Tras los pasos de Marco Polo: cómo (y por qué) viajar a Tayikistan

Por qué deberías plantearte visitar el destino del techo del mundo. Foto: GettyImages

Tras los pasos de Marco Polo: cómo (y por qué) viajar a Tayikistan

La herencia de la Ruta de la Seda, la belleza de sus mezquitas, la vida de sus mercados y sus impactantes paisajes montañosos ponen en el mapa a Tayikistán

Mar Nuevo

Madrid

05/02/2020 - 13:20h

Hay países, como Francia y España, que baten año tras año récord de visitantes (y este año no es novedad, con 83,7 millones de turistas solo en nuestro país, el séptimo récord consecutivo). Pero hay otras estadísticas, quizás más interesantes para aquellos que huyan de las multitudes y prefieran descubrir tesoros ocultos: es el caso de Tayikistán, que aumentó el último año un 190% el número de llegadas internacionales, convirtiéndose en el destino de más rápido crecimiento turístico.

Según datos de la Organización Mundial del Turismo, esta pequeña república en Asia Central, desgajada de la Unión Soviética tras su disolución, y con apenas 9 millones de habitantes, atrajo 1.250.000 visitantes en 2018 frente a los 431.000 del año anterior. Un auténtico boom que respalda la apuesta de las autoridades, que facilitaron la tramitación de la visa en un ejercicio que designaron el ‘Año del Turismo’.

Tayikistán, la más pequeña de las repúblicas de Asia Central, experimentó un crecimiento del 191,1% en sus llegadas de visitantes extranjeros el último año

Puede que acudan pocas imágenes a nuestra mente si invocamos su nombre. Quizás mesetas y picos montañosos, caravanas de la Ruta de la Seda, animados bazares y mezquitas azules. Si ha conseguido despertar tu curiosidad, encontrarás mucho más que eso en el destino que dejó al mismísimo Marco Polo sin palabras.

[Para leer más: Al corazón de la Ruta de la Seda en un tren con acento español]

Confluencia de culturas

Confluencia de Asia Oriental y Oriente Medio y, por tanto, crisol de culturas como también lo son otros países de la región, la más pequeña y desconocida de las repúblicas de la zona mezcla elementos de las vecinas China, Rusia, Irán y Afganistán.

Fortaleza de Hulbuk, Tayikistan. Foto Pixabay

Fortaleza de Hulbuk, Tayikistan. Foto: Pixabay.

Particularmente importante es la ascendencia persa de los tayikos que se manifiesta, según ellos, en la hospitalidad, que llevan por bandera, así como en la importancia de los lazos familiares.

Habitada desde el Neolítico y la Edad del Bronce, ha sido hogar de todo tipo de religiones y culturas, incluyendo la civilización Oxus, la cultura de Andrónovo, el budismo, el cristianismo nestoriano, el zoroastrismo y el maniqueísmo, así como imperios que van desde el aqueménida al sasánida, los heftalitas, los samánidas, el Imperio mongol, dinastía timúrida y el Imperio ruso.

Dusambé

Su geografía ha marcado siempre su historia y la forma de sus asentamientos. Y es que el 90% de su territorio es una meseta, con algunos de los paisajes escarpados más impactantes del mundo. Más del 50% del país está por encima de los 3.000 m sobre el nivel del mar, con zonas como el sistema del Pamir, con alturas superiores a los 7.000 m y valles cubiertos de glaciares, además de un 2% de todo el territorio cubierto de lagos, como los de Kayrakum, Iskanderkul, Kulikalon, Nurek, Karakul, Saer, Shadau y Zorkul, algunos de increíbles tonalidades de azul.

La ruta comienza por la capital, Dusambé, que cuenta con el único aeropuerto internacional.

Situada en el oeste del país y a orillas del río Varzob, entre sus atracciones se cuentan la Mezquita Central, la más grande de Asia Central e inaugurada en 2019, y el Museo Nacional de Antigüedades, con colecciones de arqueología que recrean las muchas culturas que han pasado por el país.

Parque Rudaki, en Dusanbé. Foto Getty Images 500314796

Parque Rudaki, en Dusanbé. Foto: Getty Images.

Flanqueada por montañas, hay que pasear por sus amplias avenidas, con árboles y edificios de estilo neoclásico en color pastel, así como grandes parques públicos como los de Rudaki y Sharshara, punto de encuentro de los locales al atardecer.

A poco más de 30 km de distancia merece la pena acercarse a Hisor, un importante área arqueológica de 86 hectáreas con fortalezas, mezquitas, mausoleos y madrassas (escuelas medievales) de diferentes épocas.

Sarazm

También al oeste del país, próximo a la frontera uzbeka, encontramos Sarazm, catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trata de los restos de un imperio que floreció hace unos 5.500 años y que se considera uno de los asentamientos humanos más antiguos de Asia Central. Su propio nombre significa “el comienzo de la tierra” y, además de atestiguar la cría de ganado e incipientes formas de agricultura, es exponente de la existencia de intercambios materiales, culturales y comerciales entre las estepas de Asia Central, Turkemistán e Irán.

Allí se encontró el esqueleto de una mujer intacto y totalmente cubierto de joyas que hoy se expone en el museo de arqueología de Dusambé, pero también las ruinas de la fortaleza de Sogdian con frescos, esculturas talladas de Shiva y altares dedicados a los dioses zoroastrianos, en un complejo con 1.700 años de antigüedad.

Restos arqueológicos de Sarazm. Foto Ainura Tentieva Unesco

Restos arqueológicos de Sarazm. Foto Ainura Tentieva Unesco

La zona está junto a una ciudad bastante más moderna, Panjakent, un buen lugar para descubrir la intensa vida que se mueve en torno a los bazares y mercados.

Montañas de Fan y Pamir

Al noroeste del país nos esperan las montañas de Fan y los siete lagos como se denominan los lagos Maruzor, auténticas joyas de color turquesa que salpican valles montañosos. Desde Panjakent se pueden realizar excursiones que deben incluir rutas de senderismo que nos permitirán acercarnos lo máximo posible a puntos como el lago Hazorchashma, a 2.400 m de altura.

Por supuesto hay que dedicar varios días a recorrer las montañas de Pamir que pueden explorarse siguiendo la carretera del mismo nombre, una de las más altas del mundo (alcanza alturas de 4.570 m). Conecta los escarpados valles de la provincia de Badajshán con la ciudad de Murgab. De camino, se ven lagos como el Kara-Köl, antiguos enterramientos, manantiales termales y campamentos de yurtas, además de algunos de los más hermosos paisajes de montaña del mundo.

Los siete lagos. Tajikistan. Foto Pixabay

Los siete lagos y las montañas Pamir son un auténtico espectáculo. Foto: Pixabay.

Tampoco hay que perderse el lado tayiko del valle del Wakhan (al otro lado de Afganistán), repleto de vestigios de la Ruta de la Seda, santuarios y alojamientos regentados por hospitalarias familias tayikas, además de bazares donde encontrar artesanías tradicionales en lana. Las aguas azules del lago Yashikul conforman un espectáculo que no hay que perderse por nada.