Un sorprendente conjunto modernista en el Prepirineo catalán

El estilo de Casa Mauri recuerda a un castillo fortificado. / Foto: Jordi Canals

Un sorprendente conjunto modernista en el Prepirineo catalán

Casa Mauri, en la Pobla del Segur, es uno de los pocos casos donde el modernismo ha dejado su huella en la montaña

Jordi Canals

a4passes

Barcelona

25/12/2016 - 20:56h

Casa Mauri, más que una casa, es un palacete fortificado. Diseñado bajo pautas modernistas, consta de tres edificios: el molino de aceite, la finca principal y la cochera. Este conjunto es de propiedad del municipio de la Pobla del Segur, en la comarca del Pallars Jussá (Cataluña), y la oficina de turismo organiza visitas guiadas.

Todo el conjunto fue edificado por Ramon Mauri i Arnalot, un hijo de este pueblo del Prepirineo que hizo fortuna en Madrid, donde se estableció como constructor y ganó fama (y contratos) con un innovador sistema de edificación de escaleras con bóveda catalana.

Al regresar a La Pobla, edificó un molino de aceite en unos terrenos adquiridos fuera de la villa. A un lado, creó una residencia de verano en un estilo que homenajeaba al románico, con una estética más cercana a un castillo medieval. La residencia cuenta con una planta rectangular y dos torres, coronadas con almenas de formas redondeadas (y una de ellas estaba rematada con una cúpula, hoy desaparecida).

El trencadís aporta una hermosa cuota de color en la Casa Mauri

A pesar de que la casa no presenta las ondulaciones típicas del estilo modernista, toda ella está decorada con vitrales, forja y mosaicos; estos últimos obra de Lluís Bru, quienes también fue autor de los mosaicos del Palau de la Música Catalana y del Hospital de Sant Pau, en Barcelona.

El trencadís decora ventanas, cornisas y almenas con motivos animales, vegetales, religiosos y catalanistas. Aquí se destacan los motivos con las iniciales del propietario y se repite la figura de un ave de papel. La casa quedó terminada en 1907.

El molino de aceite se inauguró dos años antes, y su aspecto recuerda a una iglesia románica, mientras que la fachada está presidida por una escultura de Sant Josep, obra de Josep Llimona. El edificio tiene dos plantas: en la inferior se encuentran los habitáculos que servían como almacén y, al fondo, un pequeño montacargas para subir las olivas al piso superior. Aquí cabe destacar un detalle importante: al contrario que otros molinos, este se encontraba en la planta superior. ¿Y por qué? Pues porque fue uno de los primeros en funcionar con energía eléctrica, por lo que no necesitaba montarse en la vera de un curso de agua.

El último de los edificios que se conserva es el antiguo garaje, ahora reconvertido en la oficina de turismo. Todo el conjunto estaba rodeado por un jardín limitado por un vallado de hierro forjado, que se ha conservado en varios tramos. En este predio se encuentra una gran fuente decorada con trencadís, y algunas columnas que sustentan las farolas fueron decoradas con guijarros de río.

Un bonito conjunto para descubrir, y de paso, aprovechar el viaje en tren desde Lleida.