Caminos de ronda: la manera más fascinante de explorar la Costa Brava

Los caminos de ronda permiten explorar el norte de Cataluña paso a paso. Foto: David Aparicio-PTCBG

Caminos de ronda: la manera más fascinante de explorar la Costa Brava

En el momento en que podamos viajar entre provincias hay que descubrir los mejores miradores de las calas de la Costa Brava gracias a estos senderos

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

03/06/2020 - 18:21h

Los caminos de ronda son una de las mejores opciones para descubrir el litoral de la Costa Brava, esos senderos que bordean playas, calas, urbanizaciones y tramos de bosques que se convierten en los mejores miradores de este rincón de Cataluña.

Su trazado es inmemorial, pero fueron muy utilizados por las fuerzas de seguridad desde el siglo XIX que vigilaban que no haya contrabandos u otras actividades ilegales en las numerosas calas de la costa catalana.

El mejor mes

Junio es el mes ideal para descubrirlos, porque reina el buen clima pero sin llegar al bochorno de julio y agosto. Si bien en muchos tramos se encuentran fuentes de agua potable o se está muy cerca de chiringuitos y núcleos urbanos, hay que tener en cuenta que algunos trayectos son más intensos y que la orografía de la región obliga a subir y bajar cuestas casi constantemente.

A lo largo de los caminos de ronda se descubren calas, pueblos de pescadores, villas costeras y bosques mediterráneos

Además su exploración puede ser una buena forma de dar la bienvenida a la fase 3 de la desescalada que permitirá viajar entre provincias. Si alguien se preocupa por evitar las multitudes, estos caminos son ideales porque permite hacer senderismo sin chocar con otras personas.

Cap de Creus. Maria Geli Pilar Planagumà. Arxiu Imatges PTCBG G

Cala cercana al Cap de Creus. Foto: Maria Geli Pilar Planagumà-PTCBG

Para realizarlos, basta con estar pertrechados por un bidón de agua, protector solar, gorro y calzado cómodo. Después, es cuestión de disfrutar.

Entre Lloret del Mar y Tossa del Mar

Los caminos de ronda se superponen entre sí, y casi todos forman parte del Gran Recorrido (GR) 92. Sus marcas rojas y blancas son un buen indicador en tramos más agrestes, pero la mayor parte de estos senderos son imposibles de perderse.

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Entre los caminos que se encuentran más al sur destaca la ruta de 12 km entre Lloret de Mar y Tossa de Mar, que tiene varios tramos de subidas por escaleras en su primer sector que implican un esfuerzo adicional.

A poco de salir de Lloret se puede descubrir cómo vivían los antiguos íberos en el poblado reconstruido de Turó Rodó, y también se van desplegando calas como las de de los Trons, la Punta de los Cabdells y la dels Frarers.

Lloret de Mar 006

Cala Sa Caleta, inicio del camino de ronda desde Lloret de Mar. Foto: Alex Tremps-PTCGB

La belleza del paisaje, con el agua que entra entre las formaciones rocosas, queda plasmado en las calas de Porto Pi, Figuera y Allà on Raja l’Aigua.

Hay tramos que se atraviesan urbanizaciones y son algo aburridos, y otros que transcurren por los acantilados y es mejor dejarlo a excursionistas bien preparados. Para el resto de los mortales, es mejor adentrarse por el bosque mediterráneo, que si bien no tiene las vistas panorámicas de la primera opción, es más seguro.

Lloret de Mar. Job Vermeulen Font. Arxiu Imatges PTCBG G

El camino de ronda tras salir de Lloret de Mar. Foto: Job Vermeulen - PTCBG

En la Punta del Cards el mar vuelve a aparecer, y desde allí, se divisa la muralla del conjunto medieval de Tossa del Mar, con la playa de Es Codolar y las visitas al faro.

De Palamós a Calella de Palafrugrell

Entre estas dos localidades costeras hay un trayecto de nueve kilómetros que, dicen los expertos, es uno de los recorridos más bonitos de la Costa Brava.

El punto de partida es la Playa de la Fosca, en Palamós, por el camino que un poco más adelante lleva a la playa virgen del Castell y a los restos del castillo de Sant Esteve de Mar.

El trayecto de Palamós a Calella de Palafrugrell es uno de los recorridos más bonitos de la Costa Brava

Calella de Palafrugell. Francesc Tur. Arxiu Imatges PTCBG G

La playa de Calella de Palafrugell. Foto: Francesc Tur-PTCBG

El trayecto pasa por el extenso parque de La Pineda d’en Gori, con 30.000 m2 de pinos blancos que aportan una agradecida sombra, y las casas de pescadores de Cala S’Alguer, con sus paredes blancas equilibradas con puertas y ventanas de colores intensos.

Mientas el camino asciende se ven, allí abajo, hermosas calas bañadas por aguas turquesas como las de Sanià, Estreta, Roca Bona, Cap de les Planes, El Vedell, Els Corbs y Els Canyers, entre otras.

El sendero bordea el hermoso jardín botánico de Cap Roig, que todos los años (excepto este, a consecuencia del coronavirus) organiza un recomendado festival artístico.

De Cadaqués al Cap de Creus

En el norte, el camino que hay que hacer sí o sí es el que transita por el agreste Parque Natural del Cabo de Creus, territorio donde en ocasiones reina el potente viento de la tramontana, con ascensos y descensos que pueden fatigar pero que tienen unos de los paisajes costeros más hermosos como recompensa.

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Cadaques foto Maria Geli – Pilar Planagumà PTCBG

Cadaqués, uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava. Foto Maria Geli - Pilar Planagumà - PTCBG

 
 

Ya el punto de partida, el pueblo de Cadaqués, vale la pena una visita exclusiva, para conocer sus casas blancas, los ateliers de los artistas y las vistas que se despliegan desde los restaurantes en la primera línea del mar.

Algunos tramos del camino de ronad transitan por zonas urbanizadas y otros por caminos flanqueados por muros de piedra

Este trayecto está impregnado de cultura, porque pasa por la Casa-Museo de Salvador Dalí en Portlligat, donde un pequeño puerto mantiene algo del espíritu solitario de cuando el genial pintor pasaba las tardes navegando y matando las horas.

Cadaqués. Ajuntament de Cadaqués. Arxiu Imatges PTCBG

El faro del Cap de Creus. Foto: Ajuntament de Cadaqués - PTCBG

Hay sectores de acantilados y olas que rompen entre las rocas que valen la pena contemplar, como las calas de Es Jonquet, Sant Lluís o Guillola, en un recorrido acompañado por el silbido del viento hasta que se divisa la columna blanca del faro del Cabo de Creus.

En su base funciona un hotel con un bar, provisto de una terraza con hermosas vistas panorámicas, y donde uno puede presumir que se encuentra en el punto más oriental de la Península Ibérica.

Eso lo sabía Dalí, que decía que había elegido vivir en Portlligat para ser la primera persona en España en ver el amanecer.

Cap de Creus. Albert Duch. Arxiu Imatges PTCBG G         
La soledad en el parque de Cap de Creus. Foto: Albert Duch-PTCBG