Las silenciosas vigías en las alturas de Madrid.

El silencioso diálogo de Diana cazadora con Gamínedes y el Ave Fénix, en la Gran Vía.

Las silenciosas vigías en las alturas de Madrid.

De las 30 estatuas que hay en las terrazas y cúpulas de Madrid, destaca el conjunto escultórico que dialoga a lo largo de la Gran Vía y la calle de Alcalá

Juan Pedro Chuet-Missé

BARCELONA

11/11/2017 - 04:55h

En las alturas de Madrid hay una treintena de obras de arte que permanecen, silenciosas y estoicas, contemplando el tránsito de hormigas de peatones y automóviles.

Son estatuas que coronan terrazas y cúpulas de edificios emblemáticos de la capital, que tuvieron su pico de creaciones entre los años 20 y 60, y que ahora han dado una pequeña resurrección con la llegada de la Diana cazadora.

En la Gran Vía 31, al borde de la base de la cúpula negra, el brazo tieso de la diosa romana de la caza y la naturaleza ha lanzado una flecha mientras hace oídos sordos a los ladridos de los cinco perros que la acompañan.

La obra, con cinco metros de altura y un peso cercano a los 900 kilos, es creación de la escultora Natividad Sánchez, que recibió el encargo del dueño del edificio, el mexicano Jorge Díaz Estrada, de inspirarse en la estatua que se encuentra en el Paseo de la Reforma, en la ciudad de México. El inmueble, de 1925, se encuentra en un profundo proceso de reformas para alojar al hotel Hyatt Centric Gran Vía, de 159 habitaciones, y que abrirá en 2018.

Áves y victorias

Si se sigue la mirada del hipotético curso de la flecha, es posible que su arma haya pasado cerca del Ave Fénix que se encuentra en la acera de enfrente, en el número 32, donde se encuentra un gigantesco Primark.

victoria alada

La flecha de Diana cazadora llegaría muy cerca de la pretenciosa figura de Gamínedes y el Ave Fénix

Junto a este ave que renacía de sus cenizas se encuentra, altiva y juvenil, la figura de Ganímedes, el príncipe de Troya que Zeus convirtió en amante tras ser raptado por un águila; un conjunto creado por el escultor valenciano Mariano Benlliure.

No es la única estatua que representa a esta ave mitológica: son cuatro las que se encuentran entre las alturas de Madrid (otras voces dicen que llegan a siete), y la razón es el encargo de la compañía de seguros La Unión y El Fénix de dotar cada sede con una escultura. En el número 68 de la Gran Vía, frente a la Plaza España, hay otra que corona la cúpula negra del edificio racionalista; y en la Castellana 33 se pueden encontrar dos ejemplares: en las alturas del edificio que pertenece a Mutua Madrileña, y en los jardines adyacentes. Esta es la estatua que sirvió de modelo a las otras aves fénix de Madrid.

Este conjunto también ha coronado el edificio Metrópolis, también antigua sede de la aseguradora, en el cruce de Gran Vía y Alcalá, uno de los puntos más fotografiados de Madrid. Pero cuando los años 70 La Unión y El Fénix vendieron el inmueble, la estatua fue retirada. Para no dejar vacía una cúpula tan emblemática se le encargó al arquitecto Federico Coullaut Valera una Victoria Alada.

Minerva guerrera

En griego, ‘victoria’ se dice ‘niké’, y Atenea Niké es el nombre de la diosa de la guerra y las artes. Conocida como Minerva por los romanos, su estatua vigila desde las alturas del Círculo de Bellas Artes, en Alcalá 42. Realizada en bronce por Juan Luis Vasallo en 1964, pesa tres toneladas y muestra a la deidad con su lanza, casco y un pesado escudo con el rostro de Medusa.

Atenea   felipe gabaldon

Hablando de peso, su ascenso a los 58 metros del edificio fue un desafío que implicó un gasto de un millón de pesetas de aquel entonces. A su autor le pagaron la décima parte, 100.000 pesetas.

De vuelta en la Gran Vía, en el número 60, un serio hombre conocido como El Romano se presenta semi desnudo –solo le cuelga una capa en las espaldas- y en su cabeza sostiene un templete. El simbolismo es una representación del ahorro, y la leyenda (confirmada) dice que cada 21 de marzo un rayo de sol entra por el pequeño hueco que hay en la casa de bronce.

Seguramente para contemplar estas estatuas hay que agudizar la vista y sufrir una pequeña tortícolis. Pero una opción más cómoda es subir a la terraza del hotel Vinci, en Gran Vía 66, y contemplar –con un cóctel en la mano- estas creaciones artísticas que vigilan a los madrileños.