El roadtrip perfecto para conocer Marruecos de arriba abajo

La primera ciudad imperial de Marruecos es también su capital espiritual y cultural. Foto: Chronis Yan | Unsplash

El roadtrip perfecto para conocer Marruecos de arriba abajo

De Tánger a Ouarzazate pasando por Asilah, Chefchaouen, Meknés, Essaouira y Marrakech, 17 días y 10 paradas para conocer el alma y el corazón de Marruecos

Lucía Díaz Madurga

Madrid

30/05/2020 - 18:29h

Recorrer un país de norte a sur y de este a oeste es cuestión de proponérselo y de encontrar la forma perfecta para hacerlo. Marruecos es ideal para ello, pues está a escasos quince kilómetros de costa española, tiene mar, montaña y desierto, infinidad de paisajes y cada región cuenta con unas características muy concretas. Proponemos el roadtrip definitivo en 17 días.

En este tiempo se puede hacer un recorrido completo y volver con una idea global de su esencia. Marruecos es un país de cercanía, de contrastes, lleno colores, con una gastronomía apasionante y una cultura en la que se encuentran también nuestras raíces.

17 días y 10 paradas para conocer la esencia de Marruecos en Tánger, Asilah, Chefchaouen, Fez, Meknés, Rabat, Casablanca, Essaouira, Marrakech y Ouarzazate

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Primera parada: Tánger (dos días)

Frente al Estrecho de Gibraltar, a tan sólo unos kilómetros de la costa española, se encuentra Tánger. Una ciudad que se asoma al Atlántico y al Mediterráneo a partes iguales y cuyo nombre nos lleva a la mitología romana y a Tingis, la mujer del hijo de Neptuno.

El roadtrip arranca en Tánger. Foto Getty Images

El roadtrip arranca en Tánger. Foto: Getty Images.

La localidad se convirtió, durante la época colonial, en lugar de peregrinaje de políticos y artistas en busca de inspiración. Hoy, esta ciudad portuaria tiene muy presente la mezcla de las culturas africana y europea.

En Tánger es necesario un recorrido por su medina, el casco antiguo conformado por callejuelas que comienza en el puerto y se desarrolla colina arriba; pasear por la plaza del 9 de abril de 1947 o Gran Zoco, que separa la ciudad vieja de la nueva y en la que se concentran cafetines, cines y pequeñas tiendas de artesanía que trabajan la plata y el cobre.

Tampoco hay que perderse la visita al Gran Teatro Cervantes, un edificio modernista de tipo art déco construido en 1913 por Diego Jiménez y, por supuesto, tomar un té moruno frente al mar en el Café Hafa, localizado en un acantilado, por el que pasaron los Rolling Stones, Paul Bowles o The Beatles, entre otras personalidades.

Gruta de Hércules. Foto Meor Mohamad Unsplash

Gruta de Hércules. Foto: Meor Mohamad | Unsplash.

¿Una última idea? La maravillosa excursión -a quince minutos del centro de la ciudad-, a las Grutas de Hércules, unas cavidades naturales con la silueta de un rostro que el mar invade con la marea alta.

Segunda parada: Asilah (un día)

Una visita indispensable, a 45 minutos de Tánger, es Asilah, un municipio que bordea el mar rodeado de las antiguas murallas que construyeron los colonos portugueses en el siglo XV.

Lo interesante de este lugar, en el que también se puede hacer noche, es la ciudad antigua -aunque también merece un recorrido la moderna-, donde se localiza su artística medina y donde tiene lugar el Festival Cultural Internacional de Asilah con el que cada verano la ciudad acoge a escritores, pintores, músicos, cineastas y visitantes para disfrutar del arte en cualquiera de sus manifestaciones. De ahí que las fachadas de sus edificios y todas sus callejuelas estén pintadas con murales a todo color.

Asilah. Foto Lucía Madurga.

Murallas de Asilah. Foto: Lucía Madurga.

Tercera parada: Chefchaouen (2 días)

Conocida también como la Ciudad Azul o el ‘Pueblo Pitufo’ porque sus casas están pintadas entre blanco y añil, Chefchaouen está ubicada sobre un pequeño valle, rozando con la cordillera del Rif. Su casco antiguo crece hacia la montaña y se topa en su punto más alto con los manantiales de Ras al-Ma, un lugar de ocio y diversión en el que locales y turistas acuden a refrescarse en verano.

En Chefchaouen es esencial recorrer la medina, donde se localiza la alcazaba -una fortaleza restaurada y convertida en museo etnográfico- y su preciosa plaza Uta el-Hamman, lugar en el que se ubica la Gran Mezquita, una construcción del siglo XV con una torre octogonal que se ve desde prácticamente toda la ciudad.

Chefchaouen, el pueblo azul del Rif que atrae a legiones de turistas. Foto: Milad Alizadeh - Unsplash

Chefchaouen, el pueblo azul del Rif. Foto: Milad Alizadeh | Unsplash.

Cuarta parada: Fez (2 días)

Surgida en el siglo VIII, Fez o Fes fue la primera ciudad imperial de Marruecos y cuenta con una de las universidades más antiguas del mundo. La capital cultural y espiritual del país bien puede ser la ciudad más impactante de este recorrido, sobre todo por la crudeza y la inmensidad de su medina, la más grande del mundo (que recomendamos visitar con guía para evitar perdernos).

El interior de su ciudad amurallada, en la ciudad antigua, se pueden visitar multitud de lugares, a destacar el Mausoleo Zaouia de Moulay Idriss II, la Madrasa (escuela) Medersa Al-Attarine, el Museo de Artesanía Dar Batha y sus sorprendentes curtidurías donde se ve de primera mano cómo se trabaja, se curte y se tiñe de forma artesanal el cuero que se vende en muchos de los puestos del país y del mundo.

Fez. Foto Laura Montagnani Pixabay

Curtidorías en Fez. Foto: Laura Montagnani | Pixabay.

Quinta parada: Meknés (1 día)

Desde Fez vale la pena acercarse un día a Meknés o Mequinez o, incluso, hacer una excursión de ida y vuelta. Esta ciudad, que está a tan solo 50 minutos en coche, también forma parte de las cuatro ciudades imperiales que tuvo Marruecos.

Antes de llegar, y viniendo desde Fez, se llega a Volubilis, posiblemente las mejores ruinas romanas de Marruecos y declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco.

Una vez en el centro de la ciudad, llama la atención la cantidad de monumentos históricos con los que cuenta, los cien alminares que la recorren y los 40 kilómetros de muralla defensiva que la cobijan.

Ruinas romanas de Volubilis. Foto Pixabay

Ruinas romanas de Volubilis. Foto: Pixabay.

Nos recibe la puerta de entrada Bab Mansour, construida en 1732 y considerada la puerta más grande de Marruecos y de África del Norte. Además de recorrer la muralla y ver sus puertas y alminares, Meknés nos reserva el fabuloso mausoleo de Mulay Ismail, los Jardines de los Sultanes, las Caballerizas y el Museo de Arte Marroquí.

Sexta parada: Rabat (1 día)

Es la capital de Marruecos y el núcleo administrativo de todo el país y, desde luego, eso se nota en sus calles y en su ambiente. Rabat es la combinación de una ciudad con carácter europeo y raíces árabes en la que contrasta su pequeña medina -prácticamente sin asfaltar- con los edificios de oficinas o los mercadillos callejeros con los trabajadores trajeados. Esa es la esencia de esta ciudad.

La Torre Hassan, la antigua torre inacabada de una mezquita, que se ubica cerca del Mausoleo de Mohamed V junto con la Kasbah des Oudaias y los jardines denominados Andalusian Gardens son sus mayores atractivos.

Mausoleo de Mohamed V. Foto: Lucía Díaz Madurga

Mausoleo de Mohamed V. Foto: Lucía Díaz Madurga.

También la playa, hasta donde se desplazan numerosos locales y turistas para tomar clases de surf en medio del Atlántico.

Séptima parada: Casablanca (1 día)

A una hora en coche desde la capital y con dirección sur recorriendo la costa, se llega a Casablanca. Es la ciudad más cosmopolita de todo el recorrido y el centro artístico, marítimo e industrial del país. Y es que, si Rabat era la mezcla entre oriente y occidente, Casablanca es la gran metrópoli Marruecos.

Aquí se encuentra una de las mezquitas más grandes del mundo, la de Hassan II, que impacta por su inmensidad, su cercanía al mar, su arquitectura ornamentada y su gigantesco alminar. Tampoco se queda atrás La Corniche, un paseo marítimo que termina en el faro Hank, ni el santuario de Sidi Abderrahman, construido sobre una roca en medio del mar y al que se accede por un puente.

Casablanca. Foto Hans Juergen Weinhardt Pixabay

Mezquita de Hassan II, en Casablanca. Foto: Hans Juergen Weinhardt | Pixabay.

Octava parada: Essaouira (2 días)

Siguiendo hacia el sur, bordeando el Océano Atlántico y antes de adentrarnos de nuevo al centro del país con el objetivo de llegar hasta el desierto del Sáhara, nos topamos con Essaouira. Esta ciudad cosmopolita de la costa atlántica, localizada a los pies del Gran Atlas en una isla rocosa, es un lugar de belleza extrema.

Su ambiente relajado y tranquilo, sus playas -consideradas de las mejores de Marruecos- y su hermoso paisaje hacen que merezca la pena el desplazamiento hasta ella.

La ciudad, rodeada por una gran muralla d el siglo XVIII, ha convertido el interior de su medina en Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y, a pesar de no ser muy grande, Essaouira invita al descanso y al paseo por sus calles con la única intención de disfrutar de la orfebrería y la artesanía. Su puerto y su astillero, la mezquita Ibn Youssef y el mercado Souk el Jdid son visitas indispensables. Tan pequeña como apetecible, Essaouira se recorre casi sin pensarla.

Essaouira. Foto Thiebaud Faix Unsplash

Essaouira. Foto: Thiebaud Faix | Unsplash.

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Novena parada: Marrakech (3 días)

Marrakech además de ser la última de las ciudades imperiales es, posiblemente, el destino más conocido de todo el país y también el más visitado.

En el recorrido indispensable se cuenta, claro, la Plaza Djemaa el Fna -Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco-, donde se concentra todo el bullicio de la ciudad. Este el espacio ideal para probar la comida callejera y descubrir buena parte de la gastronomía del país simplemente cambiando de puesto.

Pero Marrakech tiene mucho que visitar además de esta plaza y su medina, sobre todo, a nivel arquitectónico y cultural como el Palacio de la Bahía, un complejo arquitectónico del siglo XIX; la mezquita Kutubía, del siglo XII y cuyo minarete puede verse desde prácticamente cualquier punto de la ciudad; el Palacio el Badi, construido a finales del siglo XVI por el sultán Ahmed al-Mansour con el objetivo de crear el palacio más lujoso y grandioso de Marruecos; o las Tumbas Saadies, una muestra de los pocos vestigios que quedan de los Saadies que gobernaron la ciudad durante su época dorada.

Marrakech. Foto Chronis Yan Unsplash

Marrakech. Foto: Chronis Yan | Unsplash.

Décima parada: Ouarzazate (2 días)

Acercarse a Marrakech supone la excusa perfecta para desplazarse un poco más hacia el interior -concretamente 3 horas y media- hasta toparse con Ouarzazate, la ‘Puerta del desierto’. Es un destino obligado para pasar una noche y conocer de primera mano el comienzo del desierto marroquí.

Lo más destacado de la ciudad es la ciudad vieja, donde se encuentra el Mercado Central, el zoco de artesanía y la plaza Al Mouahidine. También la Kasbah de Ouarzazate, una fortaleza hecha de adobe, flanqueada por torres almenadas, que fue construida en el siglo XVIII con motivo de la ruta del oro por la tribu glaoui.

Y una visita de lo más curiosa, los estudios de cine de la ciudad en los que se pueden ver los decorados utilizados en las películas y las series rodadas en la zona (que no son pocas) como Juego de Tronos, Babel, Gladiator o La Joya del Nilo, por mencionar algunas.