Viajar a sorbos: tres ciudades para enamorarse de La Champagne

Viaje a los orígenes del champagne. Foto Taissy Air Tonic.

Viajar a sorbos: tres ciudades para enamorarse de La Champagne

Al noroeste de París, recorremos Reims, Épernay y Châlons-en-Champagne para descubrir la cuna de una bebida que es, también, un estilo de vida en sí misma

Mar Nuevo

Madrid

01/04/2019 - 14:07h

Además de cuna de la bebida francesa por excelencia, La Champagne es una exquisita región plagada de historia, cultura, naturaleza y gastronomía. Entre los más deseados paisajes de viñedos nos esperan también chispeantes urbes que, como Reims, Châlons-en-Champagne y Épernay, aún tienen muchos tesoros por descubrir.

Porque hay vida en Semana Santa más allá de las abarrotadas procesiones, las playas y las estaciones de esquí, aquí va una propuesta que no renuncia al glamour embotellado más famoso del mundo.

Los más gourmet deben recorrer el barrio Boulingrin de Reims, donde se concentran las mejores tiendas de la ciudad y donde comprar especialidades como los quesos Chaource y el de corteza naranja, o el jamón de Reims, cocido y con hierbas provenzales

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Reims

Presidida por la majestuosa Catedral de Notre-Dame de Reims, obra maestra del arte gótico y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1991, Reims es conocida como la ‘ciudad de los reyes’ ya que allí se coronaron nada menos que 33, el último de ellos en 1825.

Catedral de Reims. Foto www.mkb.photos Coll. ADT Marne.
Catedral de Reims. Foto www.mkb.photos Coll. ADT Marne.

Además de admirar su catedral –también por la noche, cuando se proyecta sobre su fachada un impresionante espectáculo de luces-, debemos visitar la Biblioteca Carnegie, que destaca por su arquitectura art déco y que atesora una impresionante colección de manuscritos antiguos.

Los más gourmet deben recorrer el barrio Boulingrin, donde se concentran las mejores tiendas de la ciudad y donde comprar especialidades como los quesos Chaource, similar al Camembert, y el de corteza naranja, o el jamón de Reims (cocido y con hierbas provenzales).

No hay que dejar de probar los biscuits roses de Maison Fossier, deliciosas galletas rosas están aromatizadas con vainilla que se elaboran desde 1756 y de las que se dice que potencian su sabor mojándolas en una copa de champagne

No hay que dejar de probar los biscuits roses de Maison Fossier, deliciosas galletas rosas están aromatizadas con vainilla que se elaboran desde 1756 y de las que se dice que potencian su sabor mojándolas en una copa de champagne.

Tampoco podemos marcharnos de Reims sin parar en el Café du Palais, un singular bistró fundado en 1930 con delicado techo de estilo art déco firmado por Jacques Simon, ni en Trésors de Champagne, uno de los mejores locales para caer rendidos al champagne.

Café du Palais, Reims.
Café du Palais, Reims.

Entre los templos dedicados a esta singular bebida, se encuentran Maison Taittinger, con sus bodegas de más de 4 km y que se asienta sobre una antigua abadía del siglo XII, y Roger Coulon, una bodega familiar que ha visto desfilar a ocho generaciones sin perder ni un ápice de calidad.  

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Châlons-en-Champagne

Plagada de referencias patrimoniales de gran valor, como la Catedral de San Esteban, clasificada como Monumento Histórico de Francia, y la Colegiata de Notre-Dame-en-Vaux, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, la ciudad ofrece más de una sorpresa, como la que esconde su pulmón natural en pleno centro de la ciudad.

Épernay se asienta sobre más de cien km de bodegas y galerías subterráneas en las que reposan más de 200 millones de botellas

Se trata del Jard, un parque compuesto por 3 acogedores jardines: el Petit Jard, el Grand Jard y el Jard Inglés, y que logra rivalizar en belleza con el célebre espectáculo de sonidos y luces a lo largo de un recorrido en barco que atraviesa el corazón de esta ciudad: Métamorph'eau'ses.

Metamorpheauses, Châlons en Champagne. Foto Manquillet Coll.
Metamorpheauses, Châlons en Champagne. Foto C. Manquillet-Coll. ADT Marne.

Épernay

Pero la verdadera capital del champagne no es otra que Épernay. Enmarcada por su espléndida Avenue de Champagne, concentra algunas de las más reconocidas maisons, como Moët et Chandon, Comtesse Lafond, Mercier, Pol Roger o Boizel.

La localidad se asienta sobre más de cien km de bodegas y galerías subterráneas en las que reposan más de 200 millones de botellas.

Muy curiosas son las anécdotas históricas que vinculan Épernay con todo tipo de personajes, desde Richard Wagner –se dice que aquí compuso la ópera Tristán e Isolda- a Winston Churchill, pasando por Napoléon, del que se cuenta que fue uno de los primeros clientes de Moët & Chandon; tanto, que le dedicó su Moët Imperial.

En los alrededores de Épernay debemos visitar Hautvillers, uel encantador pueblo donde vivió Dom Pérignon, el monje benedictino que inventó el método de elaboración del champagne

Pero en Épernay también hay otras actividades como descubrir la ciudad a vista de pájaro con uno globo aerostático a 150 metros de altura o visitar la Iglesia Saint-Pierre-Saint-Paul, de 1897.

La Champagne. Foto MustangJoe | Pixabay.
La Champagne. Foto MustangJoe | Pixabay.

Rodeada de viñedos y del río Marne, su entorno natural también es un importante atractivo turístico aunque en los alrededores la visita que no podemos dejar pasar es la de Hautvillers, un encantador pueblo donde vivió Dom Pérignon, el monje benedictino que inventó el método de elaboración del champagne.

Además de un alma vitícola impregnada en prácticamente todos sus rincones, la localidad presume también de contar con 35.000 hectáreas de viñedos donde realizar todo tipo de experiencias, desde paseos hasta deliciosos picnics entre viñas.