Siete secretos para descubrir otra cara de Times Square

Tan amada como odiada, Times Square es mucho más que rutilantes pantallas. Foto: Anthony Rosset | Unsplash.

Siete secretos para descubrir otra cara de Times Square

Mientras esperamos que Nueva York recupere su vitalidad, descubrimos siete detalles de la historia oculta del rincón más famoso de la Gran Manzana

Mar Nuevo

Madrid

21/04/2020 - 14:30h

Seguro que hay mil y un rincones más interesantes en la ciudad de Nueva York para perderse pero Times Square ejerce un magnetismo al que pocos pueden resistirse. Siempre despierta, siempre deslumbrante, frenética, mágica, histriónica, excéntrica o hilarante, esta plaza que en realidad es un triángulo está plagada de curiosidades que sus gigantescos neones suelen eclipsar.

Su nombre, la ceremonia de Año Nuevo, besos que han pasado a la historia, su degradación y posterior resurgimiento o los lugares secretos que se esconden en sus rincones, de obras de arte a instalaciones sonoras subterráneas, están entre las razones del poder de atracción de Times Square sobre alrededor de 360.000 personas cada día.

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El periódico que no está

Se conoció como Longacre Square hasta 1904, cuando el New York Times decidió trasladar su sede y, de paso, renombrar la plaza. Aunque apenas estuvo nueve años, el nombre de Times Square se quedaría ya para siempre en este espacio de forma triangular que forman la intersección de Broadway con la Séptima Avenida.

Times Square. Andre Benz Unsplash

Times Square. Foto: Andre Benz | Unsplash.

One Times Square

Precisamente el edificio que iba a albergar al Times, One Times Square, sigue siendo una de las atracciones más potentes de la plaza. Con 120,4 m de altura y 25 plantas, se ubica en la intersección de la Calle 42 y Broadway y acoge cada año desde 1907 la celebración de Año Nuevo más vista del planeta, que incluye la cuenta atrás y el descenso de la gigantesca bola. De hecho, solo en dos ocasiones, 1942 y 1943 con motivo de la  Segunda Guerra Mundial, la famosa bola no bajó. Hoy siguen esta tradición más de 1.000 millones de personas en todo el mundo.

En 1995 el rascacielos fue adquirido por Lehman Brothers, que lo reorientó totalmente hacia fines publicitarios. De ahí que hoy, aunque la mayor parte de sus plantas estén vacías, es enormemente rentable que genera más de 20 millones de euros cada año.

El beso más famoso

El 14 de agosto de 1945 se dio la noticia de la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Miles de personas salieron a las calles de Nueva York a celebrarlo y se congregaron en Times Square. Allí se fotografío en beso más famoso de todos los tiempos, en el que un marinero besa a una enfermera, una instantánea captada por Alfred Eisenstaedt, fotógrafo de la revista Life.

Aún hoy no se conocen las identidades de sus protagonistas.

Times Square. Foro Rafael Leao Unsplash

Times Square. Foto: Rafael Leao | Unsplash.

Ocaso y resurgimiento

Tras el crack financiero de 1929 la zona comenzó a degradarse y en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo la zona no era precisamente recomendable, plagada de sórdidos sex shops, cines porno, drogas y prostitución.

Así lo retratan películas como Taxi driver (1976) de Martin Scorsese o Midnight cowboy (1969) de John Schlesinger.

Las cosas comenzaron a cambiar especialmente tras la elección como alcalde, en 1993, de Rudolph Giuliani, que impulsó la reestructuración y revitalización de la plaza y logró sacarla de la ‘lista negra’ del crimen.

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Se ve desde el espacio exterior

Si la contaminación lumínica tuviera nombre propio podría ser Times Square. El primer cartel luminoso se instaló en 1917 y hoy existen alrededor de 50, entre ellas la más grande de los EEUU desde 2015. La luz que desprenden, día y noche, es tal que convierte la plaza en uno de los lugares que los astronautas pueden identificar de La Tierra desde el espacio exterior.

Un total de 16 empresas comercializan los anuncios en sus pantallas, con precios que van desde los 20 a los 50 céntimos por impresión (bastante más que en Google). La inversión llega a superar los cuatro millones de dólares para las compañías con una presencia regular durante todo el año.

Un sofisticado sistema sirve a los promotores y anunciantes para controlar la cantidad de personas expuesta a los anuncios: se basa en 17 sensores ubicados en diferentes lugares de la plaza que controlan a cada peatón y permiten contabilizar hasta el último impacto, además de generar todo tipo de estadísticas pormenorizadas.

¿El sueño de tu vida es aparecer en alguna de esas pantallas? ¿Quizás aprovechar tu paso por Nueva York para pedir matrimonio a tu pareja? También se vende, solo hay que contactar con una de las empresas de publicidad y solicitar presupuesto.

Cada día pasan por aquí más e 300.000 personas. Foto Chris Barbalis Unsplash

Cada día pasan por aquí más e 300.000 personas. Foto: Chris Barbalis | Unsplash.

Música desde el subsuelo

Entre los sonidos que generan los viandantes y la extraña fauna compuesta por todo tipo de superhéroes y personajes que se ofrecen insistentemente para fotografías de recuerdos es difícil percibir el hilo musical de Times Square. Pero también lo tiene.

El artista Max Neuhaus creó una “textura de sonidos” que emerge desde una rejilla en suelo, al pie del paso de la isla peatonal ubicada entre las calles 45 y 46.

Originalmente instalado entre 1977 y 1992, el proyecto se reestableció en mayo de 2002 y hoy sigue sonando las 24 horas del día los siete días de la semana.

Bares y restaurantes que sí

Aunque la mayor parte de locales comerciales en Times Square pertenecen a grandes franquicias, aún es posible encontrar rincones auténticos.

Es el caso del Bar Centrale, en la Calle 46, donde es fácil encontrar a actores de Broadway o The Polinesian, un refugio tropical y tranquilo en medio del caos donde saborear todo tipo de cócteles tiki (dentro de The Pod Hotel).

Farm to burger

Farm to Burger.

Pocas manzanas al sur de Times Square se encuentra Dear Irving, en los pisos 40 y 41, con ventanales de suelo a techo que ofrecen magníficas vistas y también es posible comer una hamburguesa de ‘carne de verdad’ en Farm to Burger, en el interior de Aliz Hotel.