Sant Francesc: hotel singular en el corazón de Palma de Mallorca

Sant Francesc: hotel singular en el corazón de Palma de Mallorca

El centenario edificio perteneció a la familia Alomar Femenia

Sonsoles Vázquez

Madrid

28/06/2015 - 19:00h

Vista del acceso al hotel Sant Francesc
Un gran equipo de arquitectos, interioristas y paisajistas ha participado en la reforma y restauración del espectacular edificio, que ante todo sorprende por su sobria fachada y sus interiores formados por estancias inusuales y frondoso jardín. Nada más atravesar el portal de entrada se descubre su lobby bar y su patio mallorquín, con olivos y fuente; dos reductos perfectos para relajarse en torno a vinos escogidos, cócteles de autor y tapas creativas.

Colección de arte

Muchos de los otros espacios existentes también han salvaguardado parte de su fisonomía original, ahora revestidos de una cálida y sofisticada decoración, pero sin renunciar a la piedra típica de las canteras de Mallorca o a la madera de roble francés. Las paredes, por su parte, atesoran una colección única de obras de arte contemporáneo y fotografías, muchas de ellas realizadas expresamente por diversos artistas para el hotel (Antonio Citerio, Jaime Hayon, Paola Navone y Philippe Starck, entre otros).

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En sus 32 habitaciones y 10 suites (foto superior) –unas con vigas de madera y techos abuhardillados; otras con frescos y molduras; y todas con vistas a la plaza, al jardín o al patio-, se encuentran los elementos más actuales del lujo y la comodidad: muebles a medida, telas asombrosas, originales antigüedades, minibar gourmet, máquina de café Nespresso, artículos de tocador de la famosa marca británica Heeley, mullidos albornoces…

Azotea con piscina

Otra de sus joyas es la azotea, remodelada como terraza con piscina, solárium y bar para refrescarse y tomar el sol dominando los tejados del barrio, y como escenario nocturno para degustar una copa bajo una música suave y el parpadeo de las estrellas. Su santuario de bienestar, wellbeing, con cabinas de tratamientos y masajes, y un gimnasio enclavado en el antiguo aljibe y abierto las 24 horas del día, completan su oferta relax.

Los más gourmets apreciarán igualmente su restaurante Quadrat, con salón interior y jardín, donde se desayuna a la carta por las mañanas, se puede degustar un menú mediterráneo al mediodía, o saborear las creaciones del chef Simon Petutschnig a la hora de la cena: mejillones de roca al vapor con aroma de cítricos y mantequilla de hierbas, arroz meloso de sepia y gamba con alioli de romero, pintada con setas confitadas con emulsión de apio y salsa de cerezas…