Cinco bares de la Ciudad de México donde el tiempo está detenido

Aires parisinos en el Bar La Ópera, uno de los cafés más emblemáticos de la Ciudad de México.

Cinco bares de la Ciudad de México donde el tiempo está detenido

Frecuentado por escritores, revolucionarios, artistas e intelectuales, estos bares llevan impresos el espíritu más bohemio de México

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

09/08/2019 - 14:01h

Bares, cantinas y cafés. Aunque haya diferencias de estilos y servicios, hay varios locales de la Ciudad de México que son un viaje al pasado. Fueron focos de ideas revolucionarias, fuentes de inspiración para artistas y escritores y ambientes de espíritu canalla o elegante que sobreviven al paso del tiempo.

Sus muebles, los objetos decorativos y las cartas de bebidas permanecen inalterables, así como las costumbres de los juegos de dominó o los camareros que visten con elegancia. Aquí recorremos cinco bares y cantinas emblemáticos de la capital mexicana

La Ópera

Dos hermanas, las francesas Boulangeot, abrieron el Bar La Ópera en 1876 a imagen y semejanza de los cafés de París. Rápidamente se convirtió en el lugar de paso obligado antes y después de las funciones del Teatro Nacional, pero fue tal el éxito que a fines del siglo XIX tuvieron que mudarse a la calle 5 de Mayo, donde todavía sigue abierto.

El Bar La Ópera era frecuentado por García Márquez, Cortázar y Rulfo. Fue decorado a imitación de las cafeterías de París

Por sus mesas pasaron escritores de la talla de Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y Julio Cortázar, así como intelectuales, políticos y artistas locales.

La Opera Bar

Los turistas no solo llegan atraídos por sus elaborados platos como el pulpo a la gallega, sino por la historia de un agujero en el techo, que se supone que es la marca de un balazo de Pancho Villa que pedía orden en medio de una discusión. Otros dicen que fue producto de una borrachera.

Los historiadores recuerdan que el líder revolucionario no bebía y era poco amigo de las cantinas, pero el mito ahí sigue.

Hostería Santo Domingo

Abierto en 1860, la Hostería Santo Domingo no solo es uno de los bares más antiguos de la ciudad sino de todo México. Sus paredes esconden leyendas de fantasmas y de amores trágicos, un centenario antecedente del culebrón de televisión latinoamericano.

 

Su arquitectura colonial, al ser parte de un antiguo convento dominicano, proviene del siglo XVI. El lugar está decorado con mosaicos coloniales, hay tantas plantas como en un vivero, del techo cuelgan las tradicionales papirotas (papeles troquelados de colores), y cabe ver en detalle el bonito vitral de una mujer que sirve platos rodeada de dos ángeles negros.

La Hostería Santo Domingo, en el edificio de un convento del siglo XVI, mantiene su fachada colonial

En el lugar se ofrece un centenar de platillos, que se renuevan periódicamente, y entre ellos destacan la pechuga ranchera en nata, las enfrijoladas Santo Domingo y el chile en nogada con salsa de nuez. Eso sí, si uno no tiene tolerancia al picante, mejor consultar con los amables camareros.

La Faena

En México hay una pasión por los toros que iguala (o en algunos lados supera) a la de España. En el centro de la ciudad se encuentra La Faena, fundada en 1954 por un grupo de novilleros, donde hay que contemplar detenidamente la parafernalia de objetos, recuerdos y posters de la tauromaquia.

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El lugar dialoga con el vecino Bar Mancera, más elegante y tradicional, pero en ambos el paso del tiempo les es indiferente.

faena

En La Faena persisten los teléfonos en cajas de madera, las sillas y mesas de plástico, una caja registradora antediluviana, una gramola con éxitos populares y un altar dedicado a la Virgen de Guadalupe.

En el lugar hay que probar la sopa azteca y el molcajete de carnes, una selección de cortes como costillas y chorizos combinados con aguacate, cebollas y otros vegetales, las quesadillas de patata y el caldo de camarón.

La Peninsular

Inaugurado en 1872, se lo recuerda como uno de los sitios donde se solía encontrar a la popular cantante y actriz Lucha Villa.

En el lugar todavía se juegan a los dados y al dominó, sus enchiladas son famosas y tiene una larga barra de bebidas que llega a los seis metros de largo.

Durante más de 100 años la cantina La Peninsular prohibió la entrada a las mujeres

También se recomienda probar las botanas (platillos equivalentes a las tapas españolas), las quesadillas, los caldos de pollo, de olla o de residuos, y las carnes con salsas picantes (si es que hay resistencia a su intensidad).

peninsular

Hasta 1982 no se permitía que las mujeres tomen una copa en el lugar, y como huella de su pasado machista, en el lugar se conservan tarjetas con supuestos permisos legales que las esposas otorgaban a sus maridos para que se emborrachen sin remordimientos.

Tío Pepe

Otro lugar que durante mucho tiempo estuvo vetado para las mujeres, y como testigo queda un cartel que lo explicita en la puerta, aunque ahora está como curiosidad turística.

tio pepe

Abierto en 1874, su público son personas mayores y viajeros curiosos por ver el espíritu de este bar de paredes verdes ya pálidas por el paso del tiempo, la barra tallada por un habilidoso ebanista, la puerta art noveau, un timbre para llamar al camarero (pero que ni hace falta) y el hermoso vitral publicitario de Cognac Hennessy.

El lugar, para los amantes de la literatura, fue inmortalizado por el escritor William Burroghs, donde acompañado por tequila y otros tragos escribió Junkie.