Brighton, una joya extravagante

Brighton es (también) icono y hogar de la comunidad LGTBI. Foto: Ben Guerin | Unsplash.

Brighton, una joya extravagante

Plácida y esplendorosa, en esta ciudad de otra época se cambian el estrés por la tranquilidad y se disfruta de la playa a una hora de Londres

Galo Martín Aparicio

Madrid

28/06/2020 - 18:30h

Cuesta más imaginar que entender el pueblo de pescadores que fue Brighton hace menos de un siglo. Hoy, esta ciudad del litoral sur de Inglaterra, a una hora de distancia de Londres, es un destino ideal para una escapada de fin de semana... o para echar raíces. Turistas, estudiantes y buscavidas ven en esta urbe victoriana, culta, festivalera y desinhibida, un refugio y un símbolo para las causas que atañen a los derechos, la diversidad y la tolerancia.

Icono y hogar de la comunidad LGTBI, en Brighton se celebra el festival de referencia del Día del Orgullo Gay en Inglaterra, el primer fin de semana de agosto. También es la urbe consentida de los mods, protagonistas de la película Quadrophenia, rodada en las calles y alrededores de Brighton, una ciudad que suena a The Who. Una urbe moderna, con un gusto y una estética que rompe con el de las ciudades industriales del norte de Inglaterra.

El pub Fortune of Wars, en el paseo marítimo, es perfecto para disfrutar de una buena ración de 'fish & chips2

[Para leer más: York, viaje a la ciudad más vikinga de Gran Bretaña]

La empresa Brighton Walks organiza visitas guiadas por las localizaciones de la película Quadrophenia. Una de las paradas del recorrido es la playa en la que tiene lugar la pelea entre los mods y los rockers. De cantos rodados, encantadora y un punto incómoda, sus piedras pulidas no desaniman a los bañistas. Unos estiran la toalla y otros toman asiento en las sillas tapizadas a rayas. La etiqueta de los lugares distinguidos de veraneo, Deauville, Cannes, Niza, San Sebastián, Santander, también tiran de rayas para diferenciarse del resto.

Los cantos de su playa no desaniman a bañistas ni a surferos. Foto Rod Edwards Visit Britain

Los cantos de su playa no desaniman a bañistas ni a surferos. Foto: Rod Edwards | Visit Britain.

Paseo marítimo

Una larguísima barandilla herrumbrosa separa la playa pedregosa del paseo marítimo. En esa ancha pasarela al borde del mar se suceden casetas de colores en las que sus propietarios guardan sus útiles de baño, un quiosco en el que uno se imagina una orquesta tocando y en las arcadas, casi a pie de piedras, se ha construido el Museo de los Pescadores, en donde en el pasado estos hombres almacenaban sus aperos, así como también se han abierto tiendas, restaurantes y bares.

Mientras se degusta una ración de fish and chips en el pub Fortune of War se puede escuchar el graznido de las omnipresentes gaviotas y contemplar el Muelle de Brighton. Una pasarela metálica que se adentra en el mar en la que hay máquinas recreativas, atracciones y puestos de comida. El lugar tiene la decadencia de Lisboa y el carácter dominical extinguido de Atlantic City. Este muelle histórico es uno de los grandes hitos de la ciudad.

Fish and chips, ¿por qué no? Foto Rod Edwards VisitBritain

Fish and chips, ¿por qué no? Foto: Rod Edwards | VisitBritain.

El otro es el nuevo British Airways i360o, una especie de platillo volante que se eleva sobre un larguísimo cilindro de algo más de 150 metros de altura y desde el que los pasajeros pueden disfrutar de la ginebra local, Brighton Gin, mientras contemplan una panorámica que alcanza el Canal Inglés, que separa Reino Unido de Europa, la isla de Wight, los acantilados Seven Sisters, una sucesión de colinas hermanadas color tiza cortadas de manera abrupta que caen al mar dibujando un litoral de vértigo, el Muelle de Brighton y el viejo Muelle Oeste, una estructura oxidada que se resiste a hundirse. Una piedad de hierros carbonizados.

The Lanes

Tierra adentro Brighton se explaya a través de casas de fachadas de colores, de tres alturas sobre un sótano y que se suceden en calles y alrededor de un sinfín de parques, sobrevoladas por gaviotas. El barrio más antiguo de Brighton es The Lanes, hoy convertido en una zona comercial en los que los negocios están diseminadas en laberínticas calles y callejones.

En estos twittens, como se llaman este tipo de calles estrechas, hay tiendas de antigüedades, de ropa, joyerías y Choccywoccydoodah, algo más que una tienda en la que se vende chocolate. Lo que hacen aquí son obras de arte a base de cacao y se exhiben igual que si fuera un museo.

The Lanes, en Brighton. Foto Adam Bronkhorst

The Lanes, en Brighton. Foto: Adam Bronkhorst.

The Lanes comenzó su desarrollo en los siglos XVI y XVII, de la mano de la actividad pesquera. Su gran expansión es en el XVIII, coincidiendo con la construcción de las casas de la gente que trabajaba al servicio de las familias más pudientes de la ciudad, al norte de Brighton. North Laine, en cambio, es rectangular y ordenada. Laine es una palabra anglosajona para describir los grandes campos de cultivo. En esta zona hubo cinco parcelas agrícolas abiertas cuyas vías de acceso son el origen del actual trazado de las calles.

Todos los sábados por la mañana, en Upper Gardner Street, en North Laine, tiene lugar el Mercado de Antigüedades, en el que también hay puestos de venta de artículos de segunda mano. Entre tanto negocio sobresalen la biblioteca Jubilee, en la plaza del mismo nombre, el teatro Komedia, que tiene espacio para representar varios tipos de espectáculos, el Teatro Real y la Cúpula de Brighton, edificio que alberga el Museo y Galería de Arte de la ciudad.

British Airways 360. Foto VisitBritain

British Airways 360. Foto: VisitBritain.

Un retazo de la India en Inglaterra

Este entramado de construcciones culturales lo completa el Pabellón Real. Un extravagante edificio de 1830 más propio de la India que de Inglaterra. Sus minaretes, cúpulas y grandes arcos enredados llaman poderosamente la atención a quien lo contempla por primera vez.

En su interior el rey Jorge IV, su promotor, cometió excesos y sació vicios, olvidándose del protocolo que debía cumplir una casa real de principios del siglo XIX. Cuando murió éste, su capricho tuvo diferentes usos: hospital durante la I Guerra Mundial, decorado para sesiones de fotos, sede de concursos de bebés y en la actualidad se puede alquilar para celebrar todo tipo de eventos.

Pabellón Real. Foto Rod Edwards VisitBritain

El exótico (tanto como su impulsor) Pabellón Real. Foto: Rod Edwards | VisitBritain.

Aunque para evento el festival de Ópera de Glyndebourne, un certamen operístico en el que la etiqueta no impide a los asistentes disfrutar de un picnic sobre la hierba del jardín de la hermosa casa de los anfitriones y organizadores de esta cita musical desde 1934 en la campiña de Sussex. La modelo, fotógrafa y cocinera surrealista Lee Miller solía acudir a este festival en compañía de su marido, el marchante de arte y pintor Roland Penrose y algunos de sus amigos.

Por su hogar, en la vecina granja de Farley, pasaron artistas, escritores e intelectuales como Picasso, Man Ray, Dora Maar y Leonora Carrington, entre otros, que peregrinaban hasta aquí embelesados por sus anfitriones, ambiente y viandas, especialmente las que preparaba Lee Miller, que cambió su cámara Rolleiflex por utensilios de cocina y libros de recetas. Una mujer que cocinó para honrar a sus amigos y a modo de terapia.

Y de una cocina surrealista a una clásica. En Inglaterra el plan de los domingos, desde la Edad Media, es el asado. Los pubs y los restaurantes donde lo sirven lo anuncian en pizarras y carteles: Sunday roast. Es carne de vacuno, cordero, pollo o cerdo, acompañado con patatas, salsa gravy (extractos de los jugos de la carne y verduras asadas) y budín de Yorkshire (una masa de oblea horneada). Después, una siesta o al fútbol, a ver jugar al Brighton en el estadio Falmer