El rincón de la costa croata que escapa a las multitudes

En el delta del río Neretva, en Croaia, las únicas multitudes que hay son las que practican kitesurfing.

El rincón de la costa croata que escapa a las multitudes

El delta del río Neretva, cerca de Dubrovnik, mantiene la belleza de la Costa Dálmata pero sin el agobio de las multitudes

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

26/03/2019 - 12:22h

El delta del río Neretva, sobre la costa de Croacia, es un valle lejos del radar de las multitudes que invaden la Costa Dálmata, un remanso de tranquilidad que permite descubrir la cara más auténtica del país del Adriático.

La mayor parte de los 255 kilómetros del Neretva transcurre por Bosnia-Herzegovina, y en su recorrido pasa por Mostar, cuyo puente viejo es uno de los símbolos de la destrucción y reconstrucción de la guerra civil de la ex Yugoslavia.

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Otros sitios recuerdan a la Batalla del Neretva, donde la Alemania Nazi emprendió en 1943 una campaña para acabar con el naciente Estado Independiente de Croacia y sus unidades partisanas.

En medio de mecas turísticas

De aguas muy frías para ser un río (de cinco a ocho grados), al llegar al Adriático se separa en diversos afluentes, sitio donde los agricultores mantienen intactas sus tradiciones y en los que apenas se ven turistas.

El delta del Neretva se encuentra a 87 kilómetros de Dubrovnik y 144 de Split, dos de las mecas turísticas más importantes de Croacia.

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Los sembradíos conquistan los afluentes del río Neretva.

Entre ellas transcurre la carretera costera que tienen un breve retén en la franja de Bosnia que sale hacia el mar, pero apenas hay buses y coches de turistas que se desvíen a este valle.

Apenas hay coches de turistas que se desvíen de la carretera de Dubrovnik al valle del Neretva

Cuando se toma el camino que conduce desde Dubrovnik a Mostar se puede ver el valle cruzado por los afluentes del río, con las parcelas de los sembradíos que desde las alturas de las sierras parecen un tablero de ajedrez en tonos verdes.

Volver a la Croacia de antes

“Viaja en el Neretva es como volver a la Croacia de hace 30 años”, describe Hannah Summers en The Guardian. Por el delta se despliegan pueblos minúsculos de paredes blancas y techos de tejas rojas, todos con su iglesia y su plaza con una fuente central.

El delta es uno de los pocos sitios con playas de arena de la Costa Dálmata. Opuzensko Usce es un paraje recomendado para practicar kitesurfing, y quien no tenga habilidad para domar el viento, puede ver el atardecer disfrutando de una cerveza Ozujsko en un sencillo bar, a un precio un tercio menor de lo que puede costar en Dubrovnik.

Opuzen
Opuzen, uno de los pueblos situados en la desembocadura del Neretva.

Otra alternativa para recorrer la zona es alquilar un kayak y remontar los afluentes mientras se contempla algunas de las 300 especies de aves que anidan en la zona.

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La gastronomía de los pueblos se especializa en ancas de rana con mantequilla y anguilas, platos que conviene maridar con el visnjevac, un licor de cerezas autóctono o con el vino Terra Madre, que se produce en la región.

En los pueblos hay que probar las especialidades: ancas de rana en mantequilla y anguilas

En los alrededores abundan las cosechas de sandías y melocotones, que se venden a un precio casi simbólico en las carreteras donde apenas pasan coches, sitios que se recorren en bicicleta todo terreno.

Dónde descansar

Para dormir hay visitantes que eligen al pueblo de Blace. No hay hoteles, pero los residentes suelen ofrecer sus viviendas para pasar la noche, una forma de conocer más de cerca cómo es la vida en estos parajes.

Otra alternativa es la ciudad de Opuzen, donde hay un bonito barrio viejo construido sobre las ruinas de un antiguo foro romano. En los bares de la plaza principal se pueden probar los mejillones rebozados, el risotto negro con tinta de calamar y la ensalada de pulpo, unos manjares autóctonos que se degustan mientras se deja que el tiempo transcurra lentamente.