Las icónicas cabinas de Londres se quedan sin teléfonos

Las icónicas cabinas de Londres se quedan sin teléfonos

British Telecom se ha desecho de 40.000 aunque conserva las del centro de Londres para preservar la imagen turística

David Placer

Londres

11/09/2014 - 02:47h

Una turista fotografía una cabina en el centro de Londres.
¿Quién usa las cabinas telefónicas de Londres en un país con unos 80 millones de móviles? Cada vez hay menos teléfonos que funcionan y muchas veces ni siquiera hay un aparato. Los tradicionales quioscos rojos, ícono turístico londinense, se están transformando en cajas vacías donde los turistas sólo inmortalizan su paseo por la capital británica.

British Telecom se ha desecho de más de 40.000 quioscos y de los existentes, más de dos terceras partes permanecen inutilizados, según ha reconocido la compañía. Las clásicas cabinas rojas han sido las menos afectadas por la medida de supresión. En Reino Unido conviven seis modelos, pero la más famosa, la que ha quedado en la memoria de turistas y se repite en todo tipo de souvenirs, son las K-2, diseñadas en 1926 por Sir Giles Gilbert que apostó por su forma rectangular, el techo arqueado y su atrevido color rojo.

La propia sociedad ha demandado un cuidado especial para las cabinas, que son consideradas una imagen británica por excelencia en todo el mundo. Por ello, la compañía telefónica promueve la campaña de "Adopta una cabina", con la que ofrece estructuras para la colocación de desfibriladores o para el intercambio de libros. Desde 2008 la compañía se ha deshecho de 1.800 cabinas a través de este programa de donación.

Últimamente la empresa británica de telecomunicaciones también pretende sacar algo de rentabilidad a su mobiliario y anunció a principios de año la venta de 60 cabinas por 1.900 libras esterlinas, unos 2.400 euros. La estructura, de hierro fundido y puerta de madera, es una ganga en comparación con el precio pagado por Tom Jones años atrás: 50.000 libras, unos 60.000 euros por llevarse a su mansión de California una de las casetas.

"Casi ningún teléfono sirve pero lo que sí te puedo garantizar es que huelen muy mal por dentro", explica un responsable turístico de la oficina de turismo frente a la Catedral de Sant Paul.

A algunas, las menos, ha llegado el siglo XXI y anuncian servicios de wifi. Se han convertido en meros routers.