Sibenik: la belleza de las islas dálmatas en superlativo

Sibenik. Foto: Julien Duval | Turismo de Croacia.

Sibenik: la belleza de las islas dálmatas en superlativo

Una ciudad imprescindible en el archipiélago dálmata donde historia, naturaleza y buen vivir conviven en perfecta en armonía

Manena Munar

Madrid

12/01/2020 - 16:00h

Las piedras de Šibenik sirvieron de plató -entre otros- de la quinta temporada de Juego de Tronos. Unas adoptan forma gótica, otras renacentista pero todas rezuman historia. Su empedrado dibuja hoy una ciudad viva, auténtica, llena de tiendas, de ruido, de personas que suben y bajan por sus empinadas cuestas pero, sobre todo, llena de un encanto que ni el turismo logra desdibujar.

Situada en la zona central de Dalmacia, en la desembocadura del río Krka, Šibenik es la más antigua de las ciudades fundadas por los dálmatas en el Adriático.

Entre sus monumentos y casas góticas y renacentistas sobresale la catedral de Santiago, de los siglos XV y XVI, declarada patrimonio de la Unesco en el 2000 no solo por su monumentalidad, sino también por la unicidad de las losas de interconexión con las piedras.

Se resistió a la invasión otomana, formó parte del Imperio austrohúngaro y la República de Venecia y renació como una de las ciudades más importantes de Yugoslavia

El Museo de la Ciudad ocupa lo que fue el palacio del Duque. Es coqueto e interesante, sobre todo para descubrir la importancia que tuvo la ciudad en cuanto al comercio marítimo de sal, vino y aceite de oliva, entre otros muchos detalles de ésta genuina ciudad croata.

Catedral de Santiago en Sibenik. Foto Getty Images.

Catedral de Santiago en Sibenik. Foto: Getty Images.

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De sus calles salieron también personajes ilustres que dejaron su impronta en la historia de la ciudad, véase el científico Faust Vrancic, inventor del paracaídas, o el famoso jugador de baloncesto Drazen Petrovic, e incluso Ivan Mestrovic, el escultor croata por excelencia cuyo mausoleo se encuentra en la cercana localidad de Otavice.

Un poco de historia

En la historia de Šibenik hay muchas páginas: las de la época en que se resistió a los otomanos; las de los años bajo el control del Imperio austrohúngaro, una vez caída la República de Venecia; o las de su renacer como una de las urbes industriales de mayor importancia de Yugoslavia.

De esa época es Amadria Park, un complejo hotelero a 6 km del centro que hoy, renovado, lo tiene todo. Sus cinco hoteles, la zona residencial y el camping abarcan cuatro kilómetros de playa. Las habitaciones son cómodas y alegres y su restauración es variada. En el restaurante tradicional, réplica de un pueblecito dálmata, se pueden comer platos típicos cocinados lentamente en las cenizas de un horno de leña peka de donde salen un pulpo, cordero, o ternera excepcionales.

Vista de la ciudad desde el mar. Foto Manena Munar.

Vista de la ciudad desde el mar. Foto: Manena Munar.

Sorpresas en cada rincón

La Šibenik de hoy es una ciudad viva, decíamos, como esas mujeres con tacones imposibles que manejan con soltura sobre el empedrado. Su cotidianeidad permanece intacta pese al incremento de viajeros, que hoy pasean por calles serpenteantes llenas de sorpresas, como la cavidad entre las piedras que reza ‘amor d cani’ destinada a dejar comida para los perros callejeros, o  aquel restaurante vegano, SHE Bio Bistro, Atelier, Roof Bar desde cuyo jardín se ve el mar.

O aquel otro, Vintage Bar, en pleno casco antiguo con buena música y excelentes cocteles. Más que sorprendente, preciosa la vista de la ciudad desde el mar, por lo que es más que aconsejable subir a bordo de una de las muchas goletas ancladas en el puerto y realizar un pequeño paseo.

Sus calles están repletas de acogedores cafés. Foto Manena Munar.

Sus calles están repletas de acogedores cafés. Foto: Manena Munar.

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Al son de la klapa

Hasta los adoquines ancestrales vibran con las voces graves de los hombres que en grupos de seis a ocho entonan canciones a capella. Es la música vocal klapa, un canto tradicional a varias voces típico de la región de Dalmacia. 

En un círculo cerrado, el tenor abre el canto y el resto le corea en su canción que habla sobre las venturas y desventuras del entorno. Acompañan bodas, bautizos, comidas e, incluso, se les encuentra espontáneamente a la puerta del bar con el vaso de vino en una mano y la otra en el hombro del compañero entonando sentidas baladas, heredadas de sus antepasados.

Fuerte de San Nicolás. Foto Ivo Biocina Turismo de Croacia

Fuerte de San Nicolás. Foto: Ivo Biocina | Turismo de Croacia.

Parque Nacional de Krka

El barco para visitar las cataratas de Krak se puede coger en el pintoresco pueblo de Skradin donde el río forma una profunda ensenada y donde merece la pena hacer un alto en el camino y pasear por sus calles de casas pintadas en vivos colores, observando el vivir sosegado de su gente.

Tras su paso por Skradin, el río deriva en el lago Prukljansko hasta convertirse de nuevo en otra ensenada a las orillas de Šibenik.

Navegando por el río cárstico de Krka la verde belleza del paisaje va in crescendo hasta llegar a las cataratas de Skradinsky Buk y Roski Slap donde la sinfonía acuática de lagos, cañones y cascadas da el do de pecho ante el fastuoso panorama.

Visovac, en el río Krka. Foto Ivo Biocina Turismo de Croacia.

Visovac, en el río Krka. Foto: Ivo Biocina | Turismo de Croacia.

Viejos molinos de trigo se asoman al curso del río mientras el convento franciscano del islote de Visovac nos espera con una pinacoteca y una iglesia del siglo XIV, receptáculo de una serie de documentos que datan del periodo otomano.

Entre molinos e islas

Aprovechando precisamente la fuerza del agua del río Krka nació la central hidroeléctrica del Krka, la primera de Croacia y Europa del Este. Erigida en piedra de travertino empezó a funcionar tras la construcción de las líneas de transporte y la red a baja tensión de la ciudad de Šibenik, cuyas luces se encendieron el 26 de agosto de 1895, antes que las de muchas ciudades europeas como Viena o Budapest.

Muy cerca de Krka, en la finca de agroturismo de Kalpic podemos probar los ricos vinos locales y la gastronomía regional.

La belleza de Kornati parece irreal. Foto Stipe Surac

La belleza de Kornati parece irreal. Foto: Stipe Surac | Turismo de Croacia.

Otra de las maravillas acuáticas al oeste de Šibenik son las 150 islas cársticas que forman el archipiélago del Parque Nacional de Kornati, prácticamente deshabitado. Idóneo para practicar el barranquismo y el senderismo.