Las lágrimas de San Lorenzo, el chollo imprevisible para el turismo rural

Las lágrimas de San Lorenzo, el chollo imprevisible para el turismo rural

La lluvia de estrellas eleva las reservas en las casas de campo durante agosto

Redacción

12/08/2013 - 18:02h

Una lágrima de San Lorenzo. EFE
Las lágrimas de San Lorenzo, una lluvia de estrellas que se produce cada verano, es el as en la manga del turismo rural. Este fenómeno natural eleva las reservas en zonas de de interior. El problema es parte de su encanto: la aleatoriedad.

La lluvia de cuerpos celestes, conocida también como Perseidas, se puede ver fácilmente desde mediados de julio hasta finales de agosto. Pero ciertos días se pueden observar más intensamente cientos de estrellas fugaces. En esta temporada, esas fechas concretas empezaron el pasado fin de semana y se prolongará hasta este martes, según informa Clubrural.com.

Impacto turístico

La belleza de este espectáculo hace que muchas personas abandonen la ciudad para poder observar el espectáculo mejor. Así, se incrementa la demanda del turismo rural. Clubrural estima que, por comunidades, Andalucía ocupa el primer puesto con el 16.36% de los observadores. Está perseguida a ocho puntos de diferencia por Asturias con el 8.44%. Cerrando el podium se encuentra Cataluña muy cerca con el 8.12%.

Las Perseidas se pueden ver por toda España. Por eso, son varios las asociaciones (incluso Consistorios) que han preparado actos o habilitado zonas para facilitar la observación del fenómeno.

La leyenda

¿De dónde proviene el nombre de Lágrimas San Lorenzo? La leyenda narra cómo los romanos crucificaron al Papa Sixto II y después intentaron hacerse con sus tesoros. Pero entonces, Lorenzo, encargado de administrar y conservar los bienes de la Iglesia reunió un numeroso grupo de ciegos, tullidos y menesterosos y se la presentó diciendo que esos eran los bienes de la Iglesia.

La respuesta del emperador no se hizo esperar. Lorenzo fue asado en una parrilla. El santo soportó su martirio el 10 de agosto de 258 y durante las noches posteriores los romanos vieron cómo se dibujaban en el cielo cientos de estrellas fugaces: sus lágrimas ardientes.