Tierra adentro: el roadtrip definitivo por el Alentejo

Coge el coche y pon rumbo al Alentejo. Foto: Monsaraz | GettyImages.

Tierra adentro: el roadtrip definitivo por el Alentejo

Évora, Arraiolos, Monsaraz, Estremoz, Marvão y Castelo de Vide son algunas de las paradas indispensables en el camino hacia el interior alentejano

Mar Nuevo

Madrid

31/08/2019 - 13:00h

Cada vez más conocido -y eso pese a las reticencias habituales e incompresibles de mirar hacia nuestro vecino portugués-, el Alentejo es sinónimo de playas salvajes e impactantes puestas de sol, alojamientos chic, restaurantes de moda y actividades acuáticas. Y, efectivamente, esta vasta región es eso. Pero también es mucho más.

Si nos alejamos de la costa y conducimos hacia el interior encontraremos un destino totalmente diferente: un lugar plagado de pequeñas ciudades de herencia romana, castillos medievales, imponentes murallas, artesanía multicolor y hasta una localidad hecha de mármol.

El viaje nos llevará a hermosas ciudades como Évora, Arraiolos, Monsaraz, Estremoz, Marvão y Castelo de Vide

Évora, Arraiolos, Monsaraz, Estremoz, Marvão y Castelo de Vide son algunas de las paradas en uno de los roadtrip más apasionantes de la península.

Plaza del Giraldo, Évora. Foto: Turismo del Alentejo.
Nada como la plaza del Giraldo para tomar el pulso a Évora. Foto: Turismo del Alentejo.

[Para leer más: Troia y Comporta, el paraíso está más cerca de lo que imaginas]

Évora

Comenzamos el recorrido en Évora, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y, sobre todo, ciudad plagada de historia.

Paseando por sus calles estrechas descubriremos infinitos rincones que guardan muchas muestras de su rico patrimonio, entre ellos la famosa capilla de los Huesos, dentro de la iglesia de San Francisco, el templo romano (popularmente atribuido a la diosa Diana) o la catedral, conocida como la Sé, la basílica medieval más grande de Portugal.

En el Alentejo, como en toda Portugal, el café es un arte que podemos degustar en forma de pingado (cortado) o abatanado (solo y doble)

Para tomar el pulso a la ciudad, nada mejor que sentarse en una de las terrazas de la plaza de Giraldo y tomar una cerveza o, menor, un vinho verde. Ubicada en el centro de Évora, merece también la pena deambular entre sus pórticos y admirar la iglesia de Santo Antão.

Después de acercarnos a sus murallas vendrá bien reponer fuerzas con un buen café, como el pingado (cortado) o el abatanado (solo y doble), y ya rozar el cielo si lo acompañamos de un delicioso pasteis de nata.

 

Arraiolos

Seguimos camino y, solo 20 km al norte de Évora, hacemos la siguiente parada, en este caso en la ciudad de Arraiolos.

Formada alrededor de las murallas de su castillo medieval, destaca por su llamativo y colorido interior, con casas encaladas y decoradas con toques azules y tejados de terracota.

Arraiolos es muy conocida por su tradición textil y las bellísimas alfombras de inspiración persa que se hacen de forma artesanal

Sin embargo, por lo que es más conocida es por la confección de alfombras, tradición que hunde sus raíces en el siglo XII. Con marcadas influencias persas, encontraremos alfombras y también tapetes decoradas con motivos abstractos, pero también diseños de azulejos, flores o animales.

Confección de alfombras en Arraiolos. Foto: Turismo del Alentejo.
Confección de alfombras en Arraiolos. Foto: Turismo del Alentejo.

Mientras conocemos cómo se tejen iremos echando el ojo a la elegida, que nos podemos llevar a casa por un precio que oscila entre los 50 y los 2000 euros o incluso más.

Las ruinas de un antiguo castillo medieval ofrecen las mejores panorámicas sobre la ciudad, donde también destaca una impresionante pousada -similar a los Paradores en España- instalada sobre el antiguo Convento dos Lóios.

Puede que Monsaraz, encaramada en lo alto de una colina, sea el pueblo más bonito del Alentejo

Monsaraz

Rodeada de campos y descansando sobre lo alto de la colina, llegamos ahora a una de las localidades más hermosas del Alentejo: Monsaraz.

Coge el coche y pon rumbo al Alentejo. Foto: Monsaraz | GettyImages.
Monsaraz y la presa de Alqueva. Foto: GettyImages.

Un pueblito de calles tranquilas y casas encaladas que tiene como símbolo un castillo del siglo XIV que regala vistas excepcionales sobre la presa de Alqueva y el valle del Guadiana.

Marcado por la cal y la pizarra, Monsaraz ha sabido conservar su esencia, por lo que es perfecto para recorrerla y descubrir la cara más tradicional de Portugal, además de saborear la deliciosa cocina alentejana, con platos tan suculentos como sopas (de la olla, de cazón, de verdolaga, de tomate o de tocino), estofados de cordero y de cerdo y panes exquisitos.

El restaurante del hotel Horta da Moura, en las afueras, es muy recomendable; más en el centro, la Taverna os Templários, es otra excelente opción con buenos platos y una terraza con excelentes vistas.

Monsaraz. Foto: Turismo del Alentejo.
Monsaraz. Foto: Turismo del Alentejo.

Estremoz

Ciudad blanca y noble, no en vano Estremoz es una de las conocidas como ‘ciudades de mármol’ portuguesas. Y es que el mármol que se encuentra en sus alrededores es tanto y de tan buena calidad que incluso los adoquines se hicieron con este material.

Hoy la ciudad se divide en dos núcleos que dejan ver su evolución: por un lado, las casas medievales junto al castillo y, más allá de las murallas, la ciudad moderna.

Pese a su aparente tranquilidad, es un centro de actividad comercial en la zona, donde se puede adquirir cerámica -junto al mármol, la arcilla roja de la región es otro de sus tesoros- y también productos gastronómicos de primer nivel.

Estremoz. Foto: Turismo del Alentejo.
Estremoz. Foto: Turismo del Alentejo.

Marvão

Desviándonos al este, muy próximo de la frontera de España, se encuentra Marvão, una pequeña villa rodeada por unas imponentes murallas.

De laderas accidentadas y con acceso a pie únicamente por el lado este, tuvo un papel fundamental en grandes conflictos militares. En la actualidad es un lugar ideal para desconectar del bullicio y para disfrutar de una panorámica de la Sierra de São Mamede cuando se pone el sol.

En su interior encontramos un hermoso conjunto arquitectónico con calles estrellas donde nos sorprenden, aquí y allá, arcos góticos, ventanas manuelinas, balcones de hierro forjado y todo tipo de encantadores rincones.

Además de lo que ofrece su interior, habrá merecido la pena la visita solo por disfrutar de la magnífica panorámica sobre la región del Alentejo, vistas particularmente impactantes desde la Torre del Homenaje y la Pousada de Santa Maria, que ocupa dos casas antiguas de la aldea y ofrece un remanso de paz para pasar la noche y saborear la gastronomía regional.

Marvao es otra bella localidad amurallada. Foto: Turismo del Alentejo.
Marvão es otra bella localidad amurallada. Foto: Turismo del Alentejo.

Si necesitas alguna excusa más para ir, toma nota: la Fiesta de la Castaña, en noviembre, con más de 30 años de celebración a sus espaldas y magnífica oportunidad de conocer (y comer, claro) los productos más típicos de la región: aceite, vino, mermelada y todo tipo de dulces elaborados con castañas.

Castelo de Vide

Castelo de Vide es un pequeño y encantador pueblo de Alentejo que encontramos muy cerca de Marvão, a unos 20 km.

Popular por su judería, sin duda una de las mejor conservadas del país, donde visitaremos la sinagoga, cuenta también con otros atractivos, como la Capilla de San Roque y la Capilla del Salvador del Mundo, la más antigua de la localidad, recubierta por dentro de paneles de azulejos azules y blancos.

Castelo de Vide. Foto: Turismo del Alentejo.
Castelo de Vide. Foto: Turismo del Alentejo.

El castillo rodeado por las casas blancas se destaca en el paisaje, dominando un territorio de campiña infinita dorado por el sol. Sin embargo, si por algo es especial este pueblo es por la fama de sus aguas con propiedades terapéuticas, con varios balnearios y fuentes como las de la Villa y la de Mealhada. De esta última se cuenta que, quien bebe su agua, vuelve al Castillo de Vide para casarse. Quien avisa no es traidor…