Mucho más que una tarta: viaje al corazón de la Selva Negra

La Selva Negra es un paraíso natural, pero también termal y gastronómico. Foto: Turismo de Alemania.

Mucho más que una tarta: viaje al corazón de la Selva Negra

La Selva Negra o Schwarzwald no es solo una tarta... Bienvenido a una de las regiones más hermosas y pintorescas de Alemania

Macarena Escrivá

Madrid

31/05/2020 - 18:30h

Cerezas. Nata. Chocolate. Son los ingredientes principales para elaborar una tarta mundialmente conocida, la Selva Negra, una dulce creación con más de 100 años de tradición y popularidad. Pero más allá de este delicioso postre, existe una zona de la que toma el nombre, una región donde naturaleza única, ocio, cultura y gastronomía son uno: la Alta Selva Negra.

En al estado federado de Baden-Württemberg, a tan solo hora y media en coche desde puntos como Stuttgart y Zúrich y a 30 minutos de Friburgo, la región se postula como un destino vacacional en sí mismo.

Ni es selva ni es negra, pero Schwarzwald evoca misterios y leyendas, pueblos de cuento y una naturaleza exuberante

La belleza de sus paisajes nevados en invierno, los mil y un tonos ocres del otoño, la tranquilidad y la frescura del verano... La naturaleza aquí es la verdadera protagonista. Limítrofe con Alemania, Francia y Suiza, esta región triunfa más allá de los clichés. Sí, hay tartas, relojes de cuco y sombreros de pompones, pero también increíbles montañas, lagos, cascadas y pueblos con encanto.

Vista sobre el lago Titisee. Foto Turismo de Alemania.

Vista sobre el lago Titisee. Foto: Turismo de Alemania.

[Para leer más: Seis rutas perfectas para descubrir Europa en bicicleta]

¿Por qué se la conoce entonces como la Selva Negra?

Su vegetación, tan espesa como frondosa, apenas dejaba pasar la luz del sol. El territorio es un espacio tan umbrío que llevó, ya en tiempos de los romanos, a bautizarlo como la Selva Negra.

Gracias a sus bosques protegidos y parajes de montaña con impresionantes vistas la zona cuenta desde 2016 con el distintivo de Destino Turístico Sostenible, otorgado por el estado de Baden-Württemberg.

Ya los romanos le dieron el apelativo de Selva Negra. Foto David Ress Unsplash

Ya los romanos le dieron el apelativo de Selva Negra. Foto: David Ress | Unsplash.

Maravillas naturales y pueblos con encanto

Si hay algo que domina en la Alta Selva Negra es la naturaleza. Bosques tupidos, arroyos y ríos, montañas se abren paso por toda la región.

El Feldberg es el pico más elevado de la Alta Selva Negra. Sus 1493 metros de altura fueron coronados por primera vez por el diplomático francés R. Pilet subido a unas placas de madera y ayudado con un palo. Muchos consideran que aquel 8 de febrero de 1891 nació la idea del esquí en Europa.

Fuera de la temporada invernal, al monte se puede subir en coche o en un teleférico. Vale la pena ascender hasta el punto más alto, la torre Feldberg, desde la que disfrutar de vistas panorámicas que, si el día lo permite, se extienden hasta el Mont Blanc. Además, en esta torre se encuentra un museo de lo más curioso, el dedicado al jamón ahumado de la Selva Negra, otro de los productos gastronómicos endémicos de esta zona.

Alrededor del lago Titisee se pueden realizar muchas actividades. Foto Turismo de Alemania.

Alrededor del lago Titisee se pueden realizar muchas actividades. Foto: Turismo de Alemania.

Desde allí arriba también se divisa uno de los puntos más turísticos de la Selva Negra, especialmente en verano, el lago Titisee. De una belleza natural inigualable, hoy numerosos hoteles rodean su superficie y en él se pueden practicar actividades acuáticas como el windsurf, la vela o pesca, además de nadar, bañarse o navegar admirando las montañas onduladas que lo circundan.

Y si hablamos de pueblos con encanto, no podemos dejar de mencionar Gengenbach, tan coqueta que Tim Burton la escogió para rodar la película Charlie y la fábrica de chocolate; el encantador aunque de nombre impronunciable Sasbachwalden; Schiltach; y Triberg, cuna mundial de otro de los elementos con los que se relaciona la Selva Negra, los relojes de cuco.

En este pintoresco pueblo de montaña se pueden admirar los relojes de cuco más grandes del mundo, visitar fábricas donde los elaboran... Y también disfrutar de otra de sus principales atracciones, la cascada de Triberg. Se trata de la más alta de Alemania y discurre por una ladera con una caída de 163 metros de altura.

Triberg es la capital de los relojes de cuco. Foto Getty Images

Triberg es la capital nacional de los relojes de cuco. Foto: Getty Images.

Destino gastronómico

Más allá de la famosa tarta Selva Negra, elaborada a partir de un bizcocho con nata, chocolate rallado, cerezas y el famoso licor de cerezas de la región, la Selva Negra ofrece un panorama gastronómico propio y muy interesante.

Salpicando diferentes zonas de la región, encontramos ejemplos como Gasthaus Zum Kreuz. Ubicado en un paraje idílico, rodeado de montañas y bosques en St. Märgen, se trata de un hotel y restaurante familiar.

La propuesta gastronómica, hoy en manos del hijo del fundador, Matthias Schwer, que pasó por grandes restaurantes con estrella Michelin en Alemania y Suiza, habla de la tradición de la cocina badense. Sus platos se elaboran con productos de cercanía y de temporada, explorando la evolución de la tradición y la modernidad, con propuestas como la trucha marinada con flor de saúco o ciervo salvaje con späetzle (un tipo de pasta que acompaña platos de carne).

Aunque sea un tópico, no se puede dejar de probar una auténtica Selva Negra. Foto Turismo de Alemania.

Aunque sea un tópico, no se puede dejar de probar una auténtica Selva Negra. Foto: Turismo de Alemania.

Por su parte, Josef Fehrenbach, al frente de la cocina del Waldhotel, es toda una eminencia en la utilización de las hierbas de la zona en sus creaciones. Ha estudiado más de 1000 especies silvestres y aromáticas, que incluye en sus platos que beben de la tradición gastronómica de la Selva Negra.

La alta cocina también forma parte de la región. Por ejemplo, en el pequeño pueblo de Baiersbronn, se encuentran nada menos que seis estrellas Michelin, como el tres estrellas Bareiss con el chef Claus-Peter Lumpp al frente o el dos estrellas Le Pavillon con Martin Herrman y su alta cocina francesa.

Los cerveceros tienen una parada obligatoria, la fábrica de cerveza Rothaus, una de las pioneras de la zona. Fueron los monjes benedictinos los que encontraron, en el agua de esta zona, la mejor materia prima para elaborar cerveza. Aunque esta cerveza badense nacía en 1791, tuvo que esperar a 1956 para establecerse como marca comercial.

Foto Waldhotel Fehrenbach

Foto: Waldhotel Fehrenbach

Para elaborarla, se nutren de materia prima de la propia región de la Selva Negra, apoyando el consumo local y a los productores de la zona y la visita termina con una degustación de sus productos.

Ciudades balneario

A la Selva Negra también se la reconoce como destino de salud y bienestar. Sus aguas termales le han valido esta categoría y multitud de hoteles ofrecen tratamientos para que viajeros cansados puedan recobrar el relax. Hinterzaten, Schluchsee, Lenzkirch, Todtmoos o St. Blasien, han sido condecoradas como 'resorts de salud terapéuticos'.

Pero sin duda, una de las más célebres es Baden-Baden, una ciudad balneario asentada entre montañas y bosques.

La naturaleza es la verdadera protagonista, también en Baden Baden. Foto Turismo de Alemania.

La naturaleza es la verdadera protagonista, también en Baden Baden. Foto: Turismo de Alemania.

Hablamos de una coqueta ciudad, del siglo XIX, que conserva un encanto arquitectónico propio de la Belle Époque. Poblada de palacetes y balnearios, uno de los más famosos son las Termas de Caracalla, que tomando prestado el nombre de las romanas, ofrecen más de 4000m2 dedicados íntegramente al relax en sus aguas termales, a la vez que se disfruta de la naturaleza en el exterior.

Baden Baden. Foto Turismo de Alemania

Baden-Baden es una ciudad termal. Foto: Turismo de Alemania.