La belleza centenaria de las estaciones de tren de Chequia

La fachada de cerámica de la estación de Lednice parece un tejido bordado. Foto: Usazna Morava - Turismo de República Checa

La belleza centenaria de las estaciones de tren de Chequia

En varias ciudades y en rincones rurales sobreviven estaciones detenidas en el tiempo, muchas de las cuales hacen gala del estilo art nouveau

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

10/06/2020 - 17:45h

Muchas estaciones de trenes de la República Checa son una puerta para viajar en el tiempo, a los años en que los trenes a vapor llenaban de humo y hollín a los pasajeros y en que los arquitectos recurrieron a estilos como el art nouveau para dotar de belleza a las salas de espera, las cafeterías y las dependencias administrativas.

Un gran número de estaciones, ya sea en importantes ciudades o en pueblos alejados de todo, conservan su estética gracias al trabajo voluntario de asociaciones de apasionados por el ferrocarril como Entente Florale CZ-Souznění, con el mismo entusiasmo con que otras entidades protegen y reparan locomotoras antiguas y vagones clásicos.

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Esa agrupación de apasionados por la historia ferroviaria organiza cada año un concurso para elegir a la estación más bonita de Chequia. Lo interesante es que la preselección está a cargo de los trabajadores ferroviarios del país, que entienden bastante del tema, y luego el público opta por las ganadoras.

Mariánské Láznĕ

Una de las más bonitas que fueron elegidas el año pasado es la de Mariánské Láznĕ. Este es un balneario a 170 km al oeste de Praga, que atrajo a figuras reales como el británico Eduardo VII y a personalidades como Rudyard Kipling, Sigmund Freud, Richard Strauss, Frédéric Chopin y Frank Kafka, entre otros.

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Estación de Mariánské Lázne. Foto: Zel Page-Turismo de República Checa

La estación blanca de Mariánské Láznĕ fue construida para acompañar el prestigio de su balneario, sede de descanso de la aristocracia europea

Un lugar tan exclusivo debía tener una estación que tenga el mismo nivel para dar la bienvenida, y así se levantó esta terminal en estilo art nouveau, con su fachada de color crema, grandes ventanas y una decoración abundante en detalles; que además de recibir a trenes también era un punto de intercambio de tranvías y calesas.

Rynoltice

Algunas estaciones, sobre todo las rurales, tenían una estética inspirada en las casas de la campiña inglesa.

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Estación de Rynoltice. Foto: Spolek Zel Page - Turismo de República Checa

Si no fuera por los carteles, la de Rynoltice -cerca de la ciudad norteña de Liberec- parecería un hotel boutique, con sus paredes de ladrillo con vigas de madera, sus ventanas blancas y su abundancia de canteros con flores.

Nemilkov

También parece una casa de campo la estación de Nemilkov, que repite el patrón de un edificio de dos plantas de ladrillos, en una arquitectura tradicional en la región de Pilsen.

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Estación de Nemilkov. Foto: Zel Page - Turismo de República Checa

La estación, bien decorada con flores siempre radiantes, presenta una sala de espera, un depósito de carga y las habitaciones donde dormían los empleados del ferrocarril.

Lednice

La estación de Lednice es tan impactante y está tan bien conservada que está protegida por la Unesco, junto a otros edificios cercanos.

En este pueblo de Moravia Meridional destaca su construcción recubierta por cerámicas de colores, dispuestas en una elegante simetría como si fueran patrones bordados por manos gigantescas.

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Estación de Lednice. Foto: Usazna Morava - Turismo de República Checa

Para darle un toque de autenticidad mayor en los veranos por aquí circula un tren a vapor.

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En la visita a este poblado hay que conocer el magnífico castillo de la época de la Ilustración, rodeado por el parque privado más grande de Chequia, de 200 km2.

Pilsen

Otro magnífico ejemplo de arquitectura ferroviaria bajo las pinceladas del art nouveau es la estación de Pilsen, diseñado por Rudolf Štech.

Al llegar el viajero tendría que tomarse varios minutos para contemplar sus cúpulas, sus ventanales de grandes dimensiones y la gran cantidad de flores y esculturas que adornan el edificio, sobre todo en sus extremos.

Pilsen

Entrada a la estación de Pilsen.

Si se ve a la estructura en tan buen estado de conservación es porque fue reconstruida tras la destrucción que sufrió por los bombardeos aliados en la Segunda Guerra.

La estación de Praga es el mayor monumento de art nouveau de la capital checa

Un detalle interesante de que el edificio de esta terminal se encuentra entre los terraplenes de las vías.

Praga

Pero si es por la monumentalidad, ninguna le gana a la estación central de Praga. Construida en 1869, es el edificio de art nouveau más grande de la capital checa.

El arquitecto Josef Fanta le dotó de una estética elegante y señorial, como se ve en su cúpula modernista, en sus vidrieras de colores , en los escudos de las provincias y en los rostros de mujeres aladas que representan a Praga como ‘madre de ciudades’.

Praga Estación principal de trenes

Hall art nouveau de la estación de Praga

A pesar de que las ampliaciones le añadieron secciones modernas de estilo anonido, vale la pena pasear por las antiguas instalaciones, subir al piso superior y contemplar el hall de entrada, así como tomar una copa en la cafetería Fanta, y ver obras de arte como la escultura que conmemora a Nicholas Winton, un empresario británico que salvó la vida de 669 niños en la Segunda Guerra al enviarlos a Inglaterra.

La segunda vida de las estaciones

Unas cuantas estaciones en Chequia han resucitado con otros usos, la mayoría transformados en cafés y restaurantes.

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Una de ellas es la de Litoměřice, donde su andén se convirtió en una coqueta terraza con mesas de mármol y sillas centenarias, sitio que para darle un toque más purista tiene a una antigua locomotora a vapor estacionada en el andén.

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El coqueto café de la estación de Litoměřice.

Otro caso es la de Nižbor. Su estación de color amarillo claro de dos plantas no dice mucho, pero lo interesante es cómo se transformó el viejo depósito de madera en el restaurante Zastávka Nižbor, bien decorado con fotografías antiguas, bancos centenarios y detalles como farolas o palancas de cambios.

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Uno de los salones del restaurante Zastávka Nižbor. Foto: Ivan Vokurka

Además un par de vagones para el transporte de mercancías (uno rojo y otro verde) se adaptaron como espacios gastronómicos. Para conocer y viajar de la mano de la historia.