Vivir Trinidad a sorbos de ron y ritmo de salsa

Sabores, olores y ritmos hacen vibrar cada rincón de Trinidad, como en la Bodeguita, muy frecuentada por Hemingway. Foto Manena Munar.

Vivir Trinidad a sorbos de ron y ritmo de salsa

Trinidad es la ciudad de moda en Cuba: anclada no en un momento sino en un modo de vivir, respira aromas de piña, habanos y ron, y late al ritmo del son

Manena Munar

Madrid

23/03/2019 - 18:55h

La ciudad trendy y uno de los mejores lugares para descubrir Cuba es, sin duda, Trinidad. Entre sus calles por las que aún circulan coches vintage se suceden mansiones coloniales, tabernas populares, artesanos del lino, la cerámica y el crochet, aromas de piña y de habanos, y tragos de ron que nos seducen al ritmo del son cubano. Sin parar nunca de bailar.

Establecida en 1514 por el ‘adelantado’ Diego Velázquez de Cuellar, Trinidad fue la tercera villa fundada en Cuba por los españoles y tuvo su importancia como enclave de paso para el transporte del oro y por su Valle de los Ingenios donde se situaban importantes haciendas azucareras, algunas de las cuales aún siguen poblando el valle.

La importancia histórica de su arquitectura llevó a Trinidad a entrar en el patrimonio de la Unesco en 1988

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Testimonio de otras eras cubanas es el conjunto arquitectónico del Ingenio Manaca-Iznaga, donde es más que aconsejable ir a comer entre mecedoras de rejilla, cuadros con motivos de la hacienda y bailes tradicionales, al amparo de la Torre Vigía de 45 m de altura, ‘el ojo que todo lo ve’ construida precisamente para la vigilancia y curiosamente apodada ‘torre de Pisa de Cuba’.

Sabores, olores y ritmos hacen vibrar cada rincón de Trinidad. Foto Greg Montani Pixabay.
Arquitectura colonial y colores vibrantes en Trinidad. Foto Greg Montani | Pixabay.

No en vano, la importancia histórica de su arquitectura llevó a Trinidad a entrar en el patrimonio de la Unesco en 1988 (y la situó entre los mejores destinos que hay que conocer en Cuba).

Qué ver en Trinidad

Es una delicia perderse por sus calles, escuchando aún el bamboleo de los carros o el galopar de algún caballo, observar sus coches antiguos, ‘los almendrones’, que le dan un cariz entrañable a la ciudad, probar sus platos típicos en tabernas populares o en restaurantes con sabor centenario, como es el caso de Casa Sol Ananda, donde Lázaro Morgado ofrece una carta con lo mejorcito de la cocina criolla y la nouvelle cuisine.

Los museos de la ciudad se alzan en antiguas mansiones coloniales, como el Museo Historico Municipal en lo que fue el Palacio de los Borrell, el Museo de Arquitectura en la Casa Solariega de Sánchez Iznaga o el Museo Romántico, que aún guarda las pertenencias de la familia del Conde de Brunet

Impresicindibles los museos de la ciudad, que se alzan en antiguas mansiones coloniales de familias españolas. El Museo Historico Municipal en lo que fue el Palacio de los Borrell, el Museo de Arquitectura en la Casa Solariega de Sánchez Iznaga o el Museo Romántico, que aún guarda las pertenencias de la familia del Conde de Brunet.

Para verlos desde arriba, nada como subir a la torre del Palacio Cantero que abarca una espectacular panorámica de la ciudad.

Trinidad está plagado de rincones con encanto. Foto Manena Munar.
Trinidad está plagado de rincones con encanto. Foto Manena Munar.

Al caer la tarde, el mejor plan pasa por picar las tapas de Taberna La Botija, con música en vivo y estupendos cócteles, para después ir a bailar salsa a en La Casa de la Música, punto neurálgico de Trinidad. En su legendaria escalinata se reúnen, a partir de las 7 de la tarde, todos aquellos que se proponen disfrutar de la noche.

La Casa de la Música es uno de los puntos neurálgicos de Trinidad, auténtico hervidero cada día a partir de las 7 de la tarde

Llega la hora de la cena con variadas opciones: buen pescado y carne en El Paladar de San José, o la langosta de Cuba y ron oscuro del Restaurante Plaza Mayor.  Y, después, tomar otro par de exóticos brebajes en la taberna La Canchánchara al son de La Vieja Trova para coronar la noche escuchando la música más moderna -sin dejar nunca de bailar- en una discoteca que se esconde dentro en una cueva, como es Disco Ayala.

Soñar cómodamente

Dormir en Casa Smith del s. XVIII  es soñar con la Cuba de antaño en una casa colonial llena de recuerdos y leyendas.

Los coches clásicos forman parte del decorado habitual de Trinidad. Foto Manena Munar.
Los coches clásicos ('almendrones') forman parte del decorado habitual de Trinidad. Foto Manena Munar.

La Cuba de antes y la de ahora se encuentra en el cinco estrellas solo para adultos Iberostar Grand Trinidad, mientras que, para sentirse en casa, charlar con los dueños y vivir la cotidianeidad de Trinidad, merece la pena pasar por el Hostal Bianca o Casa Rogelio Inchauspi Bastida, de arquitectura típica y que hoy ocupa lo que fue la primera farmacia de la ciudad.

De historia, artesanía y habanos

La mañana siguiente, y tras dar un paseo por el casco histórico que tiene más de mil inmuebles de valor patrimonial, desde la Plaza Mayor rodeada de preciosa vegetación a la Plazuela de las tres Palmitas, pasando por el convento de San Francisco de Asís y la iglesia de la Santísima Trinidad, hay que dedicar un par de horas a las compras de los artesanales y variados productos de la ciudad.

Cerámica, lino, crochet y artesanía se encuentran en La Casa del Alfarero y la tienda de Amelia Peláez al lado de la Plaza Mayor.

Ineludibles el Mercado Local para encontrar la piña más sabrosa, el mango más dulce y otros deliciosos aromas de Cuba, así como la Casa del Habano, hogar del Cohiba, Montecristo y de Romeo y Julieta.

Trinidad. Foto Manena Munar.
Trinidad es un estilo de vida propio. Foto Manena Munar.

Sin parar nunca de bailar

Callejeando por la seductora Trinidad es fácil encontrarse con conjuntos de son cubano e incluso de bailes y alegorías a la época colonial. El grupo Bánlame de la región de Sancti Spíritus ofrece, en La Casa de la Música, un espectáculo de esa rumba cubana que tuvo sus orígenes en la esclavitud, cuando se alzaban al sonido de un tambor y danzaban contoneándose, revolviéndose, como si estuvieran poseídos por los orishas (emisarios divinos) de sus antepasados.

El ritmo y la complicidad entre el grupo Bánlame y el público va in crescendo cuando uno de los bailarines traga fuego echando el humo por la boca y otros hipnotizan a un espectador vendándole los ojos y rodeándole por una serpiente, mientras beben un vaso y otro de canchánchara, bebida de jugo de caña, naranja agria y azúcar con carácter mágico-religioso. Mientras, en la otra esquina, un hombre con sombrero de paja asa pacientemente un chancho dándole vueltas hasta tostarlo al completo.

Casa de la Cerveza. Foto Manena Munar.
Casa de la Cerveza. Foto Manena Munar.

Tampoco podemos perdernos el aperitivo en la Casa de la Cerveza con la música latiendo a todo ritmo, entre jarras de cerveza Cristal y Bucanero.  

No está de más dar una vuelta por la parte menos turística de la ciudad en el barrio de Las Tres Cruces para observar la cotidianeidad de Trinidad, entre sus coloridas y modestas calles donde no se deja de escuchar alguna balada, de bailar ni de ver a los niños jugando hasta el anochecer, mientras sus mayores echan en la calle una partida de cartas o ajedrez.

Excrusiones en los alrededores de Trinidad

Apenas a 15 km de Trinidad es totalmente obligatoria la excursión a Topes de Collantes, en la Sierra de Escambray, situada entre las provincias centrales de Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos.

Un vergel selvático de montañas, ríos, valles y cuevas. La excursión suele hacerse a 'lomos' de viejos camiones rusos. La gran cantidad de especies endémicas, sus saltos y cascadas y un microclima ideal para el florecimiento de la vegetación le han convertido en una de las mayores zonas naturales protegidas de Cuba.

Excursión alrededores de Trinidad. Foto Manena Munar.
Excursión a Torpes de Collantes, en los alrededores de Trinidad. Foto Manena Munar.

En la misma sierra merecen parada y visita el Museo del Café donde se recrea su cultivo, tostado y degustación y a La Casona, de estilo art decó convertida en Museo de Arte Cubano en 2002, que atesora una interesante colección de pinturas de artistas vanguardista de los años 80 que estaban diseminadas por las instalaciones del Complejo Gaviota Topes.     

Entre las 69 obras plásticas, 58 pinturas, tres estampas y ocho esculturas se puede encontrar el sello de artistas de la talla de Nelson Domínguez, Alicia Leal, Pedro Pablo Oliva, Ernesto García Peña, Flora Fong, Adigio Benítez, Ever Fonseca y Raúl Santos Zerpa que comparten espacio en el magnífico marco de la mansión.