Funchal: 48 horas en la capital de la eterna primavera

Funchal crece desde el mar trepando por las colinas. Foto: Turismo de Madeira.

Funchal: 48 horas en la capital de la eterna primavera

Del tradicional Mercado dos Lavradores al moderno NIni Andrade Silva Design Center, recorremos la capital de Madeira, una joya varada en el Atlántico

Mar Nuevo

Madrid

22/08/2019 - 18:56h

Un día refugio de exploradores y piratas, la capital de Madeira es hoy una ciudad moderna y cosmopolita, tal vez una de las joyas portuguesas más olvidadas, que destila arte y estilo a través de una acertada combinación de historia y cultura, gastronomía y vinos, arte urbano y festivales, playas y colinas de un exuberante verde esmeralda.  

Con alrededor de 112.000 habitantes, Funchal es la décima población lusa por población, además de una de las ciudades más seguras y limpias de Europa, codiciada en el pasado siglo por personajes de la talla de la emperatriz Sissi o Winston Churchill.

El teleférico, los Carreiros do Monte, el Mercado dos Lavradores, la gastronomía de la Zona Vieja, la Catedral, la Praça CR7 o el Nini Andrade Silva Design Center son visitas imprescindibles

[Para leer más: Troia y Comporta: el paraíso está más cerca de lo que imaginas]

Bahía asomada al Atlántico

Tras aterrizar en el aeropuerto de Madeira, uno de los más complicados del mundo y que lleva por sobrenombre el del isleño más internacional, Cristiano Ronaldo, nos dirigimos a Funchal.

Funchal. Foto: Francisco Correia | Turismo de Madeira.
Vista de Funchal. Foto: Francisco Correia | Turismo de Madeira.

Al sur de la isla y asomada al Atlántico, nos recibe una bahía iluminada por el sol y donde antiguamente crecía el hinojo (funcho en portugués) que precisamente le cedió su nombre.

Fundda por el navegante y explorador portugués João Gonçalves Zarco en el siglo XV, Funchal cuenta con seis siglos de historia 

Con forma de anfiteatro, la ciudad se extiende por la costa mientras sus barrios trepan desde el puerto hasta las colinas, encaramándose en las laderas de la montaña, mientras junto al mar descansa el centro histórico.

Plataneras y jardines en los que se cultivan flores durante todo el año rodean Funchal, haciendo de ella una urbe verde y en apariencia tranquila, que esconde, eso sí, un buen puñado de atractivos para visitar y una vida nocturna vibrante.

Zona Vieja

Seis siglos de historia -la ciudad fue fundada por el navegante y explorador portugués João Gonçalves Zarco en el siglo XV- han modelado la ciudad, empezando por la Zona Vieja, donde un interesante proyecto denominado Arte de Puertas Abiertas transformó varias de sus calles en una enorme galería que pone el acento en los artistas locales.

Puertas decoradas en Funchal. Foto: Alfred Koop | Pixabay.
Puertas Funchal. Foto Alfred Koop | Pixabay.

En marcha desde 2011, gracias a esta iniciativa, que busca abrir las puertas de la ciudad al arte y la cultura, se han intervenido más de 200 entradas a tiendas y edificios abandonados y deteriorados que cobraron así nueva vida. La pintura se acompaña de todo tipo de eventos culturales y artísticos y ha logrado hacer de la calle Santa María un poco de creatividad, alegría, luz y color.

La Zona Vieja está repleta de restaurantes donde probar platos locales como el pez espada con plátano frito, el pan de mantequilla de ajo, el bollo de miel o la espetada de carne a la barbacoa

Podemos aprovechar para tomar un bocado en alguno de los restaurantes de la zona, que ofrecen especialidades de Madeira entre las que se cuentan el pez espada con plátano frito, el pan de mantequilla de ajo, el bollo de miel o la espetada de carne a la barbacoa. Además, muchos de estos establecimientos nos sorprenderán con actuaciones de música en directo.

Avenida Arriaga

Nos dirigimos después a la Avenida Arriaga, una de las zonas más dinámicas de la ciudad y que ofrece acceso directo al jardín Municipal, al Teatro Municipal y a La Catedral, la Sé, construida entre 1495 y 1521 en plena expansión portuguesa hacia la India por lo que presenta una mezcla de estilos que van del flamenco al manuelino, pasando por el hispano-gótico.

Avenida Arriaga, Funchal. Foto: Francisco Correia | Turismo de Madeira.
Avenida Arriaga, Funchal. Foto: Francisco Correia | Turismo de Madeira.

Las Bodegas Blandy nos reclaman una parada y nos invitan a conocer la historia y el proceso de elaboración tradicional de los vinos más prestigiosos de la isla en un lugar tan mágico como las Bodegas de San Francisco, recinto que un día perteneció al Convento de São Francisco.

Además, durante finales de agosto y principios de setiembre, se celebra el Wine Festival -este año del 3 al 7 de septiembre-, una celebración dedicada especialmente a rendir homenaje a las variedades de la uva de la isla -actualmente unas 30- y también a sus tradiciones más antiguas.

Si nos hemos quedado con ganas de más siempre podemos optar por un Food and Wine Tour, una ruta que nos guía hacia las bondades de la mesa madeirense y que ofrecen diferentes empresas en la ciudad, aunque lo que no hemos de dejar pasar es una visita al Mercado dos Lavradores.

Se trata de un paraíso de sabor y color en el que encontraremos productos locales e internacionales como frutas tropicales, carne, pescado o verduras, así como flores y plantas exóticas, como las orquídeas. Merece la pena también por su arquitectura así como por los azulejos que lo decoran.

Mercado Funchal. Foto: Turismo de Madeira.
Mercado dos Lavradores, Funchal. Foto: Turismo de Madeira.

Teleférico a Monte

También en el casco antiguo debemos dirigirnos al teleférico que conecta Funchal a Monte. Arriba nos esperan jardines exuberantes y la emblemática iglesia de la Virgen del Monte, donde se encuentra el túmulo de Carlos de Habsburgo-Lorena, el último emperador de Austria, que vivió aquí.

Es imprescindible apreciar las vistas panorámicas del mar desde el Jardín Tropical Monte Palace, un antiguo hotel del siglo XVIII restaurado y convertido en un jardín de un total de siete hectáreas que acoge cisnes y pavos reales entre flores y plantas tropicales de diferentes lugares del mundo.

Templos, esculturas, lagos y cerámicas que narran los nexos entre portugueses y nipones completan este original espacio.

Antiguos azulejos de Portugal y un museo de minerales y piedras preciosas nos esperan también en esta parte de la ciudad, de la que regresamos bajando por las empinadas calles a bordo de un carro sobre un cesto de mimbre llevado por los Carreiros do Monte, los hombres que desde mediados del siglo XIX transportaban la comida a través de este mecanismo.

Funchal. Foto: Turismo de Madeira.
Funchal. Foto: Turismo de Madeira.

El Puerto

De vuelta en la zona baja nos dirigimos a la avenida do Mar y al antiguo muelle de la ciudad. El puerto de Funchal ha sido siempre uno de los iconos de la ciudad y, durante años, uno de los más importantes para recibir escalas de cruceros gracias a su espectacularidad. De hecho, muchos viajes inaugurales de nuevos cruceros y transatlánticos tienen aquí su origen, por lo que no es extraño avistar estos buques en cualquier momento del año.

Nos sale también al paso la Plaza CR7, donde se levanta la colosal estatua dedicada al futbolista madereisense, así como su museo.

Puerto de Funchal. Foto: Turismo de Madeira.
Su puerto es uno de los más atractivos para los cruceros. Foto: Turismo de Madeira.

Más interesante, la Pontinha, nos reserva una última visita, la del NIni Andrade Silva Design Center, perfecto para acudir al caer el día ya que, además de espacio expositivo que recorre la trayectoria de la artista, cuenta con un restaurante con una maravillosa terraza con unas de las mejores vistas de la ciudad, perfecto para poner el broche de oro a este paseo por Funchal.