Cómo hizo San Francisco para meter en cintura a Airbnb

Las leyes de San Francisco son duras respecto al alquiler ilegal por Airbnb y otras plataformas

Cómo hizo San Francisco para meter en cintura a Airbnb

Las medidas que tomó la ciudad de San Francisco para regularizar los pisos turísticos evitó la especulación inmobiliaria

Juan Pedro Chuet-Missé

BARCELONA

26/02/2018 - 04:55h

San Francisco era una de las grandes ciudades que estaba contagiada por la fiebre de los pisos turísticos ofertados por plataforma de economía colaborativa. La llegada de Airbnb, Home Away, Wimdu, FlipKey y otras webs habían contribuido a la escasez de viviendas y al aumento de los precios de los inmuebles.

Es el mismo fenómeno que atraviesan Ámsterdam, Barcelona, Madrid, París o cualquier otra ciudad del mundo que tenga atractivos turísticos.

Pero el caso de San Francisco es interesante para analizar cómo el consistorio reglamentó una serie de ordenanzas que no sólo redujeron la especulación sino que evitó que los alquileres se disparen por una menor demanda.

Nuevas reglas del juego

Según informa Xataxa, el Ayuntamiento a partir de enero estableció que las plataformas debían exigir a los anfitriones que se registren en el censo de licencias de la ciudad.

Esta es una iniciativa similar a la que tienen las grandes ciudades españoles, como Barcelona, Madrid o Valencia, que han sancionado o amenazan con hacerlo a las plataformas que promocionen viviendas ilegales.

Las medidas de San Francisco redujeron a la mitad la oferta de pisos turísticos ofrecidos por plataformas tecnológicas

Otro punto clave es que se obligaba al propietario a residir en la vivienda al menos nueve meses al año. Si se vivíaemenos tiempo, o si directamente el propietario tenía otra residencia, el alquiler debía ser de ciclos mensuales.

De esta manera, han caído varios actores de este escenario: por un lado, las personas que alquilaban una casa y luego subarrendaban la finca (como sucedió con un famoso caso en Barceloneta).

Por otra parte, a las agencias inmobiliarias que sacaban mejores réditos ofreciendo alquileres turísticos o de plazos muy breves.

Y también ha limitado el accionar de los dueños de numerosas propiedades que obligaban a sus inquilinos de toda la vida a dejar el piso y lo ofrecían, con una mejor entrada de ingresos, al turismo.

Reduciendo el parque de viviendas disponibles

Las medidas del Ayuntamiento de San Francisco fueron sorprendentes: de 8.740 viviendas, la oferta se había derrumbado a 4.191. Todavía hay 900 viviendas en lista de espera para ser habilitada, una diferencia con Barcelona, Madrid y Valencia, que han limitado la concesión de nuevas licencias (sean pisos turísticos u hoteles).

Muchos propietarios que sacaban grandes ganancias con alquileres breves tuvieron que conformarse con ofrecerlo por meses, tal como son las rentas clásicas.

De los casi 4.200 viviendas remanentes, poco más de la mitad (2.480) se ofrecen pero con contratos de 30 días. O más.

Así también se han “limpiado” los pisos que permanecían vacíos casi todo el año, pero que en fechas de eventos (Día del Orgullo Gay, Super Bowl, Navidad) disparaban sus tarifas.

Los alquileres no subieron

Cualquier experto en economía diría que con esta caída de la oferta los precios se dispararían. Pero no fue así: Según el diario San Francisco Chronicle el precio de los alquileres en los barrios con mayor presión turística cayó entre un 4% y un 5% en los últimos seis meses.

O sea, no es que los precios subían solo porque había una presión social por las viviendas, sino que esta era impulsada por el floreciente negocio de los pisos turísticos.

Alternativas para una vivienda accesible

Esta fiebre llevó a que un piso pequeño, con una habitación, se cotizara unos 2.800 euros mensuales. El pico, indica Xataxa, fue en octubre de 2015, y a partir de ese entonces, los alquileres bajaron un 7,6%.

Pero las viviendas siguen estando a precios prohibitivos en el centro de la ciudad, el mismo fenómeno que atraviesa París, Londres o Nueva York. Y aquí no es suficiente poner límites a las plataformas de economía colaborativa, sino que también la ciudad (y cualquier otra metrópoli) debería invertir más en viviendas públicas, controlar los abusos de los alquileres y otorgar más licencia de construcción para incrementar el parque inmobiliario.