Ayer una cárcel, hoy una de las bibliotecas más bonitas de Canadá

La elegante biblioteca victoriana del Morrin Centre cuenta con 23.000 volúmenes. Foto: Wikipedia.

Ayer una cárcel, hoy una de las bibliotecas más bonitas de Canadá

En el centro histórico de la ciudad francófona de Canadá se encuentra una hermosa biblioteca, exclusivamente angloparlante, que es un viaje en el tiempo

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

06/10/2019 - 11:00h

A Quebec le gusta presumir que es ‘una nación dentro de Canadá’. Es la única región francófona del país americano, y su celo idiomático llega al punto de tener una policía lingüística. Pero en su capital sobrevive una hermosa biblioteca centenaria, que mantiene la vigencia de esa lengua en un edificio que fue una sórdida prisión por más de un siglo y medio.

Esta es la única biblioteca con obras en inglés en toda la ciudad capital, también llamada Quebec. El éxito del Morrin Centre es un ejemplo de la tolerancia que caracteriza a la sociedad canadiense. En la región solo una de cada diez personas habla inglés.

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La presencia del francés es tan fuerte que el idioma de Shakespeare en la región no se considera oficial, a pesar de lo que diga la constitución del país.

Uno cabría pensar que como lengua minoritaria el inglés tendría una presencia testimonial. Pero la importancia y cariño que los residentes tienen por el Morrin Centre despeja cualquier idea sectaria.

Cuando la biblioteca era una prisión

Durante un siglo, cuando que el actual Quebec era conocido como Nueva Francia (1712-1808), el edificio del Morrin Centre era el Reducto Real, una prisión donde los condenados solían morir rápidamente por las malas condiciones del encierro.

El cariño de los residentes por el Morrin Centre, a pesar de sus fuertes convicciones lingüísticas, despeja cualquier idea sectaria

Demolido y reconstruido, el nuevo edificio también siguió como centro penitenciario, pero a diferencia de aquellas horribles instalaciones, aquí se crearon celdas individuales y espacios comunes para reformar más que castigar.

La sede del Morrin Centre, en el centro histórico de Canadá, era una prisión. Foto: Wikipedia.
La sede del Morrin Centre, en el centro histórico de Canadá, era una prisión. Foto: Wikipedia.

La rápida saturación de las celdas llevó a que en 1867 la prisión se cierre (su siguiente emplazamiento fue transformado en el actual Museo Nacional de Bellas Artes de Quebec), y en su lugar abrió el Morrin College, en homenaje al benefactor escocés que buscó un sitio para educar en inglés a la minoría que de descendientes británicos.

Resguardar la historia de los angloparlantes

De sus aulas surgió en 1864 la Sociedad Histórica y Literaria de Quebec, la primera de este tipo de Canadá, destinada a preservar el patrimonio cultural de la ciudad; pero no cualquiera, sino el de la comunidad angloparlante.

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A principios del siglo XX la escasez de estudiantes condenó al colegio, pero la sociedad histórica sobrevivió y sigue adelante, cuidando el legado del centro cultural.

Además de cursos, talleres y actividades vinculadas con la historia y la lengua inglesa, la impactante biblioteca es uno de los puntos más destacados.

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La biblioteca suele acoger eventos y reuniones de la comunidad angloparlante. Foto: Morrin Centre.

La estampa victoriana

Con un catálogo de 26.000 obras, todas en inglés, las hermosas instalaciones mantienen su brillo gracias a una reconstrucción terminada en 2011.

Gran parte de las obras provienen de la Biblioteca de Quebec, abierta en 1779, y si bien muchos libros se perdieron, todavía se conservan valiosos volúmenes que, en algunos casos, llegan hasta el siglo XVI.

En el catálogo del Morrin Centre hay valiosas obras que se remontan al siglo XVI

Su decoración mantiene el estilo victoriano, con un primer piso con baranda de hierro labrada, a la que se accede por una elegante escalera de madera, una sala de lectura con muebles de presencia solemne, y las estatuas de figuras de la historia de Quebec.

En las visitas guiadas por el edificio del siglo XVIII es posible ver los bonitos salones del centro cultural, sus laboratorios de ciencias así como también la cara más sórdida de su historia, con dos de los calabozos que todavía se conservan.