El póker de ases de los museos de automóviles de Alemania

Diferentes modelos de los Flecha de Plata de Mercedes Benz. Foto: Museo Mercedes Benz

El póker de ases de los museos de automóviles de Alemania

Al sur de Alemania se encuentran cuatro museos que todo apasionado del motor no se puede perder. Estos son los templos de Audi, Mercedes, Porsche y BMW

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

15/06/2020 - 18:56h

Hay cientos, miles de turistas que cada año llegan a Alemania para ver museos. Pero no los de arte ni de historia, sino los dedicados al automóvil, una de las industrias más importantes de este país europeo. En el sur hay un póker de ases de grandes marcas, cada una con su fascinante centro de visitas que invita a descubrir la evolución de cada casa. Son los museos de Porsche, Mercedes Benz, Audi y BMW.

Es cierto que el listado debería completarse con el centro de Volkswagen Audostadt, en Wolfsburgo, en la franja norte de Alemania. Por ello vamos a concentrarnos en estos cuatro museos de Bavaria y Waden-Wuttermberg, en el sur.

En Stuttgart, Múnich e Ingolstadt se encuentran los fascinantes museos de los cuatro grandes de la industria de coches de Alemania (con excepción de Volkswagen)

Estos centros no son exclusivamente para fanáticos de los automóviles: es para toda persona interesada tanto en la tecnología como en la historia del siglo XX (y buena parte del XXI), así como a los interesados por la arquitectura, porque cada uno de estos templos a la industria son una obra maestra de la ingeniería.

Porsche, la pasión deportiva

Un punto de partida puede ser Stuttgart, sede del Museo Porsche, donde se presentan 80 modelos entre coches deportivos, prototipos y autos de carrera.

Porsche Museum. Foto Turismo de Stuttgart.

El futurista diseño del Museo de Porsche. Foto Turismo de Stuttgart.

El camino que recorre las instalaciones, conocida como la escalera al cielo para los amantes de Porsche, inicia su periplo en el prototipo de aluminio del Porsche 64, considerado la génesis de la marca.

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porsche normal Foto Museo Porsche

Algunas de las glorias deportivas de Porsche. Foto: Museo Porsche

Desde allí, uno desciende guiándose por los números de los modelos: 356, 917, 911, 550, 928, etcétera; así como los iconos del deporte en cuatro ruedas como el Pink Pig que participó en la carrera de Le Mans en 1971, entre otros coches que coronaron a la marca creada por Ferdinand Porsche 12 veces en esa maratónica carrera, entre 1970 y 1987.

Mercedes Benz, el padrino

También en Stuttgart se encuentra la cuna del padrino de los coches: Mercedes Benz. Según el New York Times, este es el Louvre de los museos de coches. Y si bien el debate sobre quién inventó el primer automóvil seguirá vigente entre franceses y alemanes, de lo que no cabe duda es que este es el primer centro temático dedicado a una marca, ya que fue creado en 1936.

Mercedes Benz 300 SLR Foto Museo Mercedes Benz

El Mercedes Benz 300 SLR y otros modelos de la marca de la estrella. Foto Museo Mercedes Benz

Sin embargo sus modernas instalaciones fueron inauguradas en 2006, y es un despliegue cronológico de casi 130 años de historia sintetizados en nada menos que 1.500 coches distribuidos en nueve plantas.

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El edificio, claramente inspirado en el Guggenheim de Nueva York, tiene dos recorridos que se entrecruzan en un diseño de hélice. En uno se puede explorar la evolución de la marca desde el Benz Patent Motorwagen de 1886 hasta los últimos modelos.

Mercedes Benz 500 K Special Roadster (W 29) Foto Mercedes Benz

Los Mercedes Benz 500 K Special Roadster. Foto Mercedes Benz

El otro sendero agrupa a las unidades por colecciones, entre modelos deportivos, prototipos y de consumo masivo que también culmina en la planta baja con la Flecha de Plata, el coche que tantas alegrías dio al fabricante en la Fórmula 1 a mediados del siglo XX.

Audi, más que un museo

Otro de los vértices de este triángulo de la pasión automovilística es Ingolstadt, donde se encuentra el Museo de Audi.

Foto Audi

Modelos de lujo de Audi: Foto: Museo Audi

Aquí no solo se puede conocer la historia de esta marca sino también las raíces de otras insignias que en los 30 llevaron a crear la sociedad de los cuatro aros, que son DKW, Horch y Wanderer.

Desde limusinas a vanguardistas bólidos de carrera, en el Museo de Audi se sigue la historia de unas de las marcas más innovadoras

El moderno centro se caracteriza por un ascensor que conduce por las tres plantas y que permite seguir la evolución de sus modelos, como la elegante limusina Horch 670 de 12 caballos hasta la línea R8 de audaces deportivos, pasando por coches que han sido sensación en carreras como Le Mans y prototipos que nunca vieron la luz más allá de los planos y las maquetas.

Modelos deportivos Foto Audi

Despliegue de modelos competidores en Le Mans. Foto: Museo Audi

El complejo de 77.000 metros cuadrados también cuenta con salas de presentaciones, simuladores y un elegante restaurante ideal para reponer fuerzas tras la caminata.

BMW, el templo bávaro

El último punto está en Múnich. A 50 km hacia el sur se encuentra el centro BMW World, que más que un museo, es “un templo, un mercado y centro de comunicaciones, un lugar de encuentro para el intercambio de ideas”, definió el arquitecto Wolf Prix en su inauguración.

escultura cinectica Foto BMW Welt

Escultura cinética con forma de automóvil. Foto BMW Welt

El moderno edificio, inaugurado en 2007, se caracteriza por un sector con forma de bol, otro cuya estructura gira en sí misma, que se complementa con espacios diáfanos en donde la exhibición va de la mano con tecnologías multimedia.

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Las rampas y puentes pueden llevar desde una escultura cinéctica de 714 esferas metálicas que dan forma a la silueta de un automóvil a juegos que invitan a demostrar la habilidad tanto en una pista de carreras como en una regata náutica.

BMW Welt Foto BMW

El moderno diseño del BMW Welt. Foto BMW

Porque en este museo no solo se ven coches de BMW, sino también motocicletas y bólidos de Fórmula 1 como el Brabham que coronó a Nelson Piquet en 1983 o el elegante Baroque Angel de 1954, diseñado especialmente para las flamantes autopistas abiertas en la posguerra.

Como en los otros museos, la visita es recomendada hasta para quien no le interese en lo más mínimo este mundo. Comer en su restaurante, con magníficas vistas panorámicas de la Villa Olímpica de Múnich, ya vale la pena.