Rincones de Tailandia que están fuera del radar turístico

La cultura budista impregna la vida cotidiana de Tailandia. Foto: JP Chuet.

Rincones de Tailandia que están fuera del radar turístico

Las provincias al este de Tailandia cuentan con playas impactantes, selvas, cascadas, pueblos de pescadores y otros atractivos para descubrir

Juan Pedro Chuet-Missé

Barcelona

24/08/2019 - 18:30h

Al este de Bangkok, sobre el Golfo de Siam, se encuentran dos de las provincias menos visitadas por el turismo en Tailandia. Sin embargo estas regiones presentan interesantes atractivos para descubrir, como playas de gran belleza, plantaciones de frutas de todos los colores, yacimientos donde uno puede llevarse una piedra preciosa de recuerdo y pueblos de pescadores.

Rayong, a 180 kilómetros de Bangkok; y Chantaburi, a 245 kilómetros, permiten conocer una cara de Tailandia fuera de los torrentes turísticos.

Playas de postal

Menos desarrollados que sitios como Pattaya y los resorts del sur, estas provincias al este tiene playas que compiten en belleza, aunque por suerte con una menor presencia de bañistas.

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Hat Laem Charoen, Hat Saeng Chan y Hat Mae Ramphueng son algunos de los parajes costeros más recomendados, aunque si se quiere algo más aislado se puede alquilar alguna excursión en barco y buscar calas o islas desiertas.

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Atardecer en la playa de Chanthaburi. Foto: JP Chuet.

Los turistas occidentales suelen elegir hoteles con piscina y salida directa a la playa, algunos de muy buena calidad como el Sand Dune Resort.

Las playas no tienen tanta presión como las del sur, pero si se buscan arenas sin gente se puede contratar una excursión en barco a las islas deshabitadas de la región

Es una alternativa cómoda, sí, pero que tiene poca integración con la cultura popular. Por ello, más allá de la belleza de sus arenas y aguas, los responsables de turismo de Tailandia promocionan otros atractivos menos conocidos e incentivan que los visitantes tengan una experiencia más participativa.

Frutas y más frutas

En la región, producto de su tierra fértil y sus fuertes lluvias de la estación húmeda, que dura entre mayo y octubre, hay una abundante cosecha de frutas tropicales, muchas desconocidas para el viajero occidental.

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El mangostino es uno de los frutos más deliciosos de la región. Foto: JP Chuet.

Varias granjas, como Suphattra Land o Uncle Thongbai ofrecen visitas guiadas donde se ven cómo crecen el mangostino (¡excelente gusto!), la manzana rosa, el mango, el pomelo, el lanzón, el rambután y el durio, que se extrae de un fruto que puede pesar hasta 15 kilos; y si bien su aroma es algo repulsivo, les garantizo que el sabor es muy recomendado.

Las degustaciones son necesarias para conocer estos nuevos sabores, y en la zona suele haber restaurante especializados solo en frutas.

Pueblos de pescadores

A lo largo de la costa desembocan varios ríos como el Chanthaburi, donde se mantienen las tradiciones centenarias de los pescadores.

Los pueblos de pescadores, con sus grandes puertas siempre abiertas, mantienen las tradiciones de cientos de años de convivencia con el río y el mar

Para saber cómo viven hay pueblos que están detenidos en el tiempo, como el pueblo del estuario del Prasae, con sus casas de puertas abiertas y sus zócalos que impiden que en época de crecidas ingresen alimañas a los hogares.

En la zona hay cultivos de ostras del tamaño de la palma de la mano y una abundante presencia de mariscos que se degustan en los pequeños restaurantes que hay en la vera de los caminos.

Bosques de mangos

Cerca se encuentra el bosque de mangos Thung Prong Thong, que más bien parece un mar vegetal: una pasarela transita a un metro de altura del suelo de barro, donde en épocas secas se ven las raíces que forman una garra. Las cabezas se pierden en el follaje, y esta plantación es una lección de los excesos de la agricultura intensiva.

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Las 300 hectáreas donde ahora se cultivan mangos habían sido deforestadas, y al eliminar los árboles autóctonos desapareció la población de peces que se alimentaban de los frutos que caían al agua. Y llegó la crisis a los pescadores.

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El bosque de mangos parece un mar verde. Foto: JP Chuet.

Un programa impulsado por la corona tailandesa plantó 99.999 árboles de mango para reactivar la economía local. El número no es casualidad: el 9 es el número de la suerte para la cultura de este país.

Las gemas escondidas

La provincia de Chanthaburi se encuentra en una región rica en piedras preciosas. Allí hay empresas familiares como Bo Ploy Petch que mantienen la tradición de excavar a cielo abierto en búsqueda de pequeñas gemas de zafiro azul y amarillo, ónix y rubíes.

En Chanthaburi se invita a los turistas a remover el barro en búsqueda de piedras preciosas. Si encuentra una gema, se la queda

En el lugar invitan a turista a que baje al pozo con el agua hasta las rodillas y sigan el método tradicional de recoger una masa de barro, limpiarlo con agua y filtrar los guijarros en una canasta de bambú.

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Parada de compra y venta de gemas en Chanthaburi. Foto: JP Chuet.

Si encuentra una piedra preciosa, se la queda. Aunque si pasan miles de turistas cada año, las posibilidades de hallar alguna gema son escasas.

En las calles de Chanthaburi en pocas manzanas se concentran los comercios y las paradas de compra y venta de gemas se multiplican como en espejos. Allí concurren joyeros, artesanos y mayoristas del Sudeste Asiático y otros países, incluso de Occidente.

Pero si alguien quiere una gema de recuerdo mejor que no se complique la vida en este lugar, dirigido para expertos, y que conozca el museo local del Centro de Joyas y Gemas de Chanthaburi, que tiene unos 30 locales con anillos, aretes y collares con piedras listos a la venta.

Influencia de la comunidad católica

En el barrio antiguo de esta ciudad hay comercios que venden alimentos típicos y especias, y la ciudad presume de tener el templo católico más grande del país, la Catedral de la Inmaculada Concepción, y que promocionan como un símbolo de la tradicional tolerancia religiosa de la región.

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La belleza de las flores al este de Tailandia. Foto: JP Chuet.

El edificio no tiene grandes atractivos, pero sí llama la atención el manto de la virgen confeccionado con 3.000 piedras preciosas.

Bañarse en cascadas

La frondosa naturaleza de estos parajes de Tailandia también son un reclamo turístico. La zona abunda en cascadas, que en la estación húmeda caen como fuertes torrentes en un paisaje de rocas y árboles.

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Una de las más famosas es la del Parque Nacional de Namtok Phlio, y una de las más seguras para quien quiera sentir la experiencia de nadar en sus aguas dulces a pocos metros de la caída de agua.

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Una de las cascadas de Namtok Phlio. Foto: JP Chuet.

En sus pozas hay cientos, miles de peces que dan pequeños mordiscos en la piel de las personas. No hacen daño, solo unas pequeñas cosquillas, pero dan un toque exótico a la visita.

Gastronomía exótica

La gastronomía de esta región de Tailandia combina la fertilidad de sus tierras (desde el arroz a los frutos tropicales) con la inabarcable variedad de preparaciones de mariscos, moluscos y peces.

Hay restaurante sofisticados y elegantes como el Platoo de Chanthaburi, con un elaborado cuidado de platos vanguardistas; sencillos sitios para comer a la vera de los ríos, y establecimientos sin grandes pretensiones pero con manos maestras en los fogones y con delicadas preparaciones que homenajean a la cocina artesanal.

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La elegante y abundante presentación del restaurante Bannamprik, en Chanthaburi. Foto: JP Chuet.

Este es el caso de Bannamprik, en el centro de Chanthaburi, donde se sirven platillos como pétalos de lotus con pescado, trozos de sandía con pescado seco enrollado con vegetales, noodles blancos con diversas salsas (algunas muy picantes, cabe advertir), arroces de colores, y trozos de cangrejo o cerdo rebozados.

El este de Tailandia es conocido por los viajeros asiáticos y autóctonos, pero muchas zonas son desconocidas para el turista occidental. La experiencia de descubrirlas vale la pena.