Aruba: el pequeño paraíso caribeño para escaparse del mundo

La belleza natural de Aruba se encuentra en sus costas. Foto David Troeger - Unsplash

Aruba: el pequeño paraíso caribeño para escaparse del mundo

Con su brisa constante y sus playas de postal, Aruba es una particular combinación de espíritu caribeño con la herencia de los Países Bajos

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

22/03/2020 - 16:00h

Si nos atenemos a la geografía, el ABC neerlandés (las islas de Aruba, Bonaire y Curaçao) deberían pertenecer a Venezuela, separadas por una lengua de agua a menos de 30 kilómetros. Pero por los vaivenes de la historia fueron colonizadas por los Países Bajos y formaron una identidad propia, mezcla del espíritu caribeño con las influencias del país europeo.

El terreno estéril de Aruba contrasta con la belleza de sus playas y calas, imán para el turismo de resorts

Aruba es la menor de estas islas, un pequeño territorio de 193 kilómetros cuadrados donde el viento del sudeste nunca deja de soplar, al punto de que el árbol local, el dividivi, crece con sus ramas señalando hacia ese punto cardinal como si tuviera un ventilador enfrente.

Quien llega a Aruba lo hace buscando la desconexión con el mundo exterior, un motivo válido en estos tiempos de agobio del coronavirus. Y que si ahora hay limitaciones para viajar, pues ya sabremos qué encontrar cuando se levanten las restricciones.

aruba playa Foto visit Aruba

Las playas de Aruba parecen creadas por Photoshop. Foto Visit Aruba

Playas de impacto

El terreno de Aruba es yermo, sin bosques ni junglas como otras islas caribeñas. Esto hubiera significado la indiferencia para el radar turístico, pero el pequeño territorio arubeño fue agraciado con algunas de las mejores playas del Caribe, enclaves de arenas finas y blancas con aguas turquesas, como Eagle Beach, Palm Beach, Boca Catalina, Baby Beach o Rodgers Beach.

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Esta bendición natural llevó a que las grandes cadenas de hoteles cuenten con inmensos resorts del tipo todo incluido, con playas privadas, donde los huéspedes solo se tienen que preocupar por saber a qué hora atardece para contemplar el ocaso en las aguas del Caribe.

Meca de submarinismo

Al margen de matar las horas en una tumbona, quienes llegan a Aruba también lo hacen atraídos por la amplia oferta de deportes acuáticos de la isla, donde el windsurf o el kite surfing son los reyes gracias al continuo viento.

Antilla Foto visit Aruba

Antilla, el carguero alemán buscado por los submarinistas. Foto Visit Aruba

Pero el submarinismo también impera, y si se trata de elegir un lugar, el ganador es el Antilla, un carguero alemán hundido por su tripulación en la Segunda Guerra y que es uno de los destinos de buceo más importantes del sur del Caribe, que puede ser explorado tanto de día como de noche.

Más allá de las playas

Aruba también cuenta con un pequeño patrimonio histórico que vale la pena descubrir cuando uno se cansa de la playa. Por ejemplo, están las ruinas de Bushiribana, los restos de un yacimiento de oro ubicado en Seroe Plat, al norte de la isla. Si bien la explotación duró diez años, las construcciones se hicieron tan sólidas que permanecen en pie, esperando ser fotografiadas.

La iglesia de Alto Vista, construida en el punto más alto de la isla, es buscada por los senderistas que buscan un lugar para contemplar el paisaje de la cara norte

También hay algunas iglesias que valen la pena una visita, como la pintoresca Alto Vista, conocida como el templo de los peregrinos, construida en 1750 para el culto católico y que se encuentra en el punto más alto de Aruba; por lo que es uno de los sitios más buscados para la contemplación porque permite capturar algunas de las panorámicas más bonitas del extremo norte insular.

Capilla foto paulo evangelista unsplash

La soledad de la iglesia Alto Vista. Foto Paulo Evangelista - Unsplash

También está la Iglesia Protestante de 1846 y la de Santa Ana, de 1770, con un bonito altar neo-gótico que sorprendió hasta en Roma.

Vestigios históricos

Como corresponde a cualquier isla caribeña, hay un fuerte de los siglos de conquistadores y corsarios, y en este caso, es el Zoutman, construido en 1796 para frenar las incursiones de piratas, al que siete décadas más tarde se le añadió un faro y un reloj, que fue el primero de Aruba.

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Cuando la luz del faro dejó de funcionar, el lugar pasó por ser oficina de policía, prisión, sede de correos y ahora es el Museo Histórico, que permite conocer la historia de la isla hasta la actualidad.

Hay otro faro, el California Point, construido entre 1914 y 1916 que con sus 33 metros es uno de los iconos del lugar, erigido en un paisaje de estética lunar y rodeado de grandes dunas.

Faro California foto Falco Pixabay

Faro California Point. Foto: Falco-Pixabay

Un punto curioso es el Viejo Molino, herencia del pasado de los Países Bajos, que fue construido en los pólders holandeses y vuelto a montar en Aruba en 1960; no tanto para que canalice agua, sino como motivo turístico, donde funciona un bar y un restaurante.

Compras en la capital

Fuera de las playas, la vida urbana transcurre en dos ciudades: la capital Oranjestad y San Nicolás; aunque casi toda la cara oeste de la isla está cruzada de carreteras y construcciones.

En el centro de Aruba abundan las marcas de lujo y tiendas como joyerías o perfumerías, que aprovechan las ventajas fiscales de la isla

Oranjestad homenajea a la casa real de los Países Bajos, y se caracteriza por su arquitectura de edificios bajos de colores pastel. La mayoría de ellos se encuentran alrededor de la plaza Daniel Leo, que albergan a tiendas; muchas de ellas de marcas de lujo, que encaja con la demanda de los turistas de alto poder adquisitivo que llegan a los resorts arubeños.

Oranjestad Foto Falco  Pixabay

El centro de Oranjestad se caracteriza por sus colores pastel. Foto: Falco Pixabay

También abundan las joyerías, perfumerías, de artículos electrónicos y cigarros, que aprovechan las ventajas impositivas del régimen fiscal de la isla.

Gastronomía de fusión

La identidad de Aruba se construyó entre la colonización holandesa, la presencia de pueblos nativos y la llegada de esclavos de África, sazonado con la inmigración de más de 100 nacionalidades .

Esta fusión se ve en sus platos, sobre todo de la fusión creole, como el keshi yena, quizás el plato más característico de la cocina arubeña. Se trata de un guisado de pollo con vegetales, recubierto con queso gouda.  El carni stoba es otro conocido estofado de la isla, hecho con carne de ternera.

El keshi yena es uno de los platos representativos de Aruba y otras Islas del Sotavento en el Caribe.

El keshi yena es uno de los platos representativos de Aruba.

Cualquiera de estos dos platos puede ser acompañado por el pan típico, el pan bati, hecho con harina de maíz, muy parecido a los pancakes.

El pastechi, es una especie de empanada de masa dulce freída y rellena con diferentes ingredientes como carne de ternera, pescado o gambas, que también puede servir de acompañamiento. Pero lo imprescindible en cualquier menú de lujo sea de comida local o extranjera es la sopa de mariscos, hecha con los frutos de mar más frescos que ofrece el mar que baña la isla.

Compras, playa y comida creole. A Aruba nadie llega a buscar grandes museos o a realizar turismo urbano. La idea es olvidarse del mundo, al menos, durante unos cuantos días en arenas y aguas que no se podrán encontrar en casi ningún del Caribe.