Ámsterdam: mucho más que marihuana y 'meublés'

Ámsterdam: mucho más que marihuana y 'meublés'

La ciudad de los canales ofrece una cara sosegada más allá de los 'coffe shops' y el infame Distrito Rojo

Ignasi Jorro

Ámsterdam

17/08/2015 - 15:26h

Más allá de la luz roja, existe otro Ámsterdam que vale la pena visitar

"Every time I cross the street, I fear for my life" (Cada vez que cruzo la calle, tengo miedo a morir). Esta es la hiperbólica metáfora de un visitante británico a Ámsterdam. La ciudad de los canales presenta, en efecto, un bullicioso centro urbano acotado por El Anillo, en el que los ominpresentes ciclistas circulan a velocidades temerarias, atemorizando a más de un transeúnte.

Las calles en pavés más transitadas por los amsterdamers sobre ruedas son, sin embargo, una zona de transición. Un área de cambio entre el maltratado centro turístico ('coffe shops', Distrito Rojo, el pretencioso museo de cera Madame Tussauds) y los nuevos barrios en auge, que ofrecen una experiencia más relajada de la llamada Venecia del norte.

En, por ejemplo, Jordaan, pocos tienen "miedo a morir" desnucados por una bicicleta oxidada. El bullicioso barrio, hogar de los vecinos más humildes, es historia viva del Ámsterdam que acogió a varias oleadas de refugiados, desde los judíos portugueses a los hugonotes franceses. Hoy, adentrarse en el Jordaan es descubrir un trazado de estrechas calles decoradas con flores, además de un laberinto de patios interiores en los que -ahora sí- se respira una calma nada habitual en la metrópolis. ¿La nota freakie? El Museo Pianola, una galería de pequeños pianos a cuerda.

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De nuevo en el paraíso de la velocidad para los ciclistas, el turista puede y debe parar en las Nueve Calles. Huya de los 'tours' por los canales en barco y recorra este barrio -que presume del metro cuadrado más caro de la ciudad- a pie. Note que los nombres de las calles se distribuyen según la jerarquía real: Prisengracht, Keizergracht, Herengracht... Pare en Van Ravenstein (Keizersgracht, las mejores firmas para caballero) y I Love Vintage (Prinsengracht).

Pulmones

¿Cansado de lidiar con bicicletas y cajeros automáticos? Por suerte, Ámsterdam respira con un solo pulmón, aunque muy bien dotado. El parque Vondelpark acoge a 10 millones de visitantes al año. Si la lluvia holandesa declara una tregua, puede retozar en la hierba, escuchar música o leer. Si se siente activo, la calle Vondelstraat se encuentra junto al espacio verde, y ofrece muestras de arquitectura notables.

Otra alternativa nada desdeñable es visitar el zoo. El Artis es el mejor recinto de fauna de todo el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), y uno de los mejores del mundo. El recinto brinda piezas de arquitectura del siglo XIX, junto con espacios zen y 900 especies diferentes de animales y fieras. Eso sí: prepare la cartera: 19,95 euros la entrada, o 27 el billete combinado con Micropia, el museo de las bacterias de Ámsterdam.

Retazos de historia

Además de las abundantes alternativas culturales, Ámsterdam también nutre el conocimiento de los amantes de la historia. Una alternativa a visitar la masificada casa de Ana Frank (con colas desde primera hora de la mañana) es acercarse al Museo de la Resistencia o Verzetsmuseum (Plantage Kerklaan). Este pequeño centro de interpretación sobre la ocupación nazi de Holanda sacude consciencias igual que la autora del diario. Lo hace mediante vídeos, montajes, gravaciones y testimonios personales que se han podido salvar.

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Otro lugar bañado en los vaivenes del tiempo es el The Pilsener Club o el 'bar sin bar' en Begijnensteeg. Esta centenaria taberna marrón o 'bruin bar' sirve cerveza y comida a precios razonables. Un lugar pequeño, agobiante y que no no admite a mucha clientela, pero que trata con esmero a la que consigue entrar. ¿El detalle? Las fotografías y sillas marcadas con los clientes célebres que la han visitado.

Ya comidos, ¿se puede visitar el Distrito Rojo -con su oferta de prostitución legal- sin toparse con las meublés de dudoso gusto? La respuesta es sí, y tiene nombre de iglesia. La Oude Kerk es un impresionante templo con 800 años de historia, que se puede visitar por un módico precio. Además de las vistas sobre el barrio canalla, la Vieja Iglesia abre el paisaje de la ciudad de los canales -vale la pena subir a la azotea- y acoge las tumbas de Saskia van Uylenburgh, esposa de Rembrant, y la de Johannes Vermeer.

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