Véloscénie: el viaje más apasionante entre París y Monte Saint-Michel

Una manera épica de alcanzar Saint-Michel. Foto: Pixabay

Véloscénie: el viaje más apasionante entre París y Monte Saint-Michel

Una bicicleta, una ruta de 450 km, cuatro regiones y ocho departamentos conforman una de las aventuras más emocionantes de Francia

Mar Nuevo

Madrid

11/09/2019 - 15:08h

De la explanada de Notre-Dame en París hasta el mismo Monte Saint-Michel. ¿Te imaginas unir dos de las joyas francesas en una cicloruta que permite conocer cinco lugares Patrimonio de la Humanidad de la Unesco a través de cuatro regiones y ocho departamentos? Si la respuesta es sí, Véloscénie es para ti.

Incluido en el programa France à vélo -Francia en bicicleta-, la cicloruta alterna vías verdes y caminos cerrados al tráfico a lo largo de un total de 450 km en los que atravesaremos ríos y parques naturales, jardines palaciegos y castillos, abadías y catedrales góticas, con paradas en Versalles, Chartres o Alençon, y siempre desde la perspectiva diferente que nos ofrece la bicicleta.

La explanada de la catedral de Notre-Dame, km 0 de todas las carreteras francesas, es también el punto de partida de esta ruta en bicicleta

[Para leer más: Cuatro vías verdes para disfrutar de la naturaleza sobre dos ruedas]

Notre-Dame de París: km 0

La explanada de Notre-Dame se considera el km 0 de todas las carreteras de Francia y lo es también de nuestra ciclorruta. Imponente, grandioso… los adjetivos se quedan cortos para definir el punto de partida de Véloscénie, tanto en su dimensión arquitectónica como en la espiritual y simbólica.

Explanada Notre Dame. Foto: Pedro Lastra | Unsplash.
La ruta parte de la explanada de Notre Dame. Foto: Pedro Lastra | Unsplash.

Con 850 años de vida, la catedral ha inspirado a ciudadanos, viajeros y artistas, llegando a dar lugar a obras tan célebres como la novela ‘Nuestra señora de París’ de Victor Hugo.

Antes de comenzar a pedalear podemos aprovechar para admirar una vez más este fabuloso edificio, Patrimonio Mundial de la Unesco -que temporalmente y tras el incendio del 15 de abril no se puede visitar) y desde allí, recorrer las riberas del Sena.

Castillo de Versalles

El castillo de Versalles y sus jardines son otra de las paradas ineludibles de esta ruta. Con orígenes que se remontan al siglo XVII, cuando se creó el primer pabellón de caza para Luis XIII en 1623, se convirtió en 1682 en hogar de la corte francesa tras realizar ingentes obras de ampliación y embellecimiento.

Convertido en museo en el siglo XIX e incluido en el listado de Patrimonio Mundial de la Unesco en 1979, su conjunto de parques y jardines, además de los castillos de Trianon, suman 800 hectáreas.

Véloscénie recorrido.
Véloscénie recorrido.

Catedral de Chartres

Construida en el siglo XIII, la impresionante Notre-Dame de Chartres, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde hace 40 años, es la gran referencia de la ciudad, ejemplo de arquitectura gótica y con elementos tan destacados como sus vidrieras y la cripta.

Los espectáculos nocturnos 'Chartres en lumières' dan vida a las paredes del monumento gracias a espectaculares proyecciones y también se iluminan plazas, iglesias y casas.

Como ejemplo de art brut, merece la pena acercarse a la casa construida por Raymond Isidore, apodado Picassiette, cubierta con los coloridos mosaicos que diseñó.

Espectáculo de luz y soniodo en la catedral de Chartres. Foto: Turismo de Chartres.
Espectáculo de luz y soniodo en la catedral de Chartres. Foto: Turismo de Chartres.

Alençon

Otro patrimonio de la Unesco, en este caso inmaterial, lo encontramos en Alençon, en Normandía, y no es otro que su encaje de aguja, una especialidad ancestral y extremadamente sofisticada que requiere horas y horas de trabajo de experimentadas encajeras.

Para descubrir este arte y algunas de sus representaciones más exquisitas hay que ir al Museo de Bellas Artes y del Encaje. El recorrido por el municipio debe incluir también paradas en la prefectura (antiguo palacete de Guise, construido en un puro estilo Luis XIII), el ayuntamiento, la iglesia de Notre-Dame, la Casa de Ozé y el castillo de los Duques.

Castillos y palacios

El castillo de Rambouillet, construido a partir de 1374 en el corazón del bosque, fue el germen del que finalmente Luix XVI convirtió en residencia y que, desde la década de 1940, fue sede de importantes reuniones internacionales. Jruschov, Gerald Ford, Gorbatchev, Mandela e incluso Gadafi fueron recibidos por presidentes franceses.

Maintenon. Foto: Pixabay.
El acueducto inacabado de Maintenon que debía surtir de agua a Versalles. Foto: Pixabay.

El castillo de Maintenon y su acueducto inacabado que debía surtir de agua ; el castillo Saint-Jean con su impresionante torre medieval de 30 m de altura y murallas con siete torres; o el castillo de Carrouges, donde se puede visitar la habitación donde el rey Luis XI pasó una noche, son otros de los magníficos complejos que se pueden visitar en esta ruta.

Spa Bagnoles de l’Orne

Se decía que las fuentes cálidas de Banoles de l’Orne rejuvenecían a quienes las bebían y una historia cuenta incluso cómo un anciano monje tomó un sorbo y, de repente, pudo saltar sobre las grandes rocas en el bosque de Les Andaines.

Aunque los beneficios de sus manantiales se reconocieron hace mucho tiempo, se hicieron realmente famosos a partir del siglo XIX, cuando se construyeron los baños y las villas de estilo belle epoque.

Monte Saint MIchel. Foto: Tommaso Cantelli | Unsplash.
La vista de Monte Saint MIchel es el premio final tras una ruta de 450 km en bici. Foto: Tommaso Cantelli | Unsplash.

El Monte Saint-Michel 

Al final del camino de la Véloscénie nos espera la recompensa que hará olvidar agujetas o calambres que hayamos podido sentir pedaleando en todas las etapas anteriores.

Con su imponente silueta, el Monte Saint-Michel fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 1979 y forma parte de rutas tan transitadas como el Camino de Santiago en Francia.

Más allá de títulos, este tesoro arquitectónico y cultural se concentra en torno a su abadía y una bahía única en el mundo sometida a los caprichos de las mareas, que dibuja su particular forma cada día y en cada momento.