Colibrí: la recuperación de los sabores perdidos de Barceloneta

El Colibrí aspira a recuperar la memoria gastronómica de Barceloneta. Fotos: Colibrí.

Colibrí: la recuperación de los sabores perdidos de Barceloneta

El viejo Colibrí del Raval reabre en Barceloneta, en un local que recupera el pasado gastronómico de este barrio que está perdiendo su identidad

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

01/06/2019 - 15:00h

Barceloneta es un barrio de pescadores donde casi no viven pescadores. Se convirtió en una gema tan atractiva para el turismo que en las últimas décadas su identidad barrial, algo canalla y con un toque marginal, se ha diluido. Pero hay esperanzas.

La bodega mediterránea Colibrí vuelve a volar en el Paseo Juan de Borbón de Barceloneta, quizás una de las calles que más se transformó por el éxito turístico de la ciudad.

[Para leer más: La cocina más tradicional de los pescadores desembarca en Barcelona]

Su dueño, Sergio Gil, aspira a recuperar un punto de encuentro gastronómico y social para los vecinos. “Queremos devolver un bar a la gente de Barcelona”, dice a Cerodosbé.

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Vista del salón privado del piso superior.

Taberna como las de antes

La decoración es cálida, con fotografías viejas y publicidades añejas, con una moto Derby Antorcha que cuelga del techo. La música, suave pero magnética, transita por tonadas flamencas y habaneras.

Colibrí aspira a recuperar un punto de encuentro gastronómico y social para los vecinos de la Barceloneta

Los platos tiene ese sabor de la cocina de arroces, tapas y pescados que resisten la avanzada de los mojitos, las sangrías for export, las hamburguesas gourmet y los brunchs que no tienen ni rastros de autóctonos.

Opciones de platos y tapas

“Aquí tenemos ensaladilla rusa, tortilla de patatas, pescadito frito, croquetas, albóndigas con tomate, carrillera al oporto, entraña gallega. Y tres tipos de arroces hechos con sartén, con el sabor de antes”, describe Gil.

SERGIO GIL
Sergio Gil, impulsor del nuevo Colibrí.

Si se visita este local, una de las mejores elecciones es empezar con un par de tapas (pero para compartir, que las porciones son abundantes) y probar alguno de los arroces. La espera para este plato de barrio bien vale la pena.

El restaurante tiene seis variedades de cerveza que maridan con diferentes tapas y platos

Los nombres de sus preparaciones son una declaración de intenciones: choricitos de Pepe Gil (en honor al padre del dueño), mejillones a tu rollo, calamares por soleá, chipirones ‘si los hay’, croquetas de pollo con todo o huevos con estrella. Todos productos de proximidad.

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La barra de mármol, igual que las que tenían las viejas tabernas.

Para beber, se sugiere hacer una cata de cervezas. El local tiene cinco variedades de San Miguel con diferente graduación alcohólica, color, amargor y textura. Lo ideal es pedir pequeños vasos para ir combinando con las tapas. Si hay dudas, lo mejor es dejarse guiar por los camareros.

Todos son bienvenidos

El creador del nuevo Colibrí aclara: no está en contra del turista, al que le da la bienvenida como a cualquier cliente.

Pero toda la estrategia apunta al vecino de toda la vida: los menús son en castellano y catalán, no hay captadores en la puerta para capturar clientes, las mesas y la barra recuerdan a las antiguas tabernas y la música es de memoria barrial.

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Colibrí se abre a los vecinos de toda la vida.

La aplicación de la ‘gastropología’

En su restaurante Gil enarbola un concepto novedoso: la gastropología. Además de empresario (es director del grupo Taberna y Cafetín, que cuenta con cuatro establecimientos) este restaurador es antropólogo. E historiador. Además de profesor.

[Para leer más: No hace falta ir al puerto para disfrutar de una paella]

Ese término sintetiza la aplicación de herramientas de esa ciencia social a la gastronomía, donde gracias al estudio etnográfico y otras metodologías crea tres figuras para los restaurantes.

Con la ‘gastropología’ el dueño de la taberna Colibrí usa las herramientas de la antropología para aplicarlas en la gastronomía.

Estas son el anfitrión flotante (que se encarga de velar por valores intangibles como la música, la temperatura o el tono de las luces), el gestor medio ambiental (para lograr la sostenibilidad del local) y el retro profesional (que analiza las tendencias del sector pero con el ojo puesto en recuperar los valores perdidos de la gastronomía).

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En el Colibrí se puede degustar cinco variedades de cervezas.

El Colibrí, como los otros locales que administra Gil, son los laboratorios donde aplica este cruce de disciplinas. Además del objetivo de recuperar la memoria histórica de las viejas bodegas también es un buen lugar para probar esos sabores que nunca se deberían perder.

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