Stavanger: petróleo, vikingos, cocina y mucho arte urbano

La calle de colores de Stavanger. Foto: Martin Håndlykken | Innovation Norway.

Stavanger: petróleo, vikingos, cocina y mucho arte urbano

O cómo la inauguración de un museo inició un movimiento que cambió para siempre la fisionomía (y el sentir) de la ciudad

Alfredo García Reyes

Madrid

01/12/2019 - 18:30h

Stavanger es la cuarta ciudad más poblada de Noruega, con algo más de 130.000 habitantes. Junto a la no tan lejana Bergen, está considerada como la capital del petróleo de ese país. Tan importante es ese combustible fósil que la ciudad le dedicó hasta un museo que, además, sirvió de revulsivo a la ciudad en todos los ámbitos.

De visita más que recomendable, se encuentra en un edificio inaugurado en 1999, inspirado en las grandes plataformas petrolíferas sobre el mar y ubicado junto al puerto viejo de Stavanger.

La Museo del Petróleo inició una transformación de Stavanger que la abrió a un mundo de modernidad y vanguardia

Sus autores son los arquitectos noruegos Lunde & Løvseth y, gracias a él, transformaron el perfil de una ciudad que, hasta entonces, había crecido de una forma, digamos, bastante “clásica”.

[Para leer más: Siete películas que se han enamorado de Noruega]

La nueva Stavanger

Se puede decir que la inauguración del Museo del Petróleo fue el pistoletazo de salida hacia una interpretación urbana bastante más vanguardista y, desde luego, el empujón para que Stavanger entrara a lo grande en el siglo XXI.

Museo del Petróleo de Stavanger. Foto: Innovation Norway.

Museo del Petróleo de Stavanger. Foto: Innovation Norway.

De ahí también que se convirtiera en Capital Europea de la Cultura en 2008, prestigioso nombramiento compartido ese año con Liverpool.

Todo ello supuso la recuperación de una gran cantidad de edificios industriales y antiguos almacenes, tanto en el centro como en el cinturón urbano, para dedicarlos a todo tipo de iniciativas culturales.

Arte urbano

Una de las más llamativas es esa que cubre los muros desnudos de esas construcciones con llamativos murales, muy lejos en concepto de los degradantes graffiti supuestamente reivindicativos. De los que estamos hablando es de street art con mayúsculas, y de obras ejecutadas por los más destacados autores de ese estilo tanto a nivel nacional como internacional. Por ejemplo, Dan Witz, David Choe, Eine, Isaac Cordal, Dot Dot Dot, Sandra Chevrier, Skurk

Artistas como Dan Witz, David Choe, Eine, Isaac Cordal, Dot Dot Dot, Sandra Chevrier o Skurk han devuelto a la vida a través del arte antiguos almacenes y edificios industriales

Muchos de estos murales son bastante evidentes y saltan a la vista en cuanto se dan cuatro pasos por la ciudad. Otros requieren ser desvelados por algún experto en la materia, como los guías de NuArt Street Art Tours.

NuArt street art festival i Stavanger. Foto: Innovation Norway.

El arte urbano es una constante en Stavanger. Foto: Innovation Norway.

Una calle de colores

Los artistas que han participado (y siguen participando en esta iniciativa) entienden la ciudad como un gran lienzo en el que mostrar sus creaciones. Y una de las intervenciones más exitosas es, sin duda, la de Øvre Holmegate, conocida como la ‘calle de los colores’, por los llamativos tonos con que están pintadas sus casas.

La idea de colorear la vía fue de un peluquero local, Tom Kjorsvik y el artista ejecutor del proyecto, Craig Flannagan. Hoy, muchos de los edificios albergan bares, restaurantes y tiendas donde se da cita tanto la población local como muchos de los que visitan Stavanger. Todos ellos le aportan un agradable ambiente a la calle que se prolonga, incluso, hasta la madrugada.

Por lo demás, las construcciones de Øvre Holmegate poco difieren de las de buena parte de la Ciudad Vieja de Stavanger. Con una encantadora fisonomía de casitas de pescadores con fachadas construidas a base de tablones de madera. Por ejemplo, las que flanquean el puerto viejo de la ciudad y ascienden por las suaves colinas en las que está asentada la urbe.

La calle Ovre Holmegate está plagada de cafés y encantadoras tiendas. Foto: Innovation Norway.

La calle Ovre Holmegate está plagada de cafés y encantadoras tiendas. Foto: Innovation Norway.

Viking House

En este entorno, junto al puerto se encuentra la Viking House. Una curiosa iniciativa que permite a los visitantes explorar, casi en primera persona (mediante un ingenioso montaje de realidad virtual), la historia de los vikingos a través de las hazañas del rey Harald Hårfagre, ganador de la Batalla de Hafrsfjord, en 872.

En este sentido, conviene recordar que la región de Stavanger, como buena parte de las costas noruegas, está íntimamente ligada a ese pueblo conocido por su espíritu indómito.

La revolución gastronómica que vive Noruega desde hace una década se siente también en Stavanger

La barbarie de los vikingos es cierta, sí. Pero también lo es que gracias a ellos se abrieron nuevas vías marítimas de comunicación entre diferentes regiones de Europa y también con algunos pueblos americanos.

Arte urbano en Stavanger. Foto: Eugenia Fierros.

Arte urbano en Stavanger. Foto: Eugenia Fierros.

Revolución en los fogones

Quizás esto explica que Stavanger haya hecho también una fuerte apuesta por ala gastronomía. Aunque no es una iniciativa única de esta ciudad. De hecho, Noruega está viviendo desde algo más de una década una auténtica revolución culinaria, que está llevando a muchos de sus cocineros a lo más alto del estrellato internacional.

Puede parecer exagerado, pero en número de medallas Noruega supera ya a Francia en el prestigioso certamen Bocuse d’Or.

En Stavanger hay algunos buenos ejemplos de esta nueva y exitosa cocina noruega. Una cocina basada, en primer lugar, en los ingredientes de altísima calidad que llegan a sus puertos marítimos, pero también en otros que se producen tierra adentro.

Salmón y bacalao son algunos de sus productos más preciados. Foto: Innovation Norway.

Nunca comeremos demasiado salmón o bacalao en Noruega. Foto: Innovation Norway.

En segundo término, la clave está en la asimilación de técnicas, combinaciones, presentaciones y productos llegados de los lugares más insospechados del planeta.

Alta cocina noruega

Un buen ejemplo es el restaurante Sabi Omakase, templo culinario de Roger Asakil Joya. Este filipino, establecido aquí desde hace décadas, elabora uno de los mejores sushis de toda Europa. Los 18 pases de su menú degustación, que se toman en la barra, contemplando el espectáculo de su cocina abierta, integran una experiencia difícil de olvidar.

Otras veces las influencias vienen de tierras más cercanas. Como los aires ítalo-franceses-nórdicos de Renaa Maatbaren. Este restaurante forma parte del grupo creado por uno de los cocineros noruegos con mayor éxito y proyección internacional: Sven Erik Renaa. Incesante investigador en las infinitas posibilidades de la cocina, en este bistró ofrece una propuesta desenfadada en un ambiente muy artístico.

No habría que perderse sus platos a base de los ingredientes estrella del país (bacalao y salmón), ni renunciar a su interpretación de la italiana porchetta (redondo de carne de cerdo), crujiente, jugosa y suculenta.

Renaa Maatbaren, Stavanger.

Aires italo-franceses y nórdicos en la propuesta de Sven Erik Renaa. Foto: Renaa Maatbaren.

Ostehuset Øst

También muy auténtico resulta el restaurante Ostehuset Øst, un lugar perfecto para el almuerzo, con un ambiente cercano y divertido (sobre todo los fines de semana), donde se sirven muchos de los mejores manjares de la cocina noruega. Destacan sus cremas a base de patata, calabaza y zanahoria, su tabla de quesos con algunas excelentes variedades locales y, por supuesto, su bacalao, que aquí acompañan de una buena ración de verduras y setas.

Por supuesto, casi todo de origen orgánico, porque el cuidado por la salud es casi una obsesión para los habitantes de la ciudad, igual que ocurre en el resto del país. Quizá esta sea la forma de compensar el hecho de que tanto Stavanger como Noruega vivan, fundamentalmente, del petróleo.

Exquisita delicadeza en las propuestas de Sabi Omakase.

Exquisita delicadeza en las propuestas de Sabi Omakase.