El vértigo de caminar por un muro de hielo

Las caminatas por el glaciar pueden durar de una a cuatro horas

El vértigo de caminar por un muro de hielo

En la Patagonia argentina hay una alternativa más interesante que mirar cómo caen los bloques del glaciar Perito Moreno: realizar un trekking por su superficie

Es una lengua de hielo de formas caprichosas, una planicie sembrada de cúpulas de catedrales que se extiende por cinco kilómetros hasta donde la vista ya no divisa límites. Y cada tanto, se escuchan los sonidos de trueno de los bloques que rompen y caen al lago con alma suicida.

El glaciar Perito Moreno no es el más grande pero sí el más visitado y famoso de las formaciones de hielo que se extienden en el lago Argentino, al sur de la Patagonia argentina. Los otros glaciares vecinos, como el Upsala o el Spegazzini, también son impactantes y dejan a los turistas con la expresión congelada. Pero para llegar a ellos hay que tomar barcos especiales, y los icebergs que flotan en las inmediaciones complican el acercamiento de las naves.

En cambio el Perito Moreno está frente a la tierra firme, y su pared de 60 metros de alto se contempla desde los balcones y pasarelas que lo rodean a corta distancia. Pero una opción más interesante es realizar un trekking sobre el glaciar.

La lengua de hielo que cambia cada día

Esta alternativa de turismo aventura ha crecido en la última década, y está organizada por guías que cada mañana recorren la superficie del glaciar para verificar la seguridad de los senderos. Es que el glaciar es como un organismo vivo, que avanza dos metros cada día, y donde ayer había un paso seguro hoy podría haber una grieta.

Los operadores ofrecen caminatas de entre una hora y media o cuatro horas, y en el recorrido se contempla cómo el glaciar no es exactamente blanco ni azul, sino que ofrece una variada gama de tonalidades entre esos dos colores. El hielo se convierte en agujas cónicas, vértices redondeados, lagunas minúsculas, sumideros (pequeños hoyos) y seracs (grietas). La vista no se cansa de contemplar tanta rareza gélida, y los sonidos de las grampas de los zapatos al adherirse al hielo es el único que se escucha por momentos. Y en otros, claro, el tronar de los bloques al caer al lago.

Un whisky con hielo del glaciar

En la mitad de la excursión, previsiblemente los guías montan una mesa con una caja de chocolates y, de una pared helada del glaciar, sacan un whisky que van sirviendo a los visitantes. Con un pico, uno de los guías la rompe y deposita el hielo entre los vasos. Estamos frente a n “escocés” (como le llaman en esas latitudes) servido con un trozo del glaciar Perito Moreno.

Luego, es cuestión de regresar, sentir la inmensidad de la soledad patagónica en esa explanada helada, y comprender que aunque esa masa de hielo impacta por sus dimensiones, su existencia también sintetiza la fragilidad de este ecosistema, parte de unas de las mayores reservas de agua dulce del planeta.

Dónde dormir y comer en El Calafate

El Calafate, la ciudad que sirve de punto de base para los paseos lacustres y las excursiones al Perito Moreno, no es un sitio que uno recuerde por su belleza –lo bonito en realidad se despliega en la naturaleza que lo rodea-, pero de a poco los hoteles y restaurantes se preocupan en presentar establecimientos elegantes, con mucha abundancia de madera y con altos estándares de construcción.

La oferta hotelera oscila entre sencillos albergues para montañeros hasta sofisticados hoteles cinco estrellas. Y las cabañas son la modalidad de alojamiento más popular. Los hoteles más exclusivos, como el Design Suites, el Imago o Los Alamos cuestan desde 400 a 200 euros una habitación doble; y los tres estrellas se ofrecen desde 80 a 20 euros la noche en una cuarto similar.

A la hora de comer, por lo menos una vez en la estadía, no puede faltar el cordero patagónico. Y si es “a la cruz”, mejor todavía: la carne del animal se cocina lentamente, unas ocho o nueve horas, con el calor de las brasas –con poco fuego- que están algo alejadas del cordero. Si está tan tierno “como una manteca”, como dicen en estos parajes remotos, es que está en su punto justo. ¿Dónde probarlo? Pues en La Tablita lo hacen de maravillas, aunque también se puede degustar en Mi Viejo o La Posta. Pero como El Calafate se precia de ser un destino internacional, para probar alternativas gastronómicas más complejas y sofisticadas se puede tantear las opciones de Mora, Barlovento o Mako

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