La katana de Yukio Mishima

Yukio Mishima. Foto Getty Images

La katana de Yukio Mishima

Medio siglo después del suicidio del autor de ‘Confesiones de una máscara’ y ‘El pabellón de oro’, visitamos los paisajes de su vida y de su obra

Álvaro Colomer

Barcelona

18/06/2020 - 18:01h

Hace ahora medio siglo, el escritor japonés Yukio Mishima se suicidó mediante la técnica del seppuku (versión completa del harakiri). Quería un Japón grande y, como nadie le escuchó, se desentrañó con una daga. Con motivo de la efeméride, Alianza rescata sus títulos más importantes y nosotros visitamos los paisajes de su vida y de su obra.

El 24 de noviembre de 1970, Yukio Mishima, el escritor más importante de la literatura japonesa de posguerra -siempre con permiso de Yasunari Kawabata-, metió en un sobre el manuscrito de su última novela, La corrupción del ángel, y lo envió a su editor. Después, fue a cenar al restaurante Suegen, todavía hoy abierto, y pidió caldo de gallina. Cuando regresó a casa, se sentó ante el escritorio y repasó un poema que llevaba meses escribiendo. Era el poema con el que pensaba despedirse del mundo.

Con otros cuatro miembros de una sociedad secreta que él mismo había fundado, Yukio Mishima trató de dar un golpe de estado para restaurante el poder al Emperador

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A la mañana siguiente, se reunió con cuatro miembros de la Tatenokai (‘Sociedad del Escudo’), una milicia que él mismo había creado con la intención de restaurar el poder al Emperador, denostado tras la rendición de Japón en la II Guerra Mundial, y juntos se dirigieron al cuartel general de las Fuerzas de Autodefensa de Japón en Ichigaya, solicitaron reunirse con el general Mashita y, cuando entraron en su despacho, lo maniataron, atrancaron la puerta e iniciaron un golpe de estado.

El ejército y los periodistas no tardaron en rodear el edificio, y Mishima, un escritor respetado en todo el país pero de quien se decía que había enloquecido por culpa del nacionalismo, salió al balcón para leer un manifiesto en el que instaba a la soldadesca a renegar de la Constitución de 1947, alzarse contra el imperialismo americano y reconocer la divinidad del emperador.

El golpe de estado había sido preparado con minuciosidad, pero en el último momento fallaron algunos factores: Mishima se había olvidado de traer un altavoz y la multitud no pudo oír su soflama. Además, los helicópteros de la policía y de los periodistas impidieron que su voz llegara a los militares congregados en la plaza de armas.

Yukio Mishima había formado una sociedad de valores tradicionalistas. Foto Getty Images

Yukio Mishima había formado una sociedad de valores tradicionalistas. Foto: Getty Images.

Las carcajadas no tardaron en resonar. Los soldados se burlaron de ese amante del culturismo que pretendía dar un golpe de estado con cuatro amigotes. Le tiraron piedras. Le llamaron ‘Loco’, ‘Idiota’ y ‘Traidor’. Y a los siete minutos, consciente de su fracaso, Mishima interrumpió su discurso y entró en el despacho del general, se arrodilló y se clavó una daga en el estómago.

A continuación, uno de sus ayudantes –y posiblemente su amante-, Masakatsu Morita, desenvainó su sable y trató de cortarle la cabeza, según indica el ritual del seppuku. Pero aquel chico estaba tan nervioso que falló una vez, dos veces y hasta tres veces. Le dio en el hombro, en el brazo y en la cara. Pero no en el cuello. Así que tuvo que ser otro miembro de la milicia, Hiroyasu Koga, quien terminara el trabajo.

Cuando los soldados entraron en el despacho, encontraron las cabezas del escritor y de su ejecutor colocadas convenientemente sobre la alfombra. Era el 25 de noviembre de 1970 y Yukio Mishima tenía 45 años. La foto de su cabeza cortada apareció en la portada del periódico Asahi y todavía hoy sigue siendo el ejemplar más vendido de toda la historia de ese diario.

La vida y la obra de Yukio Mishima discurren en paralelo. Hay quien se acerca a sus novelas movido por la biografía de un escritor homosexual y enclenque que, de golpe y porrazo, se convirtió en un samurái musculoso, y hay quien se acerca a su biografía tras haber leído esas novelas extremadamente sensibles que estuvieron a punto de hacerle merecer el Premio Nobel.

Confesiones de una máscara. Yukio Mishima

Confesiones de una máscara, Yukio Mishima (Alianza).

De hecho, se cuenta que, en 1968, Mishima se puso un vestido de gala para esperar la llamada de la Academia sueca. Cuando se enteró de que el ganador había sido Yasunari Kawabata, se puso una camiseta y unos vaqueros y telefoneó a su amigo para felicitarle. Poco después, Kawabata dijo ante la prensa: ‘Ignoro por qué me han dado el premio a mí, existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo sólo lo produce la Humanidad cada dos o tres siglos. Tiene un don milagroso para las palabras’. Según algunos rumores, Mishima no ganó por sus actividades radicales vinculadas a la extrema derecha. Pero esto es algo que nunca podremos saber.

La editorial Alianza acaba de reeditar algunas de sus novelas más importantes. Entre ellas, Confesiones de una máscara, traducida por primera vez directamente del japonés gracias a Rumi Sato y Carlos Rubio. Los otros títulos son El color prohibido (Keiko Takahashi y Jordi Fibla Feito), Sed de amor (Ricardo Domingo) y El marino que perdió la gracia del mar (Jesús Zulaika Goikoetxea). Y hace ahora cinco meses, la misma Alianza publicó una edición especial de El pabellón de oro (Carlos Rubio), una novela que es todo un homenaje al Templo del Pabellón de Oro, en Kioto.

 

Otro destino vinculado a la obra de Mishima es, evidentemente, el Museo Literario de Yukio Mishima

El pabellón de oro, Yukio Mishima

El pabellón de oro, Yukio Mishima (Alianza).

, ubicado en el interior del Bosque Yamanakako, un paisaje de gran belleza en cuyo corazón descansan las cartas, los manuscritos, las fotografías y los demás documentos de uno de los escritores más importantes del siglo XX.