Bahía, el corazón de la pasión brasileña

Bahiana con un traje típico en una calle del Pelourinho.

Bahía, el corazón de la pasión brasileña

El Pelourinho, el barrio colonial de Salvador de Bahía, es un carrusel de música, bailes típicos, gastronomía y la herencia cultural de los antiguos esclavos

Diana Silva

Wine Style Travel

Barcelona

24/12/2016 - 00:32h

El Pelourinho, centro histórico de Salvador de Bahía (o Bahía, para abreviar), es un viaje al pasado de la mano de la magia y el cruce de culturas que presenta esta ciudad. Transitado por percusionistas y bahianas de grácil belleza se encuentra este barrio de casas coloridas e iglesias (365, para ser exactos), que conforman una acuarela de arquitectura colonial que fue distinguida como Patrimonio Mundial de la Humanidad. En un par de días horas se puede descubrir esta ciudad maravillosa; sí, tanto como Río de Janeiro.

Decidimos alojarnos en el hotel Villa Bahia, una casona antigua de tres pisos reconvertida como posada de lujo, cuyas habitaciones representan los hitos históricos de los exploradores portugueses, sus puntos de comercio en África y Asia y el intercambio de especias por rutas marítimas. Por su parte, las áreas comunes rinden tributo a los navegantes lusitanos, como Pedro Álvarez Cabral, quien descubrió Brasil en el 1500; Fernando de Magallanes y Vasco da Gama, así como a los avances que les permitieron unir dos mundos diferentes.

Resistir la tentación de quedarse en el hotel, con temperatura controlada y a salvo del sol, es clave. La aventura espera en la calle, donde la música emana de los parlantes de cada tienda, restaurante y puesto callejero. Las bahianas saludan y ofrecen las cintas de Nosso Senhor de Bomfin, que amarran con tres nudos -cada uno corresponde a un deseo- y, cuando se rompe la cinta, estos se habrán cumplido.

Clarindo Silva, el ciudadano ilustre de Bahía

La oferta de moquecas y caipirinhas es amplia, especialmente en la plaza Largo Terreiro de Jesús, pero es importante continuar hasta una de las esquinas más conocidas del Pelourinho: la Cantina da Lua. Inaugurada en 1945, este restaurante recibió a algunas de las personalidades más destacadas de la historia reciente de Brasil, incluyendo intelectuales, políticos y músicos, atraídos por el carisma y el espíritu de lucha del “gobernador del Pelourinho”, Clarindo Silva, quien supo impulsar la recuperación cultural del barrio y además, preparar las mejores caipirinhas de la zona.

Este hombre es una verdadera celebridad en Salvador y una conversación con él basta para entender por qué es tan querido y respetado. Habla con mucha humildad de su lucha por recuperar la democracia cuando Brasil vivió bajo los años de la dictadura en los ’70 y ‘80 y sus amigos y de su día a día, al ser el primero que llega y el último que se va de la cantina. Después se despide con la mano y desaparece detrás de la barra para atender a otros clientes.

La percusión y la capoeira guían por las calles del barrio antiguo

Es entonces cuando la percusión Olodum style invade todo. A dos calles de distancia, en un teatro improvisado, tocan 25 músicos que no se parecen en nada al grupo Olodum -mundialmente reconocido gracias al vídeo They don’t care about us de Michael Jackson-. Pero tocan con la misma pasión. “Son franceses, hace 14 días están acá tomando clases con nosotros”, grita Vinicius Silva, el profesor, mientras invita a los curiosos a la presentación oficial en la Plaza de San Francisco.

De vuelta en la calle, dos hombres de mediana edad lanzan patadas al aire con giros y algún grito, unos músicos tocan animadamente y la audiencia -europeos, en su mayoría- aplaude en un meritorio intento seguir el ritmo. Es la capoeira en su estado más puro, esa mezcla entre baile y artes marciales heredados de la cultura negra que es tan fuerte en Bahía. Y cuando uno de los músicos invita a tocar el pandeiro, es imposible resistirse. Es momento de sumergirse en la vibración de la música y dejar que se apodere de las manos.

Tras un lapso de tiempo indeterminado, los capoeiristas descansan sus miembros y corazones, pero la acción sigue. Los franceses de Vinicius avanzan por una calle angosta, logrando que las paredes retumben con la percusión. Todos se asoman: los comensales de los restaurantes, los turistas que compran recuerdos, los locales que huyen del calor en los ventanales y una decena de transeúntes que caminan con ellos. En una hora y media el ritmo ha penetrado en los músicos y el público mientras cae la noche.

Es hora de volver al hotel y una señora, amablemente, señala la ruta correcta. A su lado, dos músicos -guitarra y batería- están listos para empezar a tocar...“É melhor ser alegre que ser triste. Alegria é a melhor coisa que existe. É assim como a luz no coração…”. La Samba da Benção marca el camino.

La gastronomía bahiana se caracteriza por su abundancia

Llegar al hotel a cenar es la continuación de la experiencia, gracias a su restaurante que ofrece cocina contemporánea de autor, con énfasis en productos regionales y una carta de vinos con 40 opciones de etiquetas europeas y sudamericanas. En una mesa al costado de la piscina, los sabores de mar alegran el paladar: ceviche de róbalo con mandarina y helado de lima y pepino de entrada, camarones flameados con cachaza y salsa de mostaza suave acompañados de puré de calabaza como plato principal y una torta de coco con salsa de tamarindo de postre. Un recital que el viento acerca hasta laterraza sirve de música incidental y una caipirinha de ananá marca el final del día.

Después del merecido descanso, el salón del hotel lleno de sillas vintage genera una atmósfera colonial desde la que se puede observar el tráfico de las personas que pasean y  desayunan. La mesa se presenta repleta de frutas tropicales, variedad de panes dulces y salados, fiambres y quesos, plátano hervido, dulces de chocolate y coco, huevos revueltos, café y jugo. Cuando todo termina, una caminata hacia la Praça da Sé es el plan más atractivo.

En Bahía la nostalgia se combate transitando por sus callejuelas

En el camino, el mirador perteneciente a la Asociación de Bahianas de Salvador despliega una espectacular vista de la ciudad baja: el puerto, los barcos, la lejana iglesia de Nosso Senhor de Bomfin. Más adelante, antes de subir al elevador Lacerda, es posible volver a disfrutar de esa postal, para luego caminar en dirección al puerto hasta entrar al Mercado Modelo, construido en 1861 y considerado patrimonio histórico y artístico de Brasil. Alberga más de 260 tiendas donde pueden adquirirse artesanías, pinturas, comidas y bebidas típicas.

Andar hasta el muelle para disfrutar del aire del mar antes de emprender el regreso es una bonita forma de combatir la nostalgia. Caminar despacio por las plazas, entrar en alguna de las numerosas iglesias que están a lo largo del recorrido, comer otro acarajé en los tabuleiros de las bahianas, mirar a los capoeiristas, a los músicos, a los artistas que pintan en las aceras, todo forma parte de la experiencia Pelourinho y enseña que el axé es mucho más que un estilo musical, es un genuino estilo de vida.