Siete destinos que son un homenaje al arcoíris

Antes marginal y ahora protagonista en Instagram, así luce Bo Kaap (Ciudad del Cabo). Foto: Claudio Fonte | Unsplash

Siete destinos que son un homenaje al arcoíris

Jaipur, Chefchauen, Guatapé, Ciudad del Cabo, La Boca, Cinque Terre y La Habana o cómo viajar a las ciudanes más coloridas del mundo

Mar Nuevo

Madrid

28/03/2020 - 15:57h

Hay lugares donde la naturaleza nos regala paisajes que más bien parecen extraídos de los lienzos de un artista; lugares como la montaña de Ausangate, en Perú, o la más próxima laguna rosa en el Parque Natural de las Launas de la Mata y de Torrevieja. En clave urbana, sin embargo, también hay destinos que estallan de color y alegría creando verdaderas postales de efecto magnético.

De Cinque Terre en Italia al barrio de Bo-Kaap en Ciudad del Cabo pasando por el pueblo azul de Chefchauen y el rosa de Jaipur, la ciudad vieja de La Habana y el pueblo colombiano de Gautapé, recorremos el mundo en un viaje en technicolor.

El contraste de las casas de colores con el verde de los viñedos y el azul de mar hacen de Cinque Terre un paraíso cromático

[Para leer más: Chefchaouen: ¿A quién se le ocurrió pintar de azul este pueblo?]

Cinque Terre, Italia

No es uno sino, como su nombre indica, cinco los pueblecitos que integran la que posiblemente sea una de las zonas más bellas de toda Italia. A lo largo de 18 km, en la provincia de La Spezia (a unos 160 km de Florencia), estas localidades se alzan sobre el mar de Liguria, encaramados sobre viñedos y terrazas que descienden vertiginosamente hacia el mar.

Vernazza, Cinque Terre. Foto Bailey Gullo Unsplash

Vernazza, Cinque Terre. Foto: Bailey Gullo | Unsplash.

Integra los pueblos de comprende los pueblos de Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, cada uno con su propia identidad y sus propios atractivos.

Desde un punto de vista del color, los cinco son auténticos regalos para la vista, con casas de vivas tonalidades que van del amarillo al rojo, pasando los verdes, rosados y ocres, siempre en contraste con el azul del mar y el verde intenso de sus viñedos y colinas.

Mención especial merece su gastronomía, basada en pescados fresco, pasta al pesto y los exquisitos vinos del lugar.

Chefchaouen, Marruecos

Aunque hay varias ciudades que se identifican con el color azul, como Jodhpur en La India, o Santorini en Grecia, si hay una auténtica ciudad azul esa es Chefchaouen.

Chefchaouen, el pueblo azul del Rif que atrae a legiones de turistas. Foto: Milad Alizadeh - Unsplash

El pueblo azul del Rif atrae a legiones de turistas. Foto: Milad Alizadeh | Unsplash.

Este pueblo de menos de 50.000 habitantes, que entraña también la tonalidad Pantone de 2020, fue fundado en 1741 por Moulay Ali Ben Moussa Ben Rached El Alami a los pies de las montañas del Rif.

Circulan diferentes teorías sobre el porqué de su original baño de color, que van desde el intento de ahuyentar mosquitos a mantener frescas las casas, pasando por la preferencia de los judíos, que honran a este color como una forma de estar más cerca del cielo y, por ende, de dios.

Lo que sí es cierto es que en sus intrincadas callejuelas nos sorprende a cada paso una nueva tonalidad de azul, creando una sensación casi marina que solo se interrumpe con las macetas de vivos colores.

Guatapé, Colombia

Conocida también como la ‘ciudad de los mil colores’, Guatapé se localiza al norte de Colombia, en la provincia de Antioquía, a unos 79 km de Medellín y aproximadamente 400 km de Bogotá.

Guatapé, Colombia. Foto Reiseblogger Pixabay.

Guatapé, Colombia. Foto: Reiseblogger | Pixabay.

Lo que hace de ella uno de los destinos más buscados del país es precisamente su colorido.

Se remonta a los primeros años del siglo XX cuando algunos de sus habitantes comenzaron a pintar de colores sus casas para protegerlas de la humedad. Más tarde, José María Parra, uno de sus vecinos, empezó a decorar los zócalos de las casas con escenas y motivos geométricos, una idea que pronto se extendió hasta convertir la ciudad en un mosaico que explota de color y arte en cada rincón, aunque se concentra especialmente en la Plaza de los Zócalos.

Ciudad del Cabo, Sudáfrica

El barrio malayo o Bo-Kaap de la ciudad es uno de los destinos más coloridos de Sudáfrica. Su nombre significa ‘encima del Cabo’ y es que, geográficamente, se halla en las faldas de Table Mountain, concretamente en las laderas de Signal Hill.

De orígenes humildes, esta barriada histórica se componía de casas esencialmente blancas y nadie sabe con exactitud cuándo empezaron a pintarlas de los colores pastel o más intensos que vemos hoy, pero se cree que responde a los preparativos de la comunidad musulmana (alrededor del 90% de sus vecinos) para la fiesta del Eid (fin del Ramadán).

Bo Kaap, Ciudad del Cabo. Foto Jean van der Meulen Pixabay

Bo Kaap, Ciudad del Cabo. Foto: Jean van der Meulen | Pixabay.

Otra teoría señala que la tradición arranca cuando se permitió a los antiguos esclavos, conocidos como malayos de Ciudad del Cabo, aunque no todos lo fueran, que se concentraban en esta zona, comprar casas, que pintaron de colores como símbolo de libertad.

Hoy, tras dejar de ser considerado como un barrio marginal, las casas de una sola planta pero también las mezquitas, lucen vibrantes colores que no son nada azarosos, sino que se disponen de forma que presenten una atractiva explosión en technicolor.

Jaipur, La India

Incluida en el listado de Patrimonio Mundial de la Unesco el pasado julio, Jaipur es también la capital del mítico estado de Rajastán y la puerta de entrada al patrimonio real de la India. No en vano fue hogar de los reyes Rajput.

Hay un color claro que define a Jaipur y es, sin duda, el rosa. Suspendida en el tiempo, profundamente tradicional pero también con zonas que vibran de modernidad en el bullicioso Bazar Johari, el rosa brilla en todo su esplendor en Hawa Mahal, el fantástico Palacio de los Vientos construido en 1799 por el Maharajá Sawai Pratap Singh (gobernante de Jaipur de 1778 a 1803), como refugio de verano. Se dice que la disposición de las ventanas se asemeja a la corona de Krishna.

Hawa Mahal, Jaipur. Foto H. Hach Pixabay

Hawa Mahal, Jaipur. Foto: H. Hach | Pixabay.

Respecto al origen del color, hay varias versiones, desde quien dice que trataba de imitar los tonos rojizos de la piedra arenisca hasta quien lo atribuye a una visita del príncipe de Gales bajo el reinado del Maharajá Ram Singh en 1876, cuando se decidió pintar de rosa los edificios ya que este color simboliza la hospitalidad.

El Fuerte Jaigarh y el Jal Mahal son otras muestras de arquitectura rosa que se deben visitar. Por si fuera poco, también en Jaipur podemos dormir en el primer palacio que un rey alquila a través de Airbnb.

La Boca, Buenos Aires

Fútbol, tango y mate. Imposible definir en menos palabras Argentina. Si a eso le añadimos un buen puñado de color, autenticidad y arte, el resultado es La Boca.

Y es que este barrio histórico de Buenos Aires atesora el estadio de Boca Juniors -la mítica Bombonera-, parejas de bailarines en la Calle Caminito y bares y restaurantes que se alternan con estudios de artistas que venden directamente sus obras en la calle y se enmarcan sus clásicas casas o conventillos de vivos colores.

Además de los templos tangueros, es posible ver bailarines esponténeos en barrios como Boca. Foto Jane Anne Craigie Pixabay

Templos tangueros, fútbol, arte y mucho color se dan cita en La Boca. Foto: Jane Anne Craigie | Pixabay.

¿De dónde le viene el color a La Boca? El barrio nació a la orilla de el Riachuelo, en su desembocadura en el Río de la Plata, de ahí su nombre. El color, sin embargo, se debe a que los inmigrantes que se asentaron allí, en su mayoría italianos, pintaron sus casas hechas de chapas de zinc con restos de pintura de los talleres del puerto, una tradición que los habitantes de la zona han mantenido hasta hoy como señal de identidad.

La Habana, Cuba

Rosas, azules, naranjas, grises, amarillos, beis, verdes, ocres, negros, bermellones y rojos, así como las declinaciones casi infinitas de cada uno de ellos, nos sorprenden -más o menos desvencijados- en fachadas, cenefas, puertas, zócalos y vitrales de La Habana.

Ya decía García Lorca en 1930, asombrado por las tonalidades a su llegada a la capital cubana procedente de Nueva York, “Es el amarillo de Cádiz con un grado más, el rosa de Sevilla tirando a carmín y el verde de Granada con una leve fosforescencia de pez”.

Y no iba desencaminado el poeta. El año pasado, como parte de los actos organizados para el 500 aniversario de La Habana, se publicó un estudio completo sobre la paleta de colores que desde su origen ha teñido la ciudad, obra de Oficina del Historiador de la Ciudad que dirige Eusebio Leal y de la empresa española Isaval, que suministra pintura para el centro histórico.

La Habana. Foto Augustin de Montesquiou Unsplash

La Habana. Foto Augustin de Montesquiou | Unsplash.

En efecto, muchos de sus edificios comenzaron a pintarse con pigmentos traídos de España, si bien fueron la luz y el carácter propios de la ciudad quienes imprimieron esta reconocible y vibrante personalidad cromática.

Según el estudio, solo para pintar los edificios que se reparten alrededor de las cinco plazas de la ciudad intramuros – la de Armas, la Catedral, San Francisco, la plaza Vieja y la del Cristo- se emplearon un total de 164 colores.