La Sicilia de Montalbano: una ruta bella y decadente

El comisario nos conduce a rincones de Montelusa, Siracusa y Ragusa (en la imagen). Foto: Getty Images.

La Sicilia de Montalbano: una ruta bella y decadente

Andrea Camilleri da vida al comisario Salvo Montalbano y descubre los misterios de la Sicilia barroca

Manena Munar

Madrid

22/05/2020 - 17:39h

Un cartel dedicado a Salvo Montalbano y situado en plena carretera señala la ruta de Montalbano y muestra una vista excepcional de Módica, una de las ciudades de la provincia de Ragusa. El personaje, creado por el escritor Andrea Camilleri, es tan real en el sureste siciliano como el barroco, tanto como los olivos y los almendros que pueblan sus valles en Sicilia.

El chocolate de Módica

Perdida en los Montes Ibleos junto al Valle de Noto, la vista en la lejanía de Módica impresiona. Una vez dentro es mucho lo que abarca y muy poca la importancia que se da. 

La presencia del famoso detective es tan real en Sicilia como los palazzi barrocos, el chocolate de Módica o los olivos que salpican sus valles

La Catedral de San Jorge, el Castillo de los Condes de Módica e, incluso, el Palazzo Failla Hotel, donde pasar una noche de glamour, sobresalen en las calles descuidadas, con desconchones en las paredes y un aire de decadencia que le otorga cierto encanto, agudizado por los vintage Fiat 500 aparcados en los patios, la ropa colgada de las ventanas y un atisbo de aroma a chocolate que dulcifica el aire.

Modica. Foto Getty Images

La impresionante Módica. Foto: Getty Images.

El chocolate de Módica no ha cambiado desde que los españoles lo introdujeron en el siglo XV siguiendo la receta genuina de los aztecas. Su aspecto rugoso y poco atractivo se transforma al primer mordisco en un bocado fino y delicioso gracias a su elaboración artesanal. Lo encontramos, excelente, en Antica Dolceria Bonajuto y Don Puglisi, los dos templos del chocolate de Módica que siguen fieles a sus principios y recetas.

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La omnipresencia de Montalbano en los Montes Ibleos

Siguen las carreteras polvorientas, los campos de sorgo acotados por muros de piedra en seco, los ciruelos, las higueras y los pueblos barrocos que se deslizan por las laderas de los Montes Ibleos y se integran en sus piedras hasta casi perderse en ellas.

Estamos en la Sicilia del comisario Salvo Montalbano. El personaje que Andrea Camilleri creó como una suerte de alma gemela del Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán y al que italiano nombró precisamente en su honor.

Una estatua de Salvo Montalbano en Porto Empedocle. Foto Getty Images.

Una estatua de Salvo Montalbano en Porto Empedocle. Foto: Getty Images.

El ‘comissario Dottore’ es un hombre de aire socarrón, tan entrañable y austero como su propia tierra.

Desde que Andrea Camilleri lo presentó en 1994 en su primera novela La Forma del Agua, ha protagonizado las páginas de más de veinte libros del escritor, que transita acechando criminales, navegando entre ‘buenos’ y ‘malos’ sin comprometerse, adentrando a los lectores de forma magistral en la sociedad siciliana.

Algunos de los lugares reales llevados a la literatura por Camilleri son su propia ciudad natal, Porto Empedocle (Vigata), Agrigento (Montelusa) o Punta Secca (Marinella)

Salvo Montalbano se mueve entre las calles y palacios decadentes de Porto Empleclode, la ciudad natal de Camilleri y bautizada como Vigata en la ficción, Agrigento-Montelusa, o Punta Secca-Marinella. Desconcierta a sus superiores por su modus faciendi y conduce a su manera por las sinuosas carreteras de la región, trastornando al resto de los conductores.

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El Dottore y la televisión

Aunque se dice que no es fácil recrear en la pantalla los personajes de un libro con rigor, el actor Luca Zingaretti bajo la dirección de Alberto Sironi ha bordado el personaje en una producción para la RAI italiana.

Catedral de San Giorgio, Ragusa Ibla. Foto Nicola Giordano Pixabay

Catedral de San Giorgio en Ragusa Ibla. Foto: Nicola Giordano | Pixabay.

Sabemos que el genuino investigador tenía más edad, abundante pelo y un carácter del demonio; aún así, la apariencia mediterránea de Zingaretti, el brillo de su mirada, su amor por la comida y su aversión a las nuevas técnicas audiovisuales, móvil, ordenadores... logran salvar otros detalles, dando vida a un Montalbano genial.

También lo son sus compañeros de cuitas: el subcomisario Mimi Augello, el inspector Fazio y el agente Galluzzo, o el alelado e imprescindible Catarella. Y cómo no, Livia, la independiente y a la vez paciente prometida de Salvo.

Pluses de la serie

Ameniza la serie la música de Franco Piersanti, autor de numerosas bandas sonoras entre ellas la de Habemus Papam de Nanni Moretti.

La ambientación en las provincias de Montelusa, Ragusa y Siracusa permite entrever escenarios de la categoría de la Catedral de San Juan Bautisa, en Ragusa Superiore, y tesoros de arquitectura barroca de Ragusa Ibla, algunos patrimonio de la Unesco, entre ellos la Catedral de San Giorgio, la iglesia de Todas las Almas del Purgatorio o sus palazzi, reconstruidos tras el devastador del terremoto de 1693. 

Detalles del castillo de Donnafugatta. Foto Manena Munar.

Detalles del castillo de Donnafugatta. Foto: Manena Munar.

Entre estas magníficas bambalinas, que incluyen al Valle de Noto, representante del barroco tardío y también patrimonio de la Unesco, Salvo Montalbano desentraña entuertos políticos o sociales y crímenes pasionales con poco dramatismo sin obviar la presencia nebulosa de la mafia como un telón de fondo siciliano.

El Cuartel General se sitúa en el municipio de Scicli y la mansión del boss de la mafia, Balduccio Sinagra, es nada menos que el castillo neoclásico de Donnafugatta, a 20 km de Ragusa y sobre el que corren todo tipo de deliciosas leyendas. Resulta imposible no revivir la Sicilia aristocrática del siglo XIX en sus 122 habitaciones con adornos originales. De hecho, parece que también sirvió de plató para algunas escenas del Gatopardo de Visconti.

De vuelta a casa

Una vez resuelto el misterio, el Dottore Salvo disfruta de la excelente pasta y vinos  del restaurante Ciccio Sultano Duomo de Ragusa y vuelve a su Marinella de ficción, pueblecito pesquero de Punta Secca de muros ocres y postigos secretistas donde, al amparo del faro, se sumerge en las aguas del mar de África que casi bañan su casa.

Punta Secca, en la ficció Marinella, es el pueblo de Montalbano. Foto Manena Munar.

Punta Secca, en la ficció Marinella, es el pueblo de Montalbano. Foto: Manena Munar.

Después preparará con mimo la cena: caponata siciliana, uno de sus platos preferidos, a base de macarrones, carne picada, albahaca y berenjenas, quizás una pasta ncasciata con conejo a la cazadora, o tal vez unos salmonetes fritos. Se abrirá una botella de chianti y se sentará en la terraza a contemplar el mar con aire satisfecho, todo antes de llamar a Livia para excusarse por no haber acudido a esa cita que, una vez más, iba a ser la última a la que no se hubiera presentado.