Radiografía de un Poblenou que ya no existirá

Los dibujos de Lapin es una instantánea del rápido cambio urbanístico que vive Poblenou, en Barcelona.

Radiografía de un Poblenou que ya no existirá

‘Poblenou – Atlas ilustrado de un barrio industrial’, del artista Lapin, es un retrato de papel y acuarelas del vertiginoso cambio en esta zona de Barcelona

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

04/11/2018 - 16:30h

Poblenou es el barrio de Barcelona que más rápido está cambiando. A su lado, la tendencia hipster de Sant Antoni es una anécdota. El antiguo Manchester catalán, sembrado de fábricas y chimeneas, se escora a las empresas de nuevas tecnologías, las torres de acero, el coworking, las tiendas veganas y el diseño. En esa transición desaparecen talleres, casas, comercios y una forma de vida. Y el dibujante Lapin está ahí para retratarlo.

Este francés de 37 años, artista del sketching y profesor en la escuela de diseño Elisava, es vecino de este barrio. Cuando deja a su hija en la escuela sigue su camino, un poco al azar, hacia algún punto del antiguo Poblenou que siga en pie, o que está en plena demolición.

Con su silla plegable y su kit de crayones y acuarelas, dibuja y pinta con ojo certero esquinas, cruces de calles, frente de casas y persianas de talleres que se convierten en lienzos de graffitis.

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Del blog al libro

Estos dibujos los sube a su blog, en el capítulo Lost Poblenou , y el éxito popular (acompañado de reivindicaciones vecinales) lo llevó al papel. No es la primera vez: este artista ya lleva publicados 189 libros en 15 años, con postales de Barcelona, así como París, Lisboa, Berlín y cuantas ciudades del mundo haya visitado, siempre con su kit de dibujo debajo del brazo.

En este caso el Ayuntamiento de Barcelona edita ‘Poblenou – Atlas ilustrado de un barrio industrial’, como parte de su colección Carnet de Voyage, que acerca una mirada artística a las calles y la vida de la ciudad.

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Vida y muerte urbanística en Poblenou

Como puntualiza el escritor Jordi Carrión (no se pierdan su Libro de los pasajes) en el prólogo, la muerte es una ley de vida en las ciudades. Para construir hay que derribar, y si bien el 22@ tuvo un paréntesis por la crisis, una vez que amainó el temporal volvió con una onda expansiva que alcanza las calles más relegadas e industriales de este barrio, la zona que va desde Pere IV hacia el mar, y desde la Rambla de Poblenou a Marina.

En esta transición, apunta Carrión, “el coworking está al lado de la papelería de toda la vida. La gasolinera fantasmal hace esquina con el estudio de televisión. Los vecinos que dicen ‘ir a Barcelona’ se cruzan en el ascensor con los turistas de Airbnb”.

La transición de un barrio en el papel

Los trazos rápidos y las acuarelas coloridas de Lapin, sobre las hojas de antiguos cuadernos de contabilidad, ofrecen una instantánea de estos cambios: no se ven personas, pero sí coches, muchos, y no todos nuevos.

En ‘Poblenou – Atlas ilustrado de un barrio industrial’ no se ven personas pero si se oyen sus quejas y comentarios al pasar

Hay casas que quedan solitarias al lado de paredes derrumbadas; grúas de fondo que parecen cigüeñas gigantes que picotean ladrillos; bares de toda la vida que ofrecen, estoicos, menús del día frente a cafeterías de diseño. Y chimeneas, que exhalan un aire ficticio porque hace años, o décadas, que no hay una fábrica que la alimente.

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Las voces de la gente

Decíamos que no hay gente, pero Lapin pone sus voces, en pequeños globos de viñeta donde imprime sus diálogos mientras dibuja: “he perdido a mi gato”, “where’s the beach?”, “¡Qué chuli! Me encanta esta casita” “Sabes que la van a tirar cuando se muera la señora”.

Y también la ausente presencia humana está en los graffitis, cientos de ellos, que invaden sin pudor los esqueletos de las paredes desnudas y abandonadas, o que sintetizan algunos de los sentimientos vecinales por el pasado que se pierde, como el que dice “Aquí no queremos hoteles”.

Pero los hoteles llegan, como las oficinas, los restaurantes de vanguardia, las tiendas de helados exóticos, las de cervezas artesanales, los estudios de diseño y los laboratorios multimedia. Y Poblenou (para bien o para mal, quién sabe) no volverá a ser el mismo.

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