Qué hay para ver y descubrir en Macao (que no sea ir a los casinos)

Parece un rincón de Portugal, pero es el centro histórico de Macao, en China. Foto: Turismo de Macao.

Qué hay para ver y descubrir en Macao (que no sea ir a los casinos)

Más allá de ser conocido como Las Vegas de China, Macao tiene una interesante propuesta gastronómica e histórica por su influencia portuguesa

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

19/12/2019 - 18:21h

Si no fuera por los miles de personas con rasgos orientales y los carteles escritos en lengua cantonesa, este parecería un rincón de Portugal o de algún pueblo de Brasil. Pero es Macao, territorio de China, donde la larga presencia colonial lusitana dejó profundas huellas en su arquitectura y gastronomía.

A Macao se la suele conocer como Las Vegas de Asia, porque es el único lugar de China donde están autorizados los juegos de azar. Un abundante número de casinos, con un lujo equiparable al de la ciudad de Nevada, más una cantidad incontable de casas de apuestas, celebran esta denominación. Pero esa es otra historia.

[Para leer más: Macao, nostalgia portuguesa en el corazón de China]

Porque la idea es conocer las iglesias católicas construidas por los portugueses, sus edificios de colores pastel y las plazas con dibujos geométricos, así como los platos que juegan con la cocina fusión siglos antes de que a alguien se le ocurra este término.

 Macao también tiene algunos de los rascacielos más altos de China. Foto: Jw232523-Pixabay

 Macao también tiene algunos de los rascacielos más altos de China. Foto: Pixabay.

La influencia portuguesa

Los portugueses llegaron a mediados del siglo XVI y estuvieron allí hasta hace exactamente 20 años, el 20 de diciembre de 1999, cuando traspasaron la soberanía a China. Esa fue la última colonia europea en Asia.

Los portugueses estuvieron 400 años en Macao. Ahora pocas personas hablan la lengua europea con fluidez

De su medio millón de habitantes apenas un puñado de 10.000 hablan portugués fluidamente y practican la religión católica, herederos de la elite macaense de ascendencia europea y asiática.

El centro histórico de Macao

El centro histórico, catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es una extraña combinación de pasado colonial con presente oriental.

Uno de sus puntos más famosos es la catedral, en ruinas, de San Pablo. Su fachada barroca es lo único que queda del incendio de 1835. A pesar que el esfuerzo por subir a verla en el húmedo clima de Macao es algo duro, las vistas valen la pena.

Fachada de la Catedral San Pablo. Foto: Turismo de Macao.

Fachada de la Catedral San Pablo. Foto: Turismo de Macao.

Escaleras abajo está la Plaza del Senado (Largo do Senado), el corazón del barrio, rodeada de edificios históricos como la Casa de la Caridad. Fundada en 1569, es famosa por su hermosa fachada de arcadas, lugar donde se daba protección a las familias de los marineros desaparecidos.

A pocos pasos está el templo taoísta de Na Tcha, un edificio de 1888 de una planta adjunto a un sector de las fuertes murallas, que construyeron los portugueses para defender su colonia, reforzadas con el fuerte y el faro de Guia Hill, en una de las colinas del lugar.

Más y más edificios coloniales

Otro templo, pero más viejo que la presencia europea, es el de A-Ma, que según la leyenda, dio nombre a la ciudad.

Más iglesias coloniales, como la de San Lorenzo con su frente neo-clásico; la de San José (cantera de misioneros cristianos en Asia), y la de San Agustín (hogar del primer periódico escrito en portugués de China) descubren otras huellas del pasado europeo; a las que cabe añadir edificios como el Teatro Don Pedro V, la Casa Jardín, la biblioteca de Robert Ho Tung y la Casa del Mandarín.

El Teatro Pedro V. Foto: Turismo de Macao.

El Teatro Pedro V. Foto: Turismo de Macao.

El sentir popular

Macao tiene el mismo status político que Hong Kong, una ‘región administrativa especial’, o mejor dicho, pertenece al axioma de ‘un país-dos sistemas’.

[Para leer más: El hotel de lujo de Macao que lleva la arquitectura al límite]

Para conocer el palpitar de esta ciudad conviene pasear por el barrio de Taipa, que como tantas ciudades chinas, rebosa de callejuelas con puestos de comidas, aromas, colores, vendedores ambulantes y lámparas colgantes.

A la hora de comer

Para probar la comida más popular hay que dirigirse a las paradas de la calle Rua da Cunha (se encuentra fácil: todos los carteles están escritos en cantonés y portugués), donde se pueden probar las famosas tartas de huevo (las más famosas son la de Lord Stow’s Bakery), los dim sum (tapas de carne, vegetales o mariscos), el pollo africano, los bocadillos de cerdo marinado o los minchi (carne picada con un huevo frito encima).

Macao sabe de cocina fusión desde hace siglos. Foto: Turismo de Macao.

Macao sabe de cocina fusión desde hace siglos. Foto: Turismo de Macao.

Opciones más modernas

Un paseo muy popular es el del Muelle del Pescador, un parque temático de más de 110.000 m2 que imita a varios puertos del mundo, donde hay unas 150 tiendas, restaurantes, un parque de atracciones y un anfiteatro

Otro atractivo que magnetiza a los visitantes es el show de la fuente del lago Nam Van, la más grande de Asia.

A lo largo de la calle Rua da Cunha se concentran puestos de comida callejera, un caleidoscopio de sabores y aromas que hay que descubrir

Con 86 bocas de agua, dispara chorros que pueden subir hasta los 80 metros de alto. En los espectáculos unas 290 luces y varios rayos láser presentan un despliegue visual sin igual.

La Torre de Macao es el edificio más alto de la ciudad. Foto: Turismo de Macao.

La Torre de Macao es el edificio más alto de la ciudad. Foto: Turismo de Macao.

Para amantes del vértigo

Para poder ver con perspectiva esta ciudad se recomienda subir al edificio más alto, la Torre de Macao, donde en su cima a 338 metros de altura es posible ver hasta 55 km de distancia.

Allí es posible poner a prueba el valor de cada visitante: desde esta estructura se puede realizar bungee jumping, en una caída libre que llega a los terroríficos 200 km/h. Sí, hay un airbag en el suelo que salva del infarto, pero durante esos segundos eternos el corazón está en la boca.