La ruta de bares, libros y recuerdos de Hemingway en Cuba

Una estatua de Hemingway en El Floridita ocupa su lugar favorito para saborear daiquiris.

La ruta de bares, libros y recuerdos de Hemingway en Cuba

Ernest Hemingway estaba enamorado de Cuba. Sus huellas se pueden seguir en los bares de La Habana, en su casa de Finca Vigía y en los pueblos de pescadores

La primera cita de Ernest Hemingway con Cuba duró dos días. Fue en 1928, pero el idilio duró casi toda su vida. El escritor regresó y adoptó a Cuba como su hogar. Allí caminó las calles de La Habana Vieja en un rutinario recorrido por bares que ahora tiene fama mundial, compró una casa en las afueras que ahora es un museo en su memoria, y un pueblo de pescadores le rinde homenaje con una estatua labrada con el metal de las anclas.

El hogar de Hemingway en La Habana Vieja

En la calle Obispo, una de las vías turísticas más famosas de la capital cubana, se encuentra el hotel Ambos Mundos. Este puede ser un buen punto de partida para desempolvar el recuerdo del autor de Paris era una fiesta, al subir a la habitación 511 que fue su hogar entre 1932 y 1939.

Ahora reconvertida en un pequeño museo, atesora la máquina donde escribió (muchas veces de pie, consecuencias de una herida de guerra en la rodilla) Muerte en la tarde (1932), Las verdes colinas de África (1935) y Tener y no tener (1937).

hab 511
La máquina que Hemingway usó en el hotel Ambos Mundos.

En el lugar hay algunos objetos personales, como sus zapatos número 46, cañas de pescar, libros, recortes de periódicos y un busto de tamaño natural.

En la habitación 511 del hotel Dos Mundos se encuentra la máquina de escribir que Hemingway usó para escribir tres novelas

Los dos bares más famosos de la ciudad

Para inspirarse, descansar o las dos cosas a la vez, Hemingway tenía la ruta de beber “un mojito en la Bodeguita y un daiquiri en El Floridita”. La cita está impresa en la pared el primer bar, donde se sigue sirviendo el popular trago con jugo de lima, ron blanco y menta.

bodeguita del medio
Miles de turistas siguieron la costumbre de Hemingway de escribir en La Bodeguita del Medio.

Como en los años 30 y en las décadas posteriores, los ritmos tropicales salen de los altavoces, la gente conversa y ríe a los gritos y el humo de los puros flota en el ambiente.

Tras el graffiti dejado por Hemingway cientos de miles de turistas llenan las paredes con sus mensajes y saludos, en los huecos que se pueden encontrar entre las fotos de famosos que pasaron por el lugar.

Un Papa Doble en su honor

En El Floridita, retratado en Islas a la deriva, Hemingway apuraba daiquiris en complicidad con Errol Flynn y Spencer Tracy. Su asiento ahora es ocupado por una estatua que respeta sus voluminosas proporciones, y por supuesto, el trago obligado es el Papa Doble, una variante de la bebida favorita del escritor y periodista con ración extra de ron y sin azúcar.

Aunque el lugar fue remodelado, conserva el aire de los años de Hemingway. Pero como figura en todas las guías de la ciudad, hay que armarse de paciencia para quien pretenda realizarse una foto junto al bronce del premio Nobel.

La vida personal en la Finca Vigía

El escritor siguió como cliente fiel de El Floridita incluso cuando en 1939 compró su casa en la Finca Vigía, en San Francisco de Paula, en las afueras de La Habana.

La casa, de espectaculares vistas y rodeada de una frondosa vegetación Hemingway se fue en 1960 para no regresar jamás: se suicidaría al año siguiente.

finca el vigia
La Finca Vigía tiene un patrimonio de 9.000 libros y publicaciones que pertenecieron a Hemingway.

En 1962 el gobierno cubano la expropió y la declaró como museo. Actualmente es posible conocer cómo era su vida cotidiana, con su colección de 9.000 libros, sus cientos de discos de jazz y música clásica, la vajilla más elegante, las cabezas de sus trofeos de caza en África y los trajes que usó mientras era periodista de guerra.

En la Finca Vigía se conserva una inmensa colección de libros y discos de Hemingway

Muy cerca se encuentra la estructura de Pilar, el barco en el que Hemingway solía pescar o navegar por placer, y con el que llegaba a Cojímar, el pueblo reflejado en El viejo y el mar, y donde –previsiblemente- se encuentra otro busto del autor. El homenaje fue de los pescadores del pueblo, que mandaron a fundir sus anclas para donar el metal necesario para la escultura.

Cojimar Hemingway
Busto de Hemingway en Cojímar, un pequeño pueblo de pescadores.