Paraty: la gema colonial que vuelve a brillar en Brasil

 La llegada de la marea alta a las calles de Paraty mantienen limpia la villa colonial. Foto: Shinzato Gilson - Pixabay

Paraty: la gema colonial que vuelve a brillar en Brasil

A mitad de camino entre Rio de Janeiro y São Paulo se esconde la villa colonial de Paraty, que se mantiene intacta tras su apogeo por la explotación del oro

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

03/10/2019 - 12:14h

Paraty tiene un curioso paralelismo con Brujas: como la belga, esta es una ciudad que vivió épocas de oro, y que su decadencia le otorgó una nueva oportunidad. Las décadas de crisis y paralización económica conservaron su casco histórico intacto, para que ahora, en el siglo XXI, sea una apreciada gema turística.

Esta villa colonial, a cuatro horas de Río de Janeiro, es bañada por el Atlántico cada seis horas. Literalmente. La ciudad fue construida para que la marea alta entre por sus callejuelas de adoquines y las deje limpias, impecables, una solución cuando pensar en alcantarillado y servicios públicos era una utopía.

Detenida en el tiempo

En Paraty las casas de estilo portugués, construidas en los siglos XVII y XVIII, mantienen sus frentes de paredes blancas de cal, con sus marcos de puertas y ventanas de colores estridentes.

Muchas casonas de los siglos XVII y XVIII se transformaron en elegantes posadas, hoteles boutique y comercios de artesanías

Muchas de ellas son posadas, hoteles boutique, restaurantes y comercios de artesanías que cuidan de ofrecer la estampa colonial que tanto atrae a turistas del país y extranjeros.

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Las calles destilan calma, ya que aquí el tránsito de coches está prohibido. Sus viviendas e iglesias son testigos del apogeo que llegó con la cachaça, el aguardiente obtenido de la caña de azúcar que se hizo sumamente popular en todo el país desde el 1600.

 Paraty mantiene la estética colonial del siglo XVII. Foto: Auluz Auluz - Pixabay.
 Paraty mantiene la estética colonial del siglo XVII. Foto: Auluz Auluz - Pixabay.

El recuerdo del aguardiente más famoso

De las 150 destilerías artesanales que había en 1850 solo quedan menos de una docena, que mantienen su método de producción ancestral y que pueden visitarse para probar una bebida fuerte y dulce pero sumamente recomendada.

El otro producto que hizo brillar a Paraty fue el oro, cuando a inicios de 1700 su puerto fue el único autorizado por la corona portuguesa para comercializar el apreciado mineral que se extraía de las canteras de Minas Gerais.

Tras las huellas del oro

De esos años queda el Camino del Oro, la carretera que unía a esa región con Sao Paulo y Río de Janeiro, y que desde Paraty salen excursiones de senderismo para recorrerlo en medio de una selva de vegetación abrasadora.

En el trayecto se pueden descubrir hermosas cascadas de agua dulce que desembocan en piscinas naturales, como el Pozo de los Ingleses, la Cachoeira do Tobogá o la de Saco Bravo.

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Recorrer Paraty es una invitación a viajar por el tiempo. Foto: Andreia Cristina Silva - Unsplash.

Un rosario de iglesias

De regreso en la ciudad, sea o no uno religioso no debería dejar de visitar las bonitas iglesias que parecen extraídas de una aldea portuguesa.

Entre ellas está la inconclusa Nuestra Señora de los Remedios, que es la más importante de la villa. Pero una de las más bonitas es la de Santa Rita, construida por esclavos liberados, bien restaurada en la década de los ’70. Allí hay un interesante museo de arte para ver la influencia de la religión en los años de la colonia.

En el casco histórico de Paraty hay diversas iglesias coloniales. Algunas eran de la aristocracia, otras congregaban a los esclavos de las plantaciones de azúcar

Otra iglesia levantada por manos de esclavos, Nuestra Señora del Rosario, es uno de los epicentros de las festividades de Todos los Santos. La pequeña Nuestra Señora de los Dolores, centro de la antigua aristocracia, también vale la pena incluirla en el recorrido.

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Las aguas del mar bañan, con la marea alta, las calles de Paraty. Foto: Shawn Appel - Unsplash.

Cerca del casco histórico se encuentra el Fuerte Defensor Perpetuo, con sus ocho cañones que todavía apuntan a la bahía, y con grandes recipientes metálicos donde se cocinaba el aceite de ballena usado para iluminar las calles. Allí hay un recomendado museo de artesanías locales.

A la playa

Los fundadores de Paraty la eligieron por su situación estratégica y su ausencia de playas para evitar desembarcos inesperados. Pero para descansar en las arenas hay un amplio rosario de sitios, muchos de ellos solo accesibles en barco, lo que le dan una cuota de aislamiento muy apreciada.

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Muchas casonas se convirtieron en posadas y restaurantes. Foto: Isis Franca - Unsplash.

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Hay otras a las que se puede llegar en coche e incluso en transporte público, pero para tener una experiencia más auténtica se sugiere contratar una excursión en las goletas que zarpan del puerto, que pueden llevar entre ocho y 50 personas, y realizar snorkel o sumergirse entre las suaves olas que bañan las playas de arena fina del litoral costero o de las 65 islas de la región.

La primavera está entrando con fuerza en Brasil, y las temperaturas de octubre son ideales para disfrutar de estos paisajes sin la presión del turismo.