Una Rambla, muchas ramblas

La Rambla de Santa Mónica, el último tramo del paseo antes de llegar al mar.

Una Rambla, muchas ramblas

Las Ramblas no es una sola, es la unión de diferentes tramos con diversas historias y características.

Juan Pedro Chuet-Missé

BARCELONA

18/08/2017 - 12:46h

No, no se debe decir “La Rambla”. Aunque cuando se camine por ella parezca que siempre se transita por la misma arteria rodeada de plátanos, en realidad el caminante recorre diferentes ramblas, seis tramos que cada uno guarda una historia, un origen distinto pero con un futuro en común.

La confusión de nombres es frecuente. Turistas y lugareños prefieren evitar las burocracias y denominarlas ‘Las Ramblas’, pero cada tramo cuenta con su nombre propio, que también duplicarse o triplicarse.

Canaletas

Tras entrar desde Plaza Cataluña la Rambla de las Canaletas da la bienvenida. El nombre proviene de los pequeños riachos que se originaban del curso de agua que bajaba desde Collserola y que le da esa forma de serpiente dormida que tiene el paseo.

Aquí el sector es uno de los más amplios para transitar, aunque hasta el siglo XIX el sector estaba cerrado por el monasterio de Santa Ana, la sede del Estudio General –antecesora de la Universidad de Barcelona- y los restos de la antigua muralla medieval.

La fuente que bautiza el tramo, famosa por ser sede de los festejos del FC Barcelona, tiene la leyenda que quien bebe de sus aguas regresa a la ciudad.

Estudios

Le sigue la Rambla de los Estudios, también conocida como la Rambla de los Pájaros, por los comercios de venta de aves que se mantuvieron hasta hace pocos años y ahora son ocupados por kioscos de venta de helados fashion, recuerdos para turistas y tickets para ver al Barça.

Este tramo abunda en edificios emblemáticos, como el edificio de la Academia de las Ciencias y las Artes (que ahora acoge el teatro Poliorama), que da la hora oficial en la ciudad; el neoclásico Palacio Moja, la antigua sede de la Compañía de Tabacos de Filipinas –actual Hotel 1898- y la barroca iglesia de Belén.

Sant Josep

Casi nadie la conoce por este nombre, sino por el más popular Rambla de la Boquería o de las Flores. Actualmente quedan 16 paradas de venta de flores, un vestigio de los puestos que se armaban improvisados hacia 1850. La Boquería es el mercado más popular de Barcelona, donde un pórtico diseñado por Antoni Falguera en 1913 da la bienvenida a una explosión de sabores y colores. El primer tramo es un tapón humano hechizado por frutos exóticos y almendras, pero las partes posteriores cuentan con los mejores especialistas en pescados, condimentos exóticos y setas, entre otras delicias gastronómicos.

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A un lado se encuentra el edificio barroco del Palau de la Virreina, donde se encuentra un centro municipal de artes visuales, y enfrente uno de los íconos del paseo: un dragón chino que vende paraguas aunque haya un sol de justicia.

Capuchinos

Aquí nacieron Las Ramblas como paseo, donde se encuentra el mosaico diseñado por Joan Miró que, lamentablemente, ahora es el punto cero de la tragedia que enluta a Barcelona. Aquí la cultura tiene una de sus mecas, con el Gran Teatro del Liceo que renació dos veces de sus cenizas, y la combinación de gastronomía y ocio que se despliega en la Plaza Real, donde los domingos se despliega una pintoresca feria de filatelia y coleccionismo. El Hotel Oriente y el Café de la Ópera han sido, durante décadas, puntos de encuentro de la bohemia barcelonesa y los círculos intelectuales, y en este sector es donde se concentra la mayor oferta de terrazas y restaurantes.

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Santa Mónica

Aquí el paseo vuelve a expandirse antes de llegar a la estatua de Colón. El nombre proviene de un antiguo convento, cuya mayor parte de su estructura ahora acoge un importante centro de producción audiovisual. La cercana estructura de Drassanes con el Museo Marítimo dan la bienvenida al mar, y su cercanía convertía a este sector en el más canalla del paseo, donde los marineros y las prostitutas realizaban sus pactos secretos.

El Mar

Hasta 1994 Las Ramblas terminaban en el Monumento a Colón, construido para la Exposición Universal de 1888, pero un puente con forma de olas comunican con el centro de ocio Maremágnum y expandieron el paseo hasta el mismo mar, donde zarpan las Golondrinas que permiten ver el perfil sinuoso de la calle más famosa de Barcelona cuando el barco se aleja lentamente.