Por qué Samarcanda nos seduce tanto

Samarcanda es una de las ciudades más hermosas de Asia Central. Sus monumentos son inigualables. Foto Mr Theklan-Flickr

Por qué Samarcanda nos seduce tanto

Llamada con toda justicia ‘la joya del Islam’, la ciudad que gracias a la Ruta de la Seda presume de algunas de las mezquitas más hermosas de Oriente Medio

Equipo Cerodosbé

Barcelona

23/02/2020 - 16:00h

A Samarcanda se la conoce como “centro del universo” a “espejo del mundo”, pasando por “la perla de Este” a la “joya del Islam”. Al ser una encrucijada clave en la Ruta de la Seda la riqueza derivó en la construcción de hermosas mezquitas, fastuosos palacios e impactantes mausoleos que siguen sorprendiendo.

La ciudad, que también sedujo a aventureros y buscadores de fortunas, cuenta con nada menos que 2.750 años de historia, por lo que es uno de los lugares poblados de forma continuada más antiguos del mundo.

Cruce de civilizaciones

Su historia está jalonada de destrucciones como la de Alejandro Magno y la los mongoles, y de reconstrucciones como la de los árabes. Su vida comercial era la manzana de la tentación de diversas civilizaciones, sean turcos, samánidas o selyúcidas, hasta que en el siglo XIV Tamerlán la convirtió en la capital de su imperio que se expandía por Asia Central, describen en Open Comunicación.

Mezquita de Bibi Khanum Foto LoggaWiggler en Pixabay

Mezquita de Bibi Khanum. Foto Logga Wiggler-Pixabay

La plaza Registán, una de las más hermosas de Asia Central, despliega la belleza de tres grandes madrazas

Su reconstrucción iniciada con la instalación de 40.000 jaimas repletas de joyas y sedas dejó sin palabras a Marco Polo, la misma fascinación que se puede experimentar cuando se dejan los barrios más modernos de Samarcanda y se llega a la hermosa plaza Registán.

La plaza más hermosa

El espectáculo visual de este espacio es incomparable: mosaicos celestes de mayólica, cúpulas que compiten en color y brillo, alabastros tallados, columnas con grabados enrevesados, espacios amplios y proporcionados y minaretes de acceso prohibido desde los que contemplar la ciudad a vista de pájaro.

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En este punto antiguamente convergían las seis principales calles de la ciudad y en ella se alzan tres edificios grandiosos que albergaban madrazas, las escuelas coránicas donde se estudiaba matemáticas, astronomía, teología y filosofía.

Plaza de Registán, Samarcanda       
 

La Plaza de Registán con tres madrazas. Foto: Open Comunicación

Las madrazas de Ulugh Beg, Sherdar y Tilla-Kari se consideran como las mejor conservadas del mundo. Gran parte del mérito hay que adjudicárselo a los ingenieros y restauradores soviéticos, que han reconstruido los templos tras varios terremotos que castigaron a la actual Uzbekistán en el siglo XX.

Las madrazas

La de Ulugh Beg, en memoria del nieto de Tamerlán, refleja su pasión por la astronomía, con su decoración de incontables estrellas.

En la madraza central, Tilla-Kari (Cubierta de Oro) terminada en 1660, hay un agradable patio ajardinado y una mezquita decorada en azul y oro, con una cubierta también dorada que parece abovedada aunque es lisa.

Los antiguos dormitorios y algunos espacios libres están ocupados por talleres de lo más diverso, desde escritura a instrumentos musicales y las inevitables tiendas de recuerdos y artesanías, entre las que destacan sus alfombras y cerámicas, vestidos y pañuelos de seda, antiguos bordados y bellos grabados, algunos pintados con café, que muestran las caravanas de la Ruta de la Seda.

Samarcanda, Registán 32 Foto Wikipedia

Detalles de la decoración de los templos musulmanes. Foto: Wikipedia

Mezquitas monumentales

Otro punto clave en una visita a esta mítica ciudad es la Mezquita de Bibi Khanum, nombre de la esposa favorita de Tamerlán. La historia, o más bien leyenda, cuenta que éste la despeñó desde el minarete tras descubrir que había besado al arquitecto que la construyó.

La leyenda dice que 90 elefantes arrastraron bloques de mármol de la India a Samarcanda para construir la Mezquita de Bibi Khanum

Se dice que para su edificación se emplearon más de noventa elefantes que transportaron numerosos bloques de mármol blanco de la India hasta Samarcanda, el pishtak o portal de entrada mide 38 metros de altura, y una de las cúpulas más de 40, lo que la convierte en una de las mayores del mundo islámico.

Frente a ella, y contrastando con su grandiosidad está el mausoleo de la propia Bibi Khanum, con cinco tumbas y preciosas estalactitas pintadas.

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Mausoleos de Shah i Zinda. Foto: Logga Wiggler-Pixabay

La avenida de los mausoleos

La avenida de Shah-i-Zinda (Tumba del Rey Viviente) hay que contemplarla con calma. Se trata de una necrópolis repleta de mausoleos, que contiene algunos de los mosaicos más ricos y vistosos del mundo musulmán, donde están el santuario de Qusan ibn Abbas, un primo del profeta Mahoma; y la tumba del famoso astrónomo Kazy Zadé Roumi.

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Shah-i-Zinda fue establecido como un solo monumento religioso hace más de mil años. Varios templos, mausoleos y edificios se agregaron sucesivamente a lo largo de los siglos siguientes, desde el siglo XI al XIX.

El resultado es una fascinante referencia cruzada de varios estilos arquitectónicos, métodos y artesanía decorativa que han cambiado a lo largo de un milenio de trabajo.

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La madraza de Guri Amir.

Camino al cementerio

Al final del camino entre los mausoleos, el complejo se abre hacia el cementerio principal de Samarcanda.

Se considera que la tumba más hermosa es la de Shodi Mulk Oko (1372), lugar de descanso de una hermana y sobrina de Tamerlán, en la que se puede apreciar el exquisito trabajo de mayólica y terracota con un minúsculo espacio entre las baldosas, una artesanía muy minuciosa.

El hombre que encumbró a Samarcanda

La visita no puede excluir la tumba del hombre que llevó a Samarcanda a su máximo esplendor: Tamerlán, quien está enterrado con dos hijos y dos nietos. Aunque es un edificio modesto, sorprende su belleza, sobre todo la de sus azulejos y la cúpula.

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La rica decoración de los mausoleos.

El amarillo y el verde compensan el azul turquesa mientras la luz y la sombra juegan con el tono de mosaico. Igual de espectacular es el interior, al que se accede a través de una galería oriental.

Si se entra al mausoleo después del anochecer, la cámara central brilla cuando la luz parpadea desde la colosal araña de cristal que cuelga debajo de la cúpula. El dorado en el techo parece brillar, y se tiene la certeza de estar en un lugar muy sagrado.

Explorando los bazares

Tras la visita a los monumentos se sugiere hacer un alto en el Siob Bazaar, un enorme mercado moderno con cientos de puestos que venden de todo y con simpáticos y amables tenderos que dan aprobar sus productos de forma gratuita…o esperando una compra inmediata.

En el Siob Bazaar se puede probar el plov, plato tradicional elaborado con cordero y vegetales

Los puestos de frutas, verduras y especias son especialmente aromáticos y coloridos. Llama la atención el gran espacio que se dedica a la venta de halva, un empalagoso dulce típico de la ciudad.

Bazar Samarcanda
 

Venta de frutos secos en el bazar. Foto: Open Comunicación

A la hora de comer

En el lugar se puede probar el plov, plato tradicional del que hay hasta 60 variantes. Se cocina con carne de cordero mezclada con arroz y acompañada de cebolla, zanahoria, pasas y especias como el comino y el cilantro.

También son frecuentes en cualquier comida los shashlik, pinchos de carne de cordero, ternera, pollo o hígado de ave, a menudo servidos con cebolla cruda y las samsá, unas empanadillas cocidas en horno de barro con diferentes rellenos de carne picada con cebolla, calabaza, patatas o verduras.