta gastronomía.