Christo, el artista que permite caminar sobre las aguas

Christo's walkway.

Christo, el artista que permite caminar sobre las aguas

El excéntrico búlgaro monta una pasarela de tres kilómetros sobre las aguas de un lago italiano, donde se espera más de un millón de visitantes

Juan Pedro Chuet-Missé

BARCELONA

27/06/2016 - 12:44h

Como si fuera una metáfora bíblica, el artista búlgaro Christo permite que la gente camine sobre las aguas del lago de Iseo, en Italia. Se trata de una de sus clásicas –y costosas- perfomances artísticas, categorizadas como Land Art.

Los muelles flotantes son unas pasarelas de tres kilómetros de largo montadas sobre las aguas del lago Iseo, que se unen a otros dos kilómetros de puentes que van por tierra firme. El color anaranjado fuerte destacada visualmente sobre los colores tenues del agua y los bosques cercanos.

Así, el artista une la pequeña isla de San Pablo con el pueblo de Sulzano, en el corazón de la provincia de Brescia, a 100 kilómetros de Milán.

Christo Javacheff, su verdadero nombre, ya había intentado montar esta pasarela en paisajes de Argentina y Japón, pero las autoridades le vetaron el permiso 

La puesta en escena desbordó a los organizadores: desde la noche anterior había gente esperando a que se abran las barreras para disfrutar del paseo lacustre, y se espera que un millón de personas desfilen por el lugar mientras dura la instalación.

Christo Javacheff, su verdadero nombre, ya había intentado montar esta pasarela en paisajes de Argentina y Japón, pero las autoridades le vetaron el permiso. La perfomance salió nada menos que 15 millones de euros, pero Christo jura que lo pagó todo de su bolsillo, gracias a las ventas de sus diseños, videos, películas y estudios artísticos.

El artista se había hecho famoso con otras puestas en escena del land art, que sería algo como crear arte desde el paisaje. Por ejemplo, envolvió al Parlamento Alemán como si fuera un regalo gigantesco, también cubrió con tela al Puente Nuevo de París, y en la comuna francesa de Marin, montó una cortina de 39 kilómetros de largo, llamada “running fence” (cerca corredera). Hace una década, pobló las extensiones del Central Park de Nueva York con más de 7.500 arcos metálicos, y también rodeó las costas de unas islas cercanas a Miami con polipropileno rosado.

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