Berna: por qué la capital suiza bien vale una escapada

Rodeada por el río Aare, Berna es ideal para una escapada en Suiza. Foto: Turismo de Berna

Berna: por qué la capital suiza bien vale una escapada

Eclipsada por Zúrich, Lausana y Ginebra, la capital política de Suiza invita a ser descubierta en paseos que pueden durar uno o dos días

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

25/05/2020 - 14:58h

Berna no suele estar en la prioridad de los viajeros que llegan a Suiza, que suelen preferir la sofisticación de Zúrich, el relax elegante de Ginebra y Lausana o el lujo de los centros de esquí de Davos o Zermatt. Pero la capital de la Comunidad Helvética sorprende por su ciudad vieja con sus edificios medievales impecables, sus mercados, las estatuas coloridas y sus paseos comerciales.

Si hay tiempo para una visita breve, que sea de uno o dos días, hay tiempo suficiente para explorar su centro histórico, que se caracteriza por las arcadas que protegen a bares, restaurantes, viviendas y comercios.

La protección de las arcadas

Paul Klee y Albert Einstein pasearon debajo de estas estructuras que datan de la Edad Media, un circuito de seis kilómetros que permiten que uno salga de la estación de trenes hasta el puente de Nydeggbrücke, que atraviesa el río Aare, y no lo moje ni una gota en caso de lluvia.

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Arcadas ciudad vieja Foto Turismo de Berna

Seis kilómetros de arcadas protegen a los comercios de la ciudad vieja. Foto: Turismo de Berna

La ciudad vieja fue construida entre los siglos XII y XV. Si se la ve tan impecable es que fue reconstruida tras el pavoroso incendio de 1405, razón por la que la mayoría de los edificios presentan la fachada marrón clara de la piedra arenisca.

El color de los mercados

Además de conocer las elegantes boutiques, los comercios de diseños y las tiendas de productos delicatesen (como los quesos de la DOP Emmental) si se llega el martes o sábado hay que dar una vuelta por los mercados que se montan en la Plaza del Parlamento, en la Bärenplatz (Plaza del Oso) y en la Waisenhausplatz (Plaza del Orfanato).

Cada martes y sábado en tres importantes plazas de Berna se despliegan mercados que presentan sus frutas, verduras, flores, embutidos, quesos y miel de gran calidad

Allí se pueden encontrar desde flores a miel orgánica, pasando por frutas y verduras de las granjas cercanas, carnes, panificados y sus fabulosos embutidos.

 


Presentación de los mercados de Berna

Fuentes y más fuentes

Lo que llama la atención al visitante en la ciudad vieja es la gran cantidad de fuentes: alrededor de un centenar que se presentan en parques, esquinas y frente a edificios, donde todas están coronadas por una estatua renacentista pintada de vivos colores.

Además de todas las representaciones de santos, alegorías y soldados, hay una inquietante escultura de un ogro devorando a niños como quien come un bocadillo, que se encuentra en la Plaza del Granero.

Berna estatua Foto Nicolas Jossi Unsplash

Estatua alegórica de la justicia. Foto: Nicolas Jossi - Unsplash

Preparado para las mejores vistas

Una de las mejores formas de contemplar la ciudad vieja es desde el campanario de la Catedral, que se eleva a 100 metros y es el más alto de Suiza.

Se trata de tener el coraje de subir los 312 peldaños hasta la cima, pero realmente el esfuerzo vale la pena.

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Para relajar las piernas, se puede contemplar la fachada góticas con figuras que representan el Juicio Final. El interior, a tono con la reforma protestante, es austero y carente de ornamentaciones, lo que permite destacas la belleza de sus vitrales, sobre todo la representación de la Danza de la muerte, con un esqueleto dispuesto a llevarse la vida de ricos y pobres, adultos y niños.

Catedral de Berna Foto Turismo de Berna

La fachada gótica de la catedral de Berna. Foto: Turismo de Berna

Dentro del reloj

Otra torre infaltable en el descubrimiento de Berna es la Zytglogge, la torre del reloj. Antigua integrante de la fortaleza que protegía a la ciudad, funcionó como prisión durante un par de siglos.

Además de un hermoso reloj astronómico hay que ver el baile de figuras mecánicas que se produce antes de cada hora, donde desfilan un caballero, un gaitero, el tonto de pueblo, un gallo, un león y, por supuesto, varios osos.

La mejor forma de conocer su historia y descubrir cómo se produce esta danza de autómatas es con las visitas guiada al interior de la torre, que durante una hora permiten ver en detalle el complejo mecanismo del reloj y de la figuras.

zytglogge 02 Foto Turismo de Berna

El famoso reloj de la ciudad. Foto: Turismo de Berna

Explosión de rosas

Para descansar del paseo se puede caminar lentamente por el Rosengarten, uno de los parques más bonitos de Berna, que en primavera brilla con los rosedales en su máxima expresión, ocasión en que se pueden tener otras hermosas vistas de la ciudad y del río Aare que la atraviesa.

Desde la terraza del restaurante Rosengarten se puede tomar un té o el tradicional chocolate caliente suizo con vistas a la ciudad de Berna

Atención a los pasteles y tés que preparan en el restaurante del parque, con el valor añadido de las panorámicas de su terraza.

Vista de Berna desde el Rosergarten Foto Turismo de Berna

Vista de Berna desde el Rosergarten. Foto Turismo de Berna

Gastronomía en Berna

Entre otras opciones gastronómicas que no hay que dejar pasar en la capital helvética está la cervecería Altes Tramdepot, cercano al parque de animales de Berna (hogar de las mascotas de la ciudad, los osos Finn, Björk y Ursina).

Este local tradicional es famoso por sus raciones abundantes de platos típicos, como el bauernrösti (patatas con queso gratinado y huevo frito) o el spätzli (pasta acompañada de carne y cebolla). Pero lo que llama la atención los dos tanques metálicos en medio del local, que elaboran 31.000 hectolitros de cerveza cada año.

El local tradicional de la cervecería Altes Tramdepot. Foto. Altes Tramdepot

El local tradicional de la cervecería Altes Tramdepot. Foto. Altes Tramdepot

Otra opción más sofisticada es el restaurante Bay, que combina lo viejo y lo nuevo del cantón, con platos como la terrina de queso de cabra con frambuesas heladas, el trío de albóndigas Knödel o el lenguado confitado con salsa de limón y menta.

Tras haber recorrido Berna de arriba abajo, es la mejor manera de cerrar una velada y estar dispuesto a seguir viaje.