Riviera Mazatlán o cómo crear un nuevo destino turístico

Con apenas un mes de vida, el nuevo destino turístico se presenta al mundo en Madrid. Foto: Riviera Mazatlán.

Riviera Mazatlán o cómo crear un nuevo destino turístico

Con 227 km de playas vírgenes y 16.000 km2, el sur de Sinaloa diseña una nueva marca para “abrir una puerta al mundo”

Mar Nuevo

Madrid

21/01/2020 - 19:04h

Elota, San Ignacio, Mazatlán, Concordia, El Rosario y Escuinapa. Son preciosas ciudades costeras con atractivos que van desde su ubicación, en el mar de Cortez, a la gastronomía, pasando por petroglifos en sus playas, reservas naturales o uno de los carnavales más famosos del mundo. Sin embargo, resultan prácticamente desconocidos, al menos fuera de México. ¿Podrá una marca turística obrar el milagro?

Al calor del éxito de destinos como Cancún, la Riviera Maya o la más reciente Riviera Nayarit, esta franja de 227 km de playas vírgenes y 16.000 km2 al sur de Sinaloa, en el noroeste de México, utilizará Fitur como primera plataforma para darse a conocer con un nuevo nombre: Riviera Mazatlán.  

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Riviera Mazatlán

Tan joven es el experimento que apenas tiene un mes de vida: el pasado 13 de diciembre se firmó el acuerdo para la conformación de la Riviera Mazatlán como destino turístico entre los seis municipios. Un mes más tarde, el 13 de enero, se rubricó el apoyo de organismos, asociaciones empresariales y turoperadores. Fitur, que se celebra desde mañana en Madrid, será su primer escaparate mundial.

Arquitectura, historia, patrimonio, gastronomía o playas son sus atractivos. Foto Riviera Mazatlán

Arquitectura, historia, patrimonio, gastronomía o playas son sus atractivos. Foto: Riviera Mazatlán.

“Gente que es puro corazón”, afirma el corrido más famoso de Mazatlán. “Allá hasta el más pobre se siente millonario”, añade. Y es que el mayor patrimonio que puede ofrecer esta zona asomada al océano Pacífico es la felicidad. “Lo que se trae el ciudadano cuando va a allá, es sentirse como nos sentimos nosotros”, explica el presidente municipal de Mazatlán, Luis Guillermo Benítez Torres. Como en el corrido, “es lo que generamos a la gente que nos visita, se sienten plenos, se sienten contentos”.

227 km de playas

En su superficie de 16.153 km2 conviven sitios históricos como la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, con un altar bañado en oro de estilo plateresco y churrigueresco que data del siglo XVII; el teatro Ángela Peralta, inaugurado el 15 de febrero de 1874 y construido al estilo de los grandes teatros románticos decimonónicos europeos; los portales de Cannobio; el Panteón Español; o el Museo Lola Beltrán.

Es, además, un refugio perfecto para amantes de la naturaleza más salvaje gracias a áreas naturales protegidas como la Meseta de Cacaxtla, las Islas del Mar de Cortez, Playa Ceuta y Playa Verde Camacho y en varios puntos se puede disfrutar de actividades como el avistamiento de ballenas, la interacción con delfines, los paseos en kayak, la liberación de tortugas, la observación de aves, los paseos a caballo y las excursiones acuáticas y terrestres.

Además, es un gran destino para abandonarse a los placeres gastronómicos, con platos típicos que mezclan ingredientes de mar y de sierra.

De minas a petroglifos

Riviera Mazatlán ofrece además experiencias relacionadas con la historia y la arqueología, que se reparten por sus pueblos, como Las Labradas, en San Ignacio. En el puerto de Barras de Piaxtla, a pie de playa y en su entorno original, es posible observar un conjunto de petroglifos que datan de los siglos IX y X, aunque según diferentes estudios podrían remontarse cientos de años atrás. De hecho, por su calidad plástica se considera uno de los lugares de arte antiguo más importante del continente americano.

Petroglifos de Las Labradas. Foto Riviera Mazatlán

Petroglifos de Las Labradas. Foto: Riviera Mazatlán.

Sin salir de San Ignacio encontraremos un hermoso pueblo señorial cuyo Cristo de la Mesa recibe a los visitantes desde sus 20 metros de altura.

Concordia, por su parte, es un antiguo pueblo minero, ubicado sobre majestuosos paisajes de la Sierra Madre Occidental y famoso por la producción de muebles. Fundado en 1565 (se llamó San Sebastián durante todo el periodo colonial y hasta 1828), hoy destaca por su riqueza cultural e histórica.

Mazatlán, la Ciudad del Carnaval

La ciudad que da nombre al proyecto es quizás también la más famosa de la zona, gracias especialmente a su carnaval, uno de los más importantes no solo de México sino del mundo, convertido en una fiesta multitudinaria.

Pasear por el malecón -tiene 21 km de longitud- y el centro histórico recientemente remodelado, subir al faro de Mazatlán y su mirador de cristal, acercarse a la catedral, del año 1899 y una de las más hermosas del noroeste de México, son otros de los planes que depara esta ciudad, de animada vida nocturna.

Completamente diferente, Rosario es uno de los territorios más prolíficos en minerales preciosos. En su iglesia principal, de Nuestra Señora del Rosario, hay incluso un altar bañado en oro.

Además, sorprende con extensísimas playas en sus 40 km de litoral, que se extienden desde la costa del Pacífico a las estribaciones de la Sierra Madre Oriental donde además de arenales vírgenes es posible practicar todo tipo de deportes acuáticos y observar delfines y tortugas marinas, entre otros.

Del kayak a avistamiento de ballenas, las actividades acuáticas son uno de sus fuertes. Foto Riviera Mazatlán

Del kayak a avistamiento de ballenas, las actividades acuáticas son uno de sus fuertes. Foto: Riviera Mazatlán.

Elota y Escuinapa

Si de mar se trata tiene mucho que decir Elota, una villa señorial con numerosas playas dotadas de algunos de los mejores servicios de la zona, entre ellas las de Celestino Gazca y Playa Ceuta, donde visitar un ‘campamento tortuguero’ para observar de cerca la vida de la tortuga golfina.

Por último, Escuinapa, que se define como un “pueblo pesquero orgullosamente bicicletero” cierra la oferta con sus marismas y manglares en los que habitan infinidad de especies costeras. Además de sus paisajes y playas vírgenes, la imagen de su misteriosa pirámide de conchas construida por antiguos pobladores de la zona o la visita al jardín botánico Antonio Haas completan una original estancia.