Aix-en-Provence tras los pasos de Cézanne

Aix-en-Provence: el perfecto pueblo de la Provenza. Foto: Getty Images.

Aix-en-Provence tras los pasos de Cézanne

Los campos de lavanda empiezan a eclosionar y teñir de malvas y morados la siempre deliciosa Provenza

Macarena Escrivá

Madrid

13/06/2020 - 18:30h

Tan hermosos como los campos de lavanda que tiñen la Provenza son los coquetos pueblos de la región. El Luberon atesora buena parte de los pueblos más bonitos de Francia como Bonnieux, Gordes, Lacoste o Ménerbes. No se quedan atrás Arlés, la joya de Bouches-du-Rhône, que sedujo a Vincent van Gogh, ni Aix-en-Provence, que vio nacer y florecer la obra del postimpresionista Paul Cézanne.

Al igual que Arles o Nimes, Aix-en-Provence tiene un pasado romano. Allá por el 122 a. C. los romanos crearon el bastión de Aquae Sextiae Salluviorum, antiguo nombre de la ciudad. Se trata de una ciudad elegante, amable y acogedora. Una urbe de esas en la que la vida y la cultura se dan de la mano para ofrecer una experiencia inolvidable.

Llama la atención la cantidad de fuentes en la ciudad; y es que no por nada los romanos la llamaron Aquae Sextiae Salluviorum

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Aix-en-Provence, la perfecta ciudad francesa

El epicentro de la ciudad es, sin duda, la avenida de Cours Mirabeau, que muchos conocen como ‘los Campos Elíseos' de Aix-en-Provence. Este distinguido bulevar, flanqueado por hermosas casas del XVII y el XVIII, también se rodea de numerosos cafés, en los que el plan no puede ser más sencillo (ni estimulante): sentarse, disfrutar de un café y un aperitivo y practicar una de las actividades más relajantes que existen, con un propio término acuñado por los franceses, el voyeurismo, u observar y ver la vida pasar.

Cours Mirabeau. Foto Getty Images

Cours Mirabeau. Foto: Getty Images.

Precisamente en esta avenida y en muchos otros puntos de la ciudad, llama la atención la cantidad de fuentes que se encuentran a cada paso. No por nada los romanos le dieron su nombre y hoy se conoce como 'la ciudad de las mil fuentes', hecho que va de la mano de la importancia del agua en Aix-en-Provence. Una de las más llamativas es La Rotonde, de 1860, rodeada de ocho leones y adornada por querubines, cisnes y cabezas de leopardo, además de figuras que representan la Justicia, la Agricultura y las Artes.

Otra de las calles que conviene pasear en Aix-en-Provence, es la conocida Gaston de Saporta, repleta de pequeños comercios, tiendas con encanto y gourmet, donde adquirir quesos y vinos de la región, jabón de Marsella o recuerdos de la ciudad, hasta desembocar en la plaza de L'Hotel de Ville, con terrazas y un encantador mercadillo de flores.

Mercado de flores. Foto Sophie Spiteri

Mercado de flores. Foto: Sophie Spiteri.

¿Más paradas en Aix-en-Provence? El museo y los jardines del Pavillon de Vendôme, las Termas Sextius, un spa y centro de talasoterapia con aguas curativas, y el centro de arte Hôtel du Caumont, un palacete de 1715 que fuera la mansión privada más grande la ciudad. Se pueden visitar sus salones de té y espacios de estilo versallescos o deambular por su jardín escondido.

Además, allí se programan exposiciones temporales de grandes artistas (desde el 10 de julio Joaquín Sorolla, luces españolas) y se ofrece el visionado del documental Cézanne au Pais d'Aix, sobre el hijo predilecto de la ciudad del que todos hablan.

hotel du caumon jardines

Jardines del Hôtel du Caumon.

Tras los pasos de Cézanne

Paul Cézanne es considerado por muchos, como el padre de la pintura moderna. Alejado de la corriente que practicaron sus colegas impresionistas, creó un lenguaje propio que inspiró a genios venideros como Picasso o Matisse. Nació, trabajó y murió en Aix-en-Provence y la ciudad le rinde un homenaje a cada paso.

La mansión de Jas de Bouffan, propiedad de la familia del artista durante casi medio siglo, fue donde se empezó a gestar lo que llegaría a ser. Un joven Paul Cézanne, pintó en los propios muros del salón, para más tarde, sacar su caballete al exterior y concebir nada menos que 36 óleos y 17 acuarelas en este espacio. Hoy se puede visitar la propiedad previa reserva.

Otra de las paradas imprescindibles, para conocer más sobre la vida de este genio, es su atelier en la ciudad. Tras la muerte de su madre, vendió la mansión de Jas de Bouffan y construyó su estudio.

Atelier de Cezanne. Foto Sophie Spiteri

Atelier de Cezanne. Foto: Sophie Spiteri.

Trajo consigo sus objetos más preciados, aquellos que aparecen en sus célebres naturalezas muertas: vajillas, cráneos, estatuas de yeso y se instaló aquí sus últimos años de vida, haciendo de él su taller en el campo. La propiedad estuvo rodeada de olivos y hoy conserva un jardín que invita a la relajación y estimula la creatividad. Fue el propio Cezánne el que diseñó esta casa para que le sirviera como refugio, un espacio ideal para pintar, lleno de luz y tranquilidad.

Trabajador incansable, experimentaba con todo y llegó a inventar un caballete móvil que le permitía desplazarse por la estancia en busca del bien más preciado de un artista, la luz. Poder visitarlo, supone adentrarse en el universo de un genio creador e incluso uno puede llegar a imaginarle moviéndose de un lado a otro de la estancia con su paleta en la mano.

Sainte Victoire fue inmortalizada por Cézanne en varias de sus obras. Foto Sophie Spiteri.

La montaña de Sainte Victoire, tantas veces retratada por Cézanne en sus obras. Foto: Sophie Spiteri.

Sabroso pasado (y presente) gastronómico

La vida al aire libre es parte de la ciudad. Merece la pena dar un paseo por sus coloridos mercados callejeros donde, todos los días, multitud de comerciantes de frutas, pescados, dulces, quesos o flores, despliegan sus puestos para el deleite de visitantes y locales.

Aix-en-Provence también destaca por su gastronomía y tiene un pasado dulce muy curioso que se materializa en su bocado más célebre, los calisson, unos pequeños dulces con aroma a frutas y almendras molidas, similares al mazapán.

Rue d'Italie. Foto Sophie Spiteri

Rue d'Italie. Foto: Sophie Spiteri.

Cuenta la leyenda como el gran rey René mandó crear este dulce como colofón a un banquete en palacio hacia 1470. Fue un chef italiano el que ideó vez los calisson con la forma de los ojos tristes y melancólicos de la reina Jeanne, que nunca sonreía, simulando pequeños abrazos (di calin soun en francés).

Siguiendo con los cuentos que circulan, la reina, al probarlos, sonrió por primera vez. Se pueden adquirir en varias confiterías por la ciudad, entre ellas en Le Roy René, especialistas en el dulce desde hace más de 100 años y con su propio museo (de entrada libre y gratuita) en la ciudad.

Calisson Roy René

Calissons. Foto: Le Roy René.

El descanso, en el campo

El perfecto descanso en Aix-en-Provence, se hace en el fantástico hotel Le Pigonnet, una antigua maison adquirida en 1924 por la familia Swellen, que años más tarde, convertirían en un hotel. Hasta el propio Cézanne la utilizó, porque desde aquí pintaba uno de los motivos que más se repiten en su obra, la montaña caliza de Saint Victorie

Sus habitaciones, con vistas a los exuberantes jardines de la propiedad, unen diseño y confort, invitando al descanso en mitad de la Provenza.

Le Pigonnet

Le Pigonnet.