Una aseguradora compra una de las últimas casas privadas de Gaudí

La Torre de Bellesguard, diseñada por Gaudí , fue vendida por 30 millones de euros. Fotos: JPChM

Una aseguradora compra una de las últimas casas privadas de Gaudí

Catalana Occidente compra la Torre Bellesguard por 30 millones, donde todavía vive la familia propietaria

La Torre Bellesguard dejará de ser el hogar de la familia Guilera. Ubicada en el barrio de Sant Gervasi, en la zona alta de Barcelona, la maciza construcción que se caracteriza por su pináculo en forma de cruz de cinco brazos fue vendida a la aseguradora Catalana Occidente.

La casa diseñada por Antoni Gaudí fue abierta al turismo en 2013, y la compañía se comprometió a seguir manteniendo este uso. Además aseguró que realizará una importante inversión en la conservación y restauración del inmueble.

La operación de compra se cerraría por 30 millones de euros, que todavía tiene que tener la luz verde de las administraciones públicas, porque el inmueble está catalogado como Bien de Interés Cultural.

Vivir en una casa diseñada por Gaudí

Ya quedan pocas propiedades diseñadas por Gaudí de propiedad privada. En La Pedrera quedan unos pocos apartamentos alquilados a las mismas familias desde hace décadas, y ya no hay residentes permanentes en la Casa Battló. Sí sigue en manos de la orden de las Teresianas el colegio que el arquitecto diseñó en el barrio de Sarrià.

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La cruz de cinco puntas corona el pináculo característico de la Torre Belleguard.

La Casa Calvet, uno de sus trabajos menos conocidos, sigue albergando viviendas y oficinas cerca de Plaza Cataluña, mientras que la Casa Vincens, en Gràcia, fue rehabilitada tras ser adquirida por el banco andorrano Morabanc.

Apertura al turismo

La Torre Bellesguard había abierto sus pesados portones a las visitas turísticas hace cinco años, y se había rehabilitado sus jardines para la realización de bodas y eventos. Esta fue una de las salidas que barajó la familia Guilera, propietaria desde 1944 de la histórica casa, para solventar los abultados gastos de mantenimiento.

El flujo de visitas está lejos del aluvión que se concentra en la Casa Batlló, la Sagrada Familia o La Pedrera, lo que le permitía a los propietarios vivir en la segunda planta de la casa, el único sector vedado a los turistas.

Más de 600 años de historia

Lluís Guilera Molás había comprado la finca en 1944 para instalar una clínica, pero la distribución de escaleras y salas hacían imposible que funcionara con comodidad, por lo que quedó como vivienda particular.

Cerca de la entrada se presentan unas paredes que continúa en una larga muralla revestida en hiedra. Son los restos del antiguo coto de caza de Martín el Humano, el rey de la Corona de Aragón, que a inicios del 1400 se instaló en estos parajes para recuperarse de sus dolencias.

Catalana Occidente pagará hasta 33 millones de euros por la Torre Bellesguard, donde vive la familia Guilera

De esa época –se dice- viene el nombre “Bellesguard” (en catalán, puede ser tanto Bella Vista como Buen Resguardo).

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El ático revela los secretos de la arquitectura de Gaudí.

La llegada de Gaudí

Muerto el rey Martín, las estancias reales fueron quedando en el olvido de la historia, hasta que María Sagués, en el 1900, compró los terrenos junto con las ruinas y encargó a Gaudí el diseño de su hogar.

Así nació esta residencia de dos plantas, sótano y desván, construida con el frente de piedra pizarrosa y con estilo neogótico. Su estampa más conocida es la cruz de cinco puntas (denominación de origen de Gaudí), que como los vértices de la casa, señala cada extremo a un punto vertical. Debajo de la cruz, como un envoltorio, están las cuatro barras rojas de la senyera catalana.

La Torre Bellesguard por dentro

El exterior, austero y demasiado sobrio, se contrapone con el interior. El pequeño recibidor de la entrada recuerda a un patio andaluz, de yeso blanco y formas curvas, coloreado por los juegos que el sol hace a través de una gran lámpara de hierro forjado que pende, con sus cadenas, desde la planta superior.

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El interior es más luminoso que el estilo austero neogótico de la fachada.

Al subir las escaleras, un rosetón llamado “Estrella de Venus” da una mayor gama de colores a la estancia.

El interior de la Torre es más luminoso que la sobria fachada exterior

Tras subir escaleras angostas y pasillos, se llega a la buhardilla, que por falta de dinero, no pudo ser revestida de yeso. Gaudí acostumbraba a pasarse de presupuesto en cada obra encargada, y gracias a este agotamiento de fondos, se puede ver el trabajo de ladrillos en las bóvedas de los techos, una obra maestra del arquitecto para sostener el peso de la estructura. Es como ver el esqueleto de la casa.

En una sala contigua, desde un pequeño balcón se despliega una hermosa visual de los jardines, con los bancos realizados en tencradís (técnica de mosaicos rotos y vueltos a colocar); y más allá, las mejores vistas de Barcelona.

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La finca cuenta con numerosos detalles en la técnica del 'trencadís'.